Por Carlos GALLEGOS PÉREZ
DELICIAS CHIH.- El cine experimental, como usted sabe, abarca un abanico de estilos narrativos no convencionales, dirigidos a públicos específicos y minoritarios.
Se desarrolla al margen de la industria y el sistema convencional.
Este tipo de arte tuvo en nuestra región notable auge en la década de los 70s del siglo pasado gracias al talento y afición del rosalense Francisco Javier Urrutia Aguirre, cuya vida terminó el 17 de diciembre de 1976 en un oscuro episodio a la altura de las películas que escribió y dirigió.
La memoria colectiva de Rosales y el centro sur de la entidad guarda su recuerdo y valora su genio plasmado en numerosos cortos y largometrajes filmados en 8 y 16 milímetros en escenarios naturales de Rosales, Delicias, Julimes y Camargo.
Sus actores también eran de aquí
Entre ellos, Chuy López Muñoz, Javier Flores, Manuel Talavera Trejo, quien además aportaba su sapiencia teatrística, además de un simpático y dicharachero herrero al que le decimos Juan el Abusón, y al que sus compañeros de repartos fílmicos le encontraron un leve parecido con Charles Bronson y así se le quedó: el Charles Bronson de Delicias.
Su perenne buen talante le permitió sortear un peligro mortal durante un rodaje.
Víctima de crueles apaches, fue enterrado hasta el cuello en la arena ardiente.
A la voz de ¡corten!, elenco y personal de producción liaron sus bártulos y se fueron.
Allá a las cansadas lo echaron de menos y se devolvieron a buscarlo.
Lo desenterraron todo ampoyado y casi muerto de sed pero vivo, no como hacen Santa Fe.
Su habitual saludo es: “Para, cochero, que la princesa quiere hacer chí”.
Las producciones del cineasta de Rosales eran a base de ingenio, mañas, mucha imaginación y ganas de soñar sus sueños.
En donde quiera encontraba cachivaches y trebejos arrumbados que le servían para simular sets, a cualquier charco de agua lo convertía en caudaloso río, los arenales y álamos del San Pedro los llevaba a la pantalla en forma de desiertos y bosques inhóspitos.
Su rica inventiva lo salvaba frente a los problemas y exigencias propias de la producción cinematográfica.
Las fotos que está viendo, guardadas por la familia Uranga Aguirre, fueron tomadas en 1976, durante la filmación de Rebelión, su última película, rodada en Rosales, Delicias y Julimes, título que como leeremos sería su epitafio.
En una de ellas, entre pavorosas explosiones que salían de palomas de papel periódico rellenas de pólvora, los alzados de la Revolución combaten contra la dictadura porfiriana.
En la otra, Chuy López Muñoz, personificando a un feroz jefe de Acordada, martiriza a uno de los sublevados, encarnado por el pacífico profesor y promotor cultural Javier Flores.
Poco después de que terminó el rodaje falleció el director.
Al recibir la infausta noticia, su mamá casi perdió el habla
Sólo acataba a gritar: Rebelión, rebelión.
Pasajes alegres y tristes de nuestra micro historia ofrecidos a usted para que recuerde y sonría o para que, como en este relato, enjugue una lágrima.


