Por José Luis JAQUEZ BALDERRAMA
CHIHUAHUA CHIH.- Los periodistas son testigos de una cruenta guerra en Gaza. No tienen partido, más que la obligación de informar la realidad. Esto ha causado que 15 reporteros pierdan la vida.
Los reporteros van por su propia voluntad y vocación a una zona de bombardeo, un territorio donde el objetivo principal es la venganza. Las balas no respetan niños, niñas, ancianos o periodistas.
Según el Índice Mundial de la Libertad de Prensa 2023, en siete de cada 10 países a nivel global las condiciones para el quehacer periodístico son altamente peligrosas, como ocurre en Corea del Norte, China y Vietnam, naciones que ocupan los primeros lugares.
En América Latina, desafortunadamente México encabeza la lista de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. De acuerdo a Reporteros Sin Fronteras y Artículo 19, desde el año 2000, han sido asesinados cerca de 120 comunicadores en tierras mexicanas, con un 98 por ciento de impunidad. Y no estamos en guerra.
En dos semanas de guerra entre Israel y Hamas, se ha visto en tiempo real el rechazo hacia los periodistas en las redes sociales e internet, además de una creciente desinformación. No es su guerra, pero se les ve como “enemigos”. Pero el periodista en base a su independencia, necesariamente debe ser un buen periodista.
El pasado 17 de abril del 2017, la escritora y traductora Araceli Maira Benítez publicó en la revista “Letras libres” un fragmento del libro “ Libertad de palabra” del inglés Timothy Garton Ash, quien tiene más de 40 años trabajando como periodista, además es profesor en las universidades de Oxford y Stanford y destaca que la respuesta a la pregunta “¿Quién es periodista?” ha cambiado radicalmente, pero la respuesta a la pregunta “¿En qué consiste el buen periodismo?” no ha cambiado en absoluto, pues con independencia de que los demás lo vean a uno como periodista, uno puede hacer buen periodismo.
Raymundo Rivapalacio en su “Manual para nuevo periodismo” señala: “Quiénes no estén estimulados por la necesidad de informar, de comunicarse, no tienen por qué perder el tiempo: el periodismo no es su vocación. El periodismo es visto por muchos, desde dentro y desde fuera como una obsesión o hambre de informar, una necesidad de saber contarlo”.
Añade el periodista mexicano que hay mucho más conceptos sobre el profesional del periodismo, como la que escribe Twain, quien dice: “Los y las profesionales del periodismo son personas que no fueron derrotadas por los fracasos, y en esa voluntad y decisión se encuentra la razón de un invento: el periodismo, que siendo el más humilde y desinteresado de las actividades cognoscitivas del ser humano aporta el humus, la savia, el lubricante y la energía con los que el resto (casi) de la actividad humana, de un modo adulto y enterado puede funcionar”.
Por su parte Tom Wolfe, en su libro “El Nuevo Periodismo” enfatiza: “El periodista es desconfiado, escéptico, ágil, osado, el periodista es un irrefrenable como del zar y no atiende más razones que las encomendadas en su absurda vocación de comunicador. No le importa que el mundo no quiera saber, que los censores duerman con un ojo cerrado y un puñal en la mano, que la buena marcha del orden requiere siempre un espeso equilibrio entre la ocultación y la propaganda. El periodismo está ahí para contar lo que pasa, y lo demás lo tiene sin cuidado”.
El periodista, ante todo, debe verificar los hechos, narrar la historia, describir, mostrar y analizar la realidad, sabedor de los peligros. Los diversos públicos están a la espera de la verdad, tan dolorosa como la que se está viviendo en Gaza.

