Muy lento el proceso democrático
Por José Luis JÁQUEZ BALDERRAMA
CHIHUAHUA CHIH.- El proceso de consolidación democrático en México, como en la mayoría de los países de América latina es simplemente lento. Los grupos de poder frenan los cambios, sobre todo aquellos que surgen de la sociedad civil.
Los ámbitos centrales sobre los cuales hay que avanzar para llegar a una democracia madura, destaca: terminar con las desigualdades sociales, así como el desmantelamiento de los autoritarismos y ataque a la corrupción. Una asignatura pendiente.
No es un secreto para nadie que en esta crisis democrática, influyen los partidos políticos, que ya están “agotados”; el parlamento desprestigiado como institución; el sistema judicial deslegitimado y liderazgos desacreditados. Estos ya no responden a las demandas sociales.
En México, los partidos políticos se han “partidos” principalmente por la corrupción y la deslealtad a los principios ideológicos que dieron origen a estos organismos públicos. Los políticos se pasan de un partido a otro como si nada. Más bien buscan la “cobija” de la impunidad.
Los debates en el congreso de la unión “dan pena ajena”. Es más importante defender a los corruptos y malos gobernantes que la solución a la problemática social.
La grave situación por la que atraviesa la democracia aparece en los recientes informes del “Barómetro de las Américas: Pulso de la Democracia” , elaborado por el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) con el apoyo de la Universidad de Vanderbilt.
Y lo secunda la Corporación Latinobarómetro, una ONG con sede en Santiago de Chile que realiza estudios de opinión pública a través de 20.000 entrevistas en 18 países de América Latina representando a más de 600 millones de habitantes. Hace una encuesta sobre el estado de la democracia –y otros temas– en América Latina. Algunos de los resultados sobresalientes son publicados cada 12 meses en la revista The Economist.
La primera institución revela que América Latina siempre ha sido una región convulsa, aunque el fin de las guerras civiles en la década de los 90 prometía una esperanza a nacientes democracias. Pero, las promesas democráticas no cumplidas, parecen llevar en retroceso a un sistema que no garantiza derechos y libertades. Los ejemplos están a la orden del día.
La corrupción, el autoritarismo y, a la vez, la desconfianza hacia los líderes y partidos, así como al propio estado ha generado retroceso democrático, a lo cual se suma los problemas de migración y la creciente delincuencia.
Ha habido pésimos gobernantes en América Latina ( dictadores y populistas) pero no han muerto las democracias, aunque el peligro es constante, ahí están los ejemplos de Nicaragua y Venezuela, donde los gobiernos controlan las instituciones para perpetuarse en el poder. Simulan elecciones.
La sociedad libre añora los cambios que den solución a grandes problemas, como acabar con la desigualdad, real crecimiento económico que genere empleo bien remunerado, calidad en la salud y educación. Y claro resultados efectivos contra la violencia, la corrupción y la impunidad.

