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Con cariño, para Samuel Silva Díaz “Chiquilín”

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Por Luis SILVA GARCÍA

Cd. Juárez, Chih., 12 de agosto de 2022 – Hace un mes se fue mi Padre: el Señorón Don Samuel Silva Díaz ya está gozando de la presencia de Dios después de vivir prácticamente 92 años de existencia plena y feliz (este 22 de agosto completaba los 92).

Yo aún no me repongo del impacto; creo que nunca me repondré en totalidad; solamente deberemos aprender de los que nos han precedido para ser mejores en el futuro; es lo que nos queda, y es realmente grandioso.

Es momento de rememorar su paso por esta dimensión terrenal, desde que a los tres años de edad fue llevado, junto a su familia, a Cd. Delicias, comunidad fundada en 1933; mi Padre había nacido en Carrizal, una pequeñita población con muchísima historia que está ubicada a 15 kilómetros de Villa Ahumada (por un tiempo esta población llevó el nombre de Félix U. Gómez, general revolucionario que murió ahí en la batalla para contener la expedición punitiva del ejército estadunidense en busca de Pancho Villa).

Mis abuelos paternos y sus hermanos mayores nos indicaron que Don Samuel nació en ese pueblito, aunque su registro quedó asentado en San Buenaventura y con un error en el nombre (aparecía como Filiberto), que hace años se corrigió. No hay seguridad de que este registro tenga datos verídicos y, contemplando las edades de los hermanos de mi Padre, se concluye que es muy posible que su verdadera edad fuera entre tres o cuatro años mayor a lo que se puso en el acta.

El hecho es que a finales de los años 1930s él ya andaba corriendo con sus pies muchas veces descalzos por las polvorientas y a veces lodosas calles de la naciente Cd. Delicias; por esa época se le adjudicó al apodo de “Chiquilín” con el que se le conoció toda la vida. A mi Mamá, Elvira (fallecida en 2004), siempre la escuche referirse y hablarle a él como “Chiqui”, nunca recuerdo que le dijera Samuel.

Una persona alegre, que siempre provocaba la sonrisa de los demás y no tuvo enemigos, es lo que sus compañeros de aquellos años recordaban, especialmente cuando asistieron a la escuela primaria No. 80. Ahí cursó Don Samuel hasta el quinto de primaria, fue esta toda su educación escolar, la cual le bastó no solamente para formarse en valores y como hombre de bien, sino inclusive para tener un gran gusto por la lectura, una excelente ortografía y una infalible habilidad para las matemáticas. Así eran los estudios de entonces.

De esos años, mi Papá recordaba con especial cariño y respeto al maestro Quirino, de quien decía que era muy estricto, pero a la vez entendía y mantenía en orden a “La Palomilla”, como se refería a su grupo de amigos.

Rápido llegó el “Chiquilín” Silva a participar en los equipos de béisbol y para 1948 ya estaba en la novena que patrocinaba Bowersy jugaban en el histórico parque de Beisbol de Delicias, que luego se llamó “Viejo” Orta y más delante alguna autoridad incompetente decidió tirar, y ahí está el terreno baldío hasta la fecha y solamente dejaron a media calle el monumento conmemorativo de cuando, en los años 1960s, el equipo estatal de Chihuahua, con base en jugadores de Delicias, impuso un record de 72 entradas sin recibir carrera en el torneo nacional.

“Chiqui” llegó muy pronto al equipo Algodoneros de Delicias, representante de la tercera zona en el estado; jugaba siempre en el jardín izquierdo y bateaba de primero en el orden.

Se caracterizaba por fildear de oído (son aquellos jugadores que en cuanto sale el batazo ya saben para dónde va la pelota y se mueven con más oportunidad; esto hace que las jugadas se vean hasta fáciles, pero no es así, lo que pasa es que estos jugadores saben dónde y cómo moverse en el campo, y esta es una cualidad innata de las personas, no se pude adquirir, se trae o no se trae;lo curioso es que los jugadores más espectaculares generalmente no tienen esta cualidad y por eso tienen que correr más y llegar de clavado para alcanzar la pelota; eso es muy vistoso, pero no tan eficiente).

Se recuerda la ocasión en que “Chiquilín”, en el estadio Almanza de Chihuahua, tomó un batazo de hit junto a la barda del jardín izquierdo y metió el tiro a home de un solo impulso, de aire y en línea recta, sin botar, para sacar al corredor que pretendía anotarles una carrera.

Era el primeo en batear en sus equipos porque corría muy rápido y en las exhibiciones y competencias llegaba de home a home, pasando por rodas la bases en el recorrido del cuadro, en solamente 13 segundos.

Por entonces, muy joven aún, estaba aprendiendo el oficio de carpintero, con el maestro Carlos, allá por el sector sur;tomó gran gusto por esta actividad y lo llevó consigo toda su vida. Ya jubilado, adquirió equipo y llegó a tener talleres de carpintería en Chihuahua y Delicias. Le alegraba mucho trabajar la madera y lo hacía con gran exactitud y limpieza.

Un día me mostró unas sillas de madera que acababa de fabricar y me dijo: “búscale y vas a ver que no encuentras ni un clavo” y así era, los muebles no tenían clavos, entonces me explicó: “así se debe trabajar la madera, con ensamblaje, pegadura y sin clavos, pero tienen que ser piezas perfectas para que mantengan su forma, no como esas que hacen hoy con grapas y puro aglomerado, no sirven”.

Por el beisbol llegó mi Padre y otros compañeros de sus equipos, a obtener trabajos; así fue ocupado para manejar maquinaria motorizada en compañías privadas que estaban contratadas por la Comisión Nacional de Irrigación, en la época en que se desarrolló el Distrito de Riego 05 y se construyó la presa Francisco I. Madero, más bien conocida como “Las Vírgenes”.

Rápido aprendió a manejar trascabos y moto conformadoras; de ahí no dejaría el volante en toda su vida; pronto fue llamado por los jefes de la Comisión Nacional de Irrigación (que después sería la Secretaría de Recursos Hidráulicos y luego muchos nombres más hasta llegar hoy a ser la Comisión Nacional de Agua, Conagua) para que fuera su chofer.

Varios fueron los integrantes de “La Palomilla” de aquella escuela primaria No. 80 que gracias al beisbol y a la amistad entre ellos, pudieron tener trabajo en el Distrito de Riego 05y continuaron con el deporte, más aún porque hubo varias etapas en la que la Secretaría de Recursos Hidráulicos, con su característico color verde, integró equipos competitivos no solo de beis, sino también de futbol, basquetbol, voleibol y ahí andaba el “Chiquilín” liderando y animando los equipos. Recuerdo haberlo visto jugando tenis y golf, inclusive.

Para 1954 llegó el momento para que Samuel Silva Díaz integrara su familia, al contraer matrimonio con Elvira García Alarcón, de otra de las familias que igualmente llegaron a Delicias en su fundación. La familia de mi Padre se dedicaba al comercio en un puesto del Mercado Juárez, mientras que la familia de mi Madre trabajaba en la agricultura. De esta unión surgieron 5 hijos: Samuel, Luis I (que falleció al año de edad), Luis II (el que esto escribe) y los cuates María Dolores y Jesús Carlos. En sus guantes de béisbol siempre estaban escritos los 5 nombres de sus hijos.

Don Samuel se fue afianzando en el puesto de chofer del Jefe del Distrito 05; hubo varios jefes desde antes de 1960 hasta después de 1980. Narraba él las experiencias vividas con varios jefes de distrito con mucha alegría y hasta con cariño; trabajó con los ingenieros Cuervo, Gudiño y otros que yo no recuerdo. Ya en etapa de madurez laboró más de cerca y entabló gran amistad con el Ing. Amílcar Jaramillo y con el Ing. Porfirio Isasi.

En la década de los 1960s, ya estando el Distrito de Riego 05 trabajando en todo su esplendor, surgió una inconformidad entre los trabajadores contra el sindicato oficialista al que necesariamente estaban afiliados, así como al PRI; argumentaban los afiliados que la organización no los defendía y atentaba contra sus derechos al obligarlos a poyar un partido político. Se realizó una marcha de protesta por las principales calles de la ciudad y ahí estaba Don Samuel junto a sus compañeros llevando pancartas y consignas en busca de mejores condiciones de trabajo.

No fueron tiempos fáciles, mi Madre dejó su exitoso salón de peinado cuando se casó y se dedicó a sus hijos, y el salario de chofer de mi Padre en la Secretaría no era holgado, pero dicha etapa fue de mucha felicidad y recuerdo como llegaba Don Samuel a comer en la camioneta que manejaba en la secretaría y daba vuelta en círculo en la bocacalle, frente al templo de Cristo Rey, para estacionarse en las sombras de las frondosas lilas que estaban en la banqueta, frente a la casa. Comía y se dormía un rato en una cobijita en el piso, sobre los mosaicos, pues hacía mucho calor, para regresar nuevamente a las oficinas, que estaban, por cierto, a cuadra y media de la casa.

La gerencia regional de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, que estaba asentada en Delicias, fue trasladada a Chihuahua, y por tanto el equipo de béisbol también tuvo su sede en la capital. Entonces los jugadores, entre ellos “Chiqui”, eran concentrados desde el martes en Chihuahua para entrenar y jugar los fines de semana en los torneos regionales o estatal. Mi padre llegaba los domingos ya tarde, después de los partidos, a Delicias, pues descansaban el lunes y el martes temprano regresaba a la concentración.

A veces llegamos a acompañarlo a algunos partidos en Chihuahua; en una ocasión fuimos mi hermano Samuel y yo a estar en un juego; tendríamos como entre 5 y 7 años de edad; a medio juego se acercó mi Papá a las gradas y nos llevó una paleta de hielo, sabor limón, de esas que llamábamos cuatas porque tenían dos palitos para agarrarse y podían partirse a la mitad. La partió y nos dijo: “cómanse una y la otra ahí me la guardan”. El calor estaba muy fuerte, nos comimos entre los dos una paleta y ahí estábamos esperando que regresara hasta que a mi hermano se le derritió totalmente en la mano.

Entonces vino mi Papá y se enteró de lo que pasó y se soltó riendo pues solamente nos decía que le guardáramos en broma, ya que el calor no lo permitiría, pero nosotros no entendimos y además este pasaje nos habla del respeto y nivel de obediencia que le teníamos a nuestros padres. Claro que nos compró la otra paleta.

Su carrera como beisbolista en el campo vino a menos a raíz de un robo que se dio en nuestra casa en Delicias y al enfrentar y perseguir a los ladrones recibió un filerazo que le atravesó el brazo derecho a la altura del bíceps. De ahí en adelante ya no podía lanzar con la misma fuerza, pero entonces vino otra etapa importante de su carrera deportiva, que fue la de manager y organizador de equipos, labor que continuo años después en las novenas de veteranos a nivel nacional e internacional. Jugó beisbol hasta los 70 años de edad.

Son de destacar las actividades que realizó o en las que participó para recaudar fondos y conseguir equipo, terrenos, etc., hasta lograr que en Delicias hubiera un estadio de béisbol para niños, el cual existe hasta la fecha.

Por entonces, hacia finales de los años 1970s, gracias a su desempeño y al poyo de las personas con las que trabajaba, obtuvo el nombramiento de Gerente de Compras del Distrito de Riego 05. Me tocó acompañarle y en algún momento al trabajar como su chofer. Cuando recién inició en esta tarea, llegó a uno de los negocios donde se realizaban las compras y le dijeron: “De a cómo va a ser la mochada” a lo que Don Samuel les contestó que no sabía de qué hablaban; entonces le explicaron que a los anteriores y a los de otras secretarias les daban entre el 10 y el 15 por ciento de las compras que se hacían. Les dijo que no era el caso y trabajó por años con respeto y sin problemas.

Los viernes por la tarde, una vez terminadas las labores de trabajo, ahí estaba “La Palomilla”, ya entrados todos en edad, departiendo en el vado de Meoqui o en el río de Rosales, con unas carnitas, o carne asada, o pescado y sus infaltables cervezas. “Chiquilín” no podría faltar, aunque el apodo se había adaptado a los tiempos modernos y ahora le decían “Samy”.

El Ing. Porfirio Isasi fue nombrado Gerente Regional de la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos en el estado de Chihuahua, y entonces Samuel Silva se fue con él como Gerente de Compras,pero ahora a nivel estatal. Ahí estuvo hasta que hubo cambio de jefe y el que llegó pidió de inmediato traer muebles del extranjero para su oficina, por lo que mi Padre entendió el cambio de estilo y solicitó su regreso a Delicias, donde permaneció hasta su jubilación por el año 1990.

Con más de 20 años de retirado pudo dedicarse nuevamente a la carpintería y a disfrutar de su vida feliz, tranquilo, con sabiduría acumulada; físicamente gozó de una muy buena salud y pudo vivir hasta los 92 años con calidad; sobre todo conservó entera su conciencia y agilidad mental.

Todo el tiempo hacía bromas agudas y platicaba sus vivencias sin desvariar; los que le rodeábamos éramos felices con su presencia. Su bisnieto Ricardo dice que le caía muy bien su abuelito (así le decía) porque siempre estaba riendo y haciendo reír a los demás. De esta manera derramaba su felicidad donde quiera que estaba. Y así se mantuvo hasta muy poco tiempo antes de su fallecimiento.

Todavía hace muy pocas semanas le llamaba cuando se me ofrecía algún nombre de personas que yo ya no recuerdo, el conservaba intacta su memoria y nos decía los nombres y datos de todos.

Sus cenizas descansan ya en el panteón municipal de Delicias, junto a los restos de su esposa Elvira, los de mis abuelos maternos y los de mi hermanito.

Nos queda solamente agradecer a Dios por tan basta felicidad que nos otorgó y por tantos años a través de este Señorón que fue Dos Samuel Silva Díaz. Descanse en Paz. (Lo de “Señorón” se lo puso mi cuñado y compadre Pepe Mendoza, y me pareció muy acertada su descripción).