Por Luis Silva García
CD. JUÁREZ.- Mi afición por el deporte es innata, o por lo menos la recuerdo desde que tengo memoria, pues mi papá, Samuel “Chiqui” Silva (o Don Sammy, como le decían en sus últimos años en Delicias) siempre estuvo en actividades deportivas; me tocó verlo competir en futbol, basquetbol, volibol, varias disciplinas de atletismo, tenis, golf, natación, y sobre todo siempre en el beisbol, el cual, en sus mejores momentos, lo entrenaba diario y jugaba varios partidos a la semana.
Conservo con gran aprecio algunas fotografías, especialmente aquella en que aparece a los 18 años de edad, en 1948, con el equipo Bowers de Cd. Delicias, así como otra en la que forma parte de la selección Algodoneros (con una “A” gótica en la camisola) en un campeonato de principios de los 1950s, ambas tomadas en el parque “Viejo” Orta de aquellos años, que por cierto en las imágenes se aprecia muy viejo y deteriorado.
La novena en que mayormente jugó mi papá fue la “Ola Verde” del Distrito de Riego 05 de la Secretaria de Recursos Hidráulicos (SRH), en Delicias, aunque en algún momento dicho equipo tuvo su sede en la ciudad de Chihuahua. La mayoría de los jugadores, incluyendo a mi papá, tenían trabajo en la SRH gracias a que jugaban beisbol.
Aunque yo era aún pequeño, si me acuerdo de un juego de estrellas que se realizó en el parque Almanza de Chihuahua (debe haber sido en los primeros años de los 1960s), donde mi papá participó y ganó en dos categorías: el tiro desde filder a home, pues el era jardinero izquierdo; y el corrido de bases, ya que era muy rápido y daba la vuelta al cuadro en menos de 13 segundos.
Fui creciendo en este ambiente y lo disfruté enormemente; luego jugábamos un partido de ajedrez, al que nos enseñó mi papá desde los 5 años de edad, y salíamos al beisbol de calle, con pelota de hule inflada y palo de escoba, frente a la casa, con los vecinos, o iba con compañeros de la primaria a algún campo llanero (no había de otros).
El seguimiento de las ligas mayores se hacía mediante programas de radio y periódicos, (el periódico Esto era una maravilla, por las estadísticas) y por esos años llegué a memorizar la mayoría de los nombres de los jugadores de los equipos y juntaba uno muchas estampitas con sus fotografías, que no se de donde salían, pues ciertamente dinero para comprarlas no tenia por entonces.
En verano, al caer la tarde, me concentraba en las transmisiones por radio de los partidos de la Liga Mexicana de Beisbol, especialmente del que por muchos años fue mi equipo preferido, los Tigres de México. En uno de sus viajes a la capital del país, mi papá me trajo una publicación con fotografía de jugadores de aquellos Tigres del llamado “Infield del millón”; la encontró en un partido en el Parque se Seguro Social y logró el autógrafo de varios de los jugadores.
Ese era mi tesoro, las fotos en blanco y negro con las firmas de Rubén Esquivias, Kiko Castro, Fernando Remes, Armando Murillo, Manuel Ponce y la del manager “Chito” García.
Teníamos en casa un enorme radio de bulbos con caja de madera, colocado en una mesa especial en la recamara, y ahí era donde escuchaba los partidos cuando ya todos se iban a dormir. Entonces me llevaron el radio a la sala, para que allá oyera mis juegos de los Tigres y dejara dormir a los demás.
Pero esos aparataos tenían problemas de recepción de la señal de la XEX desde la Cd. De México, por lo cual tenia uno que detener con los dedos los alambritos que salían de la cubierta de plástico del cable que se colocaba a un tornillo atrás del aparato, con lo que uno mismo hacía antena y se escuchaba mejor el audio.
Pues ahí estaba yo en el piso de mosaico, (muy limpio, eso si) debajo de la mesa del radio, para detener la antena y escuchar las narraciones de Jorge Eduardo Sánchez, de Oscar “El Rápido” Esquivel, o de Pedro “El Mago” Septién. En ocasiones colocaba una cobija, o me quedaba en el suelo cuando hacía mucho calor. Luego hasta me quedaba dormido ahí, pero no me perdía los partidos de beisbol.
Para 1969 me fui de Delicias a estudiar la secundaria en el Seminario de Chihuahua, y ahí no se jugaba beisbol, pero mi afición no decreció, aunque ya o podía escuchar los partidos de la Liga Mexicana ni seguir a detalle las ligas mayores, pero empleaba mucho tiempo en rebotar pelotas de goma en paredes y hasta ideé un esquema para simular entradas con outs, hits, carreras, etc., de acuerdo a como rebotaba la pelota y si lograba atraparla o se escapaba, si salía de rola o elevada. Así pasaba las horas y conservaba habilidades.
Asistía eventualmente a partidos del regional y del estatal de beisbol en Chihuahua, y cuando estaba en Delicias me integraba a los equipos que mi papá entonces dirigía en ligas locales, particularmente los de la SRH.
Para 1973 los Dorados de Chihuahua se integraron al beisbol profesional en la Liga Mexicana. Yo me había encontrado con un amigo que compartía la misma afición beisbolera: Enrique López del Río, “Piolin”, sacerdote ya fallecido.
Para nosotros, a nuestros 16 años de edad, el beisbol profesional era un sueño hecho realidad, por lo que asistimos a todos lo partidos que Los Dorados jugaron como locales esa temporada. Aunque los boletos eran baratos, para nosotros era difícil completar el importe, de manera que en ocasiones nos alcanzaba para la entrada pero ya no para el camión urbano de regreso. Y teníamos que regresar caminando en la noche, desde la ciudad deportiva hasta la Av. Zarco y Talavera, por donde estaba el seminario.
Luego, como ya volvíamos cerca de la media noche, pues era común que estuviera cerrado el portón de entrada, por lo que teníamos que aventar piedritas a las ventanas de los dormitorios para que alguien nos escuchara y fuera a abrirnos. Hubo ocasiones en que tuvimos que brincarnos la barda para poder entrar, pero no íbamos a dejar de ir a los partidos.
Los aficionados de los Dorados fuimos muy fieles ese año y aunque al equipo no le fue nada bien, no dejamos de asistir al Parque Almanza. Recuerdo un partido en el que los Dorados iban ganando a los Sultanes de Monterrey por 12 carreras a cero y en la apertura de la novena entrada los visitantes anotaron 13. Ya los locales no reaccionaron y así perdieron el juego. Pero, bueno, es beisbol, decíamos.
Por algunos años mis actividades profesionales me tuvieron un tanto alejado del beisbol, hasta que mi nieto Ricardo, ya en este siglo XXI, entró a jugar de niño en la Liga Olmeca en CDMX. Regresé al ambiente beisbolero y a disfrutar de las jugadas impredecibles y del verde de los campos (a veces campos solo de tierra, pero igual se disfruta el juego).
Hoy, desde Cd. Juárez, me doy el lujo de seguir partidos de beisbol de todos los niveles y en todo el estado de Chihuahua, así como de la las ligas profesionales de México y de las ligas mayores de Estados Unidos, ya sea por medios electrónicos o en vivo en los estadios o campos, cuando se da la ocasión; pero siempre en esta mi afición insaciable por el Rey de los Deportes.

