Por: José Luis JÁQUEZ BALDERRAMA
CHIHUAHUA CHIH.- México ha tenido un avance trascendente en el campo de la democracia, sin embargo vivimos tiempos de fragmentación política y polarización social que pone en peligro las elecciones del próximo año.
En dicho avance han intervenido muchos factores como la participación de ciudadanos en los organismos electorales, la garantía del sufragio y la apertura de los medios de comunicación, hoy con fuerte presencia en las llamadas redes sociales.
Los medios de comunicación tienen un papel trascendental en la solución de los principales problemas de la sociedad y permite dar a conocer a la población las diversas opciones políticas, que no ocurría ante
La filosofía de la comunicación es vigilar que se respeten escrupulosamente las garantías individuales y sociales, la libertad de prensa, el derecho a la información que consagra nuestra Constitución.
Las estructuras partidarias y sus “líderes” se ven involucradas en un cuestionamiento constante de la sociedad, por la corrupción, promesas de campaña incumplidas y “prostitución ideológica”.
Los cambios en aspectos económicos, políticos y culturales, han modificado el “mapa político” dominante en América Latina, con tendencia hacia la izquierda en algunos países, pero pasamos por una etapa de adelgazamiento y pobreza en la política.
México se encuentra en la antesala de un trascendente proceso electoral (2024) concretamente el cambio de la Presidencia de la República, a esto hay agregar las elecciones
para renovar las dos cámaras -diputados y senadores-, además de varias gubernaturas, así como en este 2023, los estados de México y Coahuila.
Pero los principales personajes que participan en los procesos electorales (dirigentes de partidos y aspirantes a la “grande”) han convertido a México en un campo de batalla, que ha desalentado la participación ciudadana. Los expertos en materia electoral hablan de una pobreza en la política.
La “guerra por el poder” entre los grupos políticos ha desvirtuado en gran parte los principios básicos de los partidos políticos. Ya no importa la fundamentación filosófica que le dieron origen y los que se dicen líderes se venden al mejor postor. Es una “prostitución ideológica”.
La confrontación directa de los gobernantes y posibles candidatos, presentada preponderantemente en los medios, será la tónica en las elecciones de 2024.
Pero, ante ese negro panorama, es imprescindible no abandonar los principios de la política. Es decir, la serie de determinaciones que surgen desde la sociedad civil, como la transparencia y la rendición de cuentas.
Para muchos analistas, como José Luis Miranda Lozano -en el libro “Democracia en América Latina”-, la política se ha visto “adelgazada” en nuestro continente.
Agrega: “Adelgazamiento que tiene que ver con la pérdida de los puntos referenciales que viabilizaron dicha relación en el pasado; adelgazamiento que excluye a algunos de los participantes de esa relación tradicional (en este caso de la sociedad civil); adelgazamiento que, en fin, ha tendido a estandarizar las, hasta hace poco tiempo, diferenciadas ofertas políticas que proliferaron en América Latina”.
Contrariamente a lo que se pueda pensar, este fenómeno de estandarización de la oferta política no significa que ésta adquiera una mayor “consistencia”. Más bien lo que se enfrenta es un fenómeno de dispersión ideológica, derivada a su vez de la pérdida de referentes teóricos y resultados positivos en la sociedad.
Estamos frente a una “fragmentación” de la actividad política, o pobreza en el mercado político que está influyendo grandemente en el comportamiento de los sectores tradicionales. México es la mejor prueba.
Ante esto las elecciones adquieren un nuevo significado. No solamente en el momento culminante de la política, sino en la política misma y el fortalecimiento de la instituciones ciudadanas.
Además, tener un sistema de partidos fuerte, liderazgos estables y ataque definido a la corrupción. Esto, sin lugar a dudas, será la mejor garantía para la continuidad del sistema democrático.
La democracia debe ser convocante, incluyente y funcional. Indispensable para establecer un nuevo tipo de cohesión social, tan necesaria en estos momentos de polarización.

