Por Luis SILVA GARCÍA
“Un amigo es el que está cuando toca estar”
Jorge Freire, filósofo contemporáneo
CD. JUÁREZ.- Hoy toca brindar por los amigos, por la amistad, por esa realidad que muchas veces parece tan intangible como la misma felicidad, pero que es tan real como el hecho de que estamos aquí, que vivimos y gozamos de la vida que se nos ha dado, sin mas, sin reproches ni reclamos, solamente viviendo, siendo vivos, y conviviendo con los demás. Somos sociales; somos seres humanos.
Tendemos a pensar que nos ha tocado vivir una época única, en la que fundamentos indispensables para la vida en común, como la amistad, son hoy más importantes que nunca, que tienen mayor peso, pero tal vez ello sea solamente parte de nuestro innegable ego; y puede que a los seres humanos de las más diversas épocas les haya pasado algo similar, pues desde que hay escritura, así sea cavernícola, hay registros de amistad. Ahí ha estado siempre presente.
Los líderes, filósofos y estudiosos de las civilizaciones que se conocen como más antiguas, como la mesopotámica, la persa, la egipcia, ni se diga de la china, o más acá de la griega, no solamente refieren ala amistad como amalgama de las relaciones y discusiones entre humanos, sino que en repetidas ocasiones analizan a fondo este fenómeno que tantas satisfacciones otorga a los individuos en su convivencia.
Hace dos mil 400 años, el filósofo Aristóteles definía tres tipos de amistad: amistad por utilidad, que es la más efímera e inconsistente; amistad por placer, la que se define en el qué bien me la paso contigo, cómo me gusta tu conversación; y la amistad por virtud, donde se ubican las amistades verdaderas y plenas, con profundidad y fincadas en valores.
Me ha tocado tratar con amigos a los que no había visto en más de 25 años, y a veces, con algunos, ni siquiera habíamos hablado en ese largo período de tiempo, de manera que cuando los saludas cara a cara te sacude la imagen que recuerdas de la persona, y te cuesta adaptarte a la nueva realidad física con las marcas del paso de los años; pero al cruzar palabras te enteras de que el alma esta incólume, de manera que decimos casi a coro: ¡parece como si hubiéramos estado hablando ayer mismo, como si no hubiera pasado el tiempo!.
Es el privilegio de la auténtica amistad, de la comunicación desde el corazón, y esa virtud no la debes dejar escapar porque, si te descuidas, se te puede escurrir como agua entre los dedos, y en eso estas dejado ir felicidad.
Y la amistad por virtud no necesariamente es añeja en ese armario que tienes ahí de hábitos y costumbres, también se disfruta de las nuevas amistades y, como en todo lo humano, es menester renovarse para evolucionar. Entonces te encuentras con aquellas personas a las que recientemente conociste, pero con las que compartes tantos conceptos, principios y valores, que parece que las conocieras de toda la vida.Esas amistades también te nutren en tu diario afán de felicidad y también hay que darles mantenimiento.
Compartí tareas profesionales con un amigo que repentinamente se fue a vivir a otro país, donde tenía éxito y su familia ya estaba bien adaptada y yo creí que no regresarían a México. Mantuvimos nuestra relación de buena amistad a la distancia, pero tampoco era yo de sus amigos más cercanos
— Fíjate que regreso a México –me dijo un día por teléfono. Y me platicó que tenía una excelente oportunidad profesional, casi la veía histórica, por sus repercusiones; por lo que traería a su familia de regreso al país. Y agregó:
–Lo que no entiendo es por qué, acabo de tomar esta decisión y lo primero que se me ocurrió es marcarte y compartirla contigo.
Ese día no lo expresé, pero me quedó claro que era solamente por amistad. Y años después nos volvimos a encontrar en tareas profesionales y ahora él pasaba momentos difíciles por la salud de uno de sus hijos. Platicamos mucho y también nos apoyamos mucho en esos días y ahora si quedó muy claro el gran tamaño de nuestra amistad.
Y hace años que no hemos vuelto a coincidir, pero cuando coincidamos, si es que coincidimos, será como si nunca hubiéramos dejado de vernos. En realidad, con esta gran amistad, seguimos permanentemente cercanos.
Es gratificante dedicar tiempo, pensamientos y razonamientos a los verdaderos amigos; muy por encima de dedicarle algún esfuerzo o palabra a los miles y millones de mal llamados “amigos”, que puedas tener en las también mal nombradas “redes sociales”. Esos no llegan siquiera a la categoría de “amistad por utilidad” que definió Aristóteles. Son solo un espejismo, un engaño.
En esta sociedad acelerada, donde las metas se fijan por logros inmediatos, asentados en el tener, antes que en el ser, los esfuerzos para logar verdaderas amistades tienen que evadir, a diario, los distractores de la corriente exclusivamente utilitaria; pero la auténtica amistad no solamente es un logro que genera satisfacción, es necesaria para la felicidad de los seres humanos y para la evolución de la humanidad.
Inclusive en los ámbitos religiosos, cuando se llega al nivel excelso de la contemplación, los nirvanas, o el espectro de la oración absoluta, se ha cubierto antes el aprendizaje en la relación amistosa y pacífica con los congéneres, y se arriba al privilegio de la amistad con la deidad, con el creador.
Escuché de mi señor padre un concepto desde que tengo uso de razón: siempre decía que las personas no valen por lo que tienen, ni siquiera por lo que logran hacer, sino que valen por lo que son, es decir, son personas y desde ahí ya todos tenemos un valor. Finalmente todos valemos lo mismo. Todos somos iguales a los ojos de Dios. Al aprender esto, quedas abierto a entender a los que pasan a tu lado. Y quizá ahí estás fincando una amistad. Tienes tan buenos amigos como eres buen amigo.
Conforme avanzas por el sendero de la madurez humana, sin lugar a duda tienes siempre más amigos por virtud, y proporcionalmente menos enemigos en tu camino;podrás visualizar un horizonte cada vez con menores obstáculos hacia la paz y tranquilidad.
Camina siempre adelante… haciendo camino al andar. ¡Salud, pues, amigos!

