Caída libre

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH.- En toda mi carrera periodística, que ya ronda por lo 45 años, siempre tuve como principio “no hacer el caldo gordo” a las noticias policiacas que tenían tono evidente como para afectar a terceros o, peor aún, alentar a mórbidos mentales o a delincuentes a perder el miedo y el decoro y lanzarse a realizar más fechorías.

Especialistas en conducta me explicaron, desde que empecé a reportear, que la nota roja y el amarillismo son “aliento al fuego” para mentes que tienen un reconcomio desorientado y nocivo, que les lleva a afectar a otros seres humanos, sin que tampoco sea este siempre el único o el principal móvil de delitos, agresiones y asesinatos.

La conducta humana es muy compleja: hay tonos de verdad inexplicables, pero los que nos dedicamos a la comunicación social sabemos que la “sed” por el escándalo desproporcionado “vende”, es decir, las publicaciones amarillistas son muy seguidas por las mayorías y en una clara proporción creciente a la ignorancia de los lectores o público escucha o televidente, o ahora seguidores de redes sociales. La premisa es clara: a más ignorancia de las personas, mayor seguimiento a la noticia escandalosa y al chisme ruin.

Enumero, sólo a manera de ejemplo, el desproporcionado éxito de publicaciones amarillistas, como la revista Alarma hace unas décadas, que fue la que más ejemplares imprimía en nuestro país por muchos años, y decían que la sangre chorreaba en sus páginas; y luego vinieron las copias mal hechas de las “opera soap” de otros países y que aquí se llamaron telenovelas, con el drama tejido entre desgracias, infidelidades, violaciones, adicciones, divorcios, lujos o miseria, éxitos o fracasos y todo lo demás que su imaginación quiera agregarle, pero siempre en el hilo del escándalo.

Y ahí estaban, frente al televisor, tanto las madres de familia, como los varones cuando llegaban de sus actividades y hasta los niños, embelesados, recibiendo esos mensajes como “ejemplo de conducta humana”, aunque luego en el salón de clases se estuvieran durmiendo y en su boleta luciera el sello de “reprobado”; así iban creciendo las futuras generaciones.

Ya con la televisión como campeona de los ratings, con los monstruos Televisa y Azteca en dominio absoluto de la geografía tricolor, llegaron los programas de chisme que medran con la vida privada de artistas y famosos, en los que no importa que las personas sean destacadas por su logros en la sociedad, que tal vez es lo que los hizo famosos, sino que se trata de difundir el color de sus calzones, o la foto en la que captaron al personaje en posición comprometida, en una absoluta falta de respeto humano.

Pero otra vez, es lo que “vende”, dicen los dueños de los medios, esos mismos que acrecentaron sus fortunas con el favor, no gratuito, por cierto, de los gobernantes en turno, como fue el caso de Slim y Salinas Pliego con Salinas de Gortari, por citar algunos. Y a través de los años me ha tocado tratar con dueños de medios que no me han dejado la duda respecto a que, con tal de obtener ganancias, podrían vender hasta a su progenitora; así es.

Retomando el hilo de contenidos mediáticos que han dominado el espectro de  nuestra comunicación, a manera de ejemplo, insisto, porque hay mas casos; ahora mencionaré que las telenovelas llegaron a “trepar un escalón” para ubicarse como “narconovelas”, género del que, aclaremos, el estrella, iniciador y principal promotor ha sido Epigmenio Ibarra, si, el que manejó la imagen de AMLO y sigue guiando a Morena.

Por todo esto y por muchas razones más, siempre en el sentido de dejar en alto los valores humanos, en los medios que me tocó dirigir nunca se publicaron fotografías con sangre en las notas policiacas y tampoco se daba prominencia a las noticias de violadores o suicidas, pues estas pueden desatar un efecto “copycat”, por el cual alguna mente inhibida en su aflicción, puede tomar valor y lanzarse a la acción; y he juzgado que, como medio de comunicación al servicio de la sociedad, no se deberían correr ese tipo de riesgos, aunque no vendieras tanto.

Y lo hasta aquí descrito es solamente un contexto, pues cuando llegamos a las redes sociales, ahora si la mezcla de ignorancia, escándalo, desorden, analfabetismo, desmedida ambición, exhibicionismo, voyerismo, se convierten en una autentica bomba que explota constantemente, sin que las mayorías internautas adviertan los riesgos, sino que hasta aplauden sonoramente la desfachatez y ausencia de valores por el ser humano.

¿Hasta dónde va a escalar el escándalo ahora combinado con violencia? no podemos siquiera calcularlo, pues se adiciona el tenebroso elemento que carcome las capas de nuestra sociedad, desde las más paupérrimas hasta las más encumbradas, que es el crimen organizado, o dicho más puntualmente, el narcotráfico, calamidad de México en cuanto a su fortaleza y a la simpatía que despierta entre los más ignorantes y los más miserables. Aunque se que sonó terrible esa cita, consideremos que no por quedarnos callados algo va a mejorar; antes al contrario, el sigilo favorece a los malos.

El caso de la “influencer” asesinada en Guadalajara, Valeria Márquez, quien fue atacada durante un enlace en vivo por un llamado “sicario”, de esos jóvenes que llegan en motocicleta y dan de tiros a alguien específico, obviamente no por iniciativa suya sino por encargo de alguien mas, nos lleva a revisar hasta donde el fenómeno de la comunicación vertiginosa, el desorden y el crimen son ya un reflejo claro de la caída libre que tenemos, como sociedad, particularmente en México.

De 2021 a la fecha cinco influencers han sido atacados de gravedad o muerte, cuando transmitían video en vivo.

El 8 de febrero de 2021, Timoty Wiks, de 20 años de edad, murió a tiros en un parque de aventuras de Tennessee, Estados Unidos, cuando participaba en una broma con cuchillos de carnicero, y alguien que se sintió amenazado, les disparó, y así murió en la transmisión en vivo. El caso fue procesado como defensa propia.

El 19 de abril de 2023, Tenner Cook, youtuber conocido por sus bromas públicas, fue agredido a tiros cuando transmitía en vivo en un centro comercial en Virginia, Estados Unidos, por Alan Collie, quien había discutido con la victima por una de sus bromas. Cook sobrevivió a este ataque y el incidente generó controversia sobre los límites de las bromas en público.

El 30 de octubre de 2024, Mauricio Solís Cruz, periodista del medio digital Minuto a Minuto, fue asesinado durante una transmisión en vivo, después de una entrevista con el alcalde, en plena calle del centro de Uruapan, Michoacán, cuando llegó una camioneta de la que se bajaron sicarios y lo ultimaron de cuatro tiros. Inclusive una niña que pasaba por ahí resultó herida de bala.

Ya en este 2025, el 11 de marzo, en Tokio, Japón, la joven Airi Sato, influencer de 22 años de edad, murió apuñalada en múltiples ocasiones por Kenji Takano, de 42 años.

Y el pasado 13 de mayo, en Zapopan, Jalisco, en la zona urbana de Guadalajara, se dio el citado asesinato de Valeria Márquez, de 23 años, incidente visto en su transmisión en vivo por la plataforma Tiktok, que ha dado la vuelta al mundo.

Para desgracia de los mexicanos, de los cinco casos, los que se dan en otros países tienen naturaleza diferente a los nuestros, pues el de Japón, por el tipo de ataque, puede tener causas más de desequilibrio de conducta, mientras que los dos de Estados Unidos son consecuencia de bromas en vivo. Graves, todos los casos, sin duda, que nos llevan a revisar el riesgo de las escenas en vivo y su exposición generalizada.

Pero una gravedad más profunda se pone en evidencia en los dos casos de México, pues la forma en que se ejecutan ambos asesinatos en vivo es la que acostumbran los sicarios de las bandas del crimen organizado. Sabemos que este tipo de delincuentes pueden matar a cualquier persona y no pasa nada, pero ahora hasta se dan el lujo de hacerlo en transmisiones en vivo.

Estos casos son muestra de una franca degradación; ya nomas falta que hasta le aplaudan la actuación a los criminales. Y la justicia, y los valores y la vida humana ya son menos que un cero a la izquierda.

Las investigaciones de los casos tampoco arrojan mucha luz, pues ya sabemos que nuestras autoridades no se muestran precisamente eficientes para esclarecer este tipo de crímenes, pero de que es totalmente censurable el asesinato de estas personas, ambos comunicadores, no cabe ninguna duda.

Estamos conociendo hechos cada vez más graves y fuera de orden, fruto de la acumulación de anarquía y del aniquilamiento del Estado de Derecho en México, y claro, los medios de comunicación y las redes sociales reflejan los hechos, solamente hay que ser acuciosos en su lectura e interpretación y no dejarse llevar por el escándalo.

Si todo esto que nos está pasando no es una caída libre de nuestro sistema social, por favor, que alguien me explique qué es.