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En la recta final para las elecciones

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Por Luis SILVA GARCÍA

CHIHUAHUA CHIH.- Transitamos ya de lleno en la recta final de un proceso electoral con características nunca antes vividas, y que, aunque no es elección de Presidente de la República, ni de todos los gobernadores del país, si será una clara medición de cómo califican los gobernados a su actual gobierno.

El 6 de junio van a salir a la luz los premios y castigos, y si los que detentan el poder se han portado mal, pues van a ser más castigos que premios, porque el voto del ciudadano es una de las poquísimas armas con que en México se cuenta para expresar lo que se cree.

Un elemento importante es la pandemia generada por el Covid-19, porque habrán de practicarse medidas especiales para evitar los contagios en las casillas, lo que se antoja más que adecuado, pero también el cambio de procedimientos puede aprovecharse para manejos a favor de alguna tendencia, beneficiándose de la ignorancia o la falta de información que generalmente padecen masas de votantes.

Tenemos un amargo recuerdo de todo tipo de prácticas que se han realizado en las elecciones para llegar a obtener de manera fraudulenta un triunfo, y no vaya a ser que ahora, con los ajustes para evitar contagios, manejo diferente de la revisión de los datos de la credencial de elector, quitar cortinillas de privacidad para que no se toquen, filtros en la entrada, etc., algunos pretendan buscar ventaja de la necesidad de cuidados.

Hay que estar muy pendientes porque hasta los encargados del gel y medir la temperatura van a tener el “poder” de dejar entrar a alguien, o no dejar entrar a alguien, a las casillas, y entonces veremos si es maduro y adecuado el comportamiento de los encargados, o ¿quién designará a estos encargados? No está sencillo el operativo.

Otro ingrediente en la actualidad es la creciente violencia contra los actores, candidatos y operadores de las campañas electorales. Este asunto si es espeluznante en vedad, pues los atentados y amenazas en estas elecciones, en todo el país, ya suman más de 70 muertos y más de 400 ataques.

La conclusión es de verdad triste: ha crecido tanto el crimen organizado que ya muchos grupos delincuenciales se sienten con derecho de controlar a las autoridades y la aplicación de la ley y la justicia en sus zonas de influencia. Y están tratando de demostrar su fuerza.

El análisis que no debemos pasar por alto es el de cómo es que México ha llegado a esta situación, y habremos de remontarnos por lo menos a los tiempos de Salinas de Gortari, cuando el esquema de manejo de droga pasó, de un relativo control del traslado, a una pugna directa por el mando, con el consecuente incremento de homicidios y de consumo más amplio de enervantes entre la población.

Desde ahí han venido posicionándose grupos regionales que luchan entre ellos, luego unos son más poderosos y notorios que otros, luego cambian, pero durante las últimas décadas el daño a la sociedad se manifiesta no solo en vidas humanas perdidas, sino en una gravísima desviación de conductas y valores en las familias. Con ignorancia, con pobreza en millones de mexicanos, el crimen organizado tiene un campo adecuado para sus intereses.

Otra realidad que es telón de fondo de la política nacional, y por tanto del proceso electoral, es la decepcionante realidad de un Presidente de la República que logró el voto de 30 millones de mexicanos, pero que solo a sus amigos y allegados está beneficiando. Más de lo mismo, como siempre.

Si revisamos la carrera de AMLO, desde que era un joven priísta, que militaba con su “padrino político” Carlos Madrazo y al lado del hijo de éste, Roberto Madrazo Pintado, siempre se hizo notar por una desmedida ambición por la imposición, además de figurar como líder y pastor de comunidades religiosas cristianas, no católicas.

Cuando Carlos Madrazo murió en un accidente de aviación en 1969, AMLO y Roberto Madrazo pelearon la “herencia” política en Tabasco. Esa partida la ganó Madrazo y entonces López Obrador se fue haciendo hacia la oposición y luego a la izquierda popular, pero siempre con su figura de líder mesiánico y absolutista.

Es decir, desde hace muchos años el ahora Presidente está convencido que la deidad lo eligió para salvar al universo, por los tanto se considera el depositario absoluto de la verdad, y quienes estén contra él son “los malos”, y por eso mismo justifica cualquier acción en su conducta, sea inadecuada, mentirosa o hasta ilegal.

En la actual coyuntura electoral, AMLO y su partido MORENA, están concentrados en hacer mucho ruido, aunque haya pocas nueces: quieren desmentir los hechos y datos duros repitiendo muchas veces la mentira hasta que parezca verdad.

De los 30 millones de votos que juntaron en 2018, ya veremos cuantos logran conservar en 2021, pues muchos de esos votos fueron de la desesperanza que generaron sus antecesores en el poder.

La realidad es que ahora situación es peor que nunca en México, los indicadores de crecimiento, desarrollo, educación, alimentación, inversión, salud, productividad, todos se han ido hasta el suelo, mientras que los de pobreza e inflación andan por las nubes.

Ante la inobjetable realidad de que México anda muy mal, el argumento oficial es para dar risa: Que todo está mal por culpa del PRIAN y que los que critican lo hacen porque perdieron beneficios de la corrupción que había.

La corrupción en nuestro país no ha menguado en 20 años, es más, se ha incrementado, de acuerdo a los organismos internacionales que se dedican a medir en todo el mundo. Ah, pero AMLO argumenta que dichos organismos también siguen el juego al PRIAN. La vedad es que mostraba argumentos más serios el Chapulín Colorado.

Los ciudadanos debemos revisar con objetividad y serenidad los elementos que giran en torno a la realidad de nuestro país, para razonar el voto y utilizar esta arma que mencioné al principio como de las pocas que hay hoy en México para expresarse.