LOS CHICOS rebeldes de Morena, como los han bautizado desde el mismo partido, ahora sí estuvieron muy atentos y aplaudidores, luego de que en el pasado evento en el Zócalo de la Ciudad de México, literalmente ignoraron y le dieron la espalda a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
De alguna manera fueron castigados por la presidenta. Primero, porque los metió en un corralito, en una segunda fila, detrás de los gobernadores del país que asistieron al mitin con motivo del primer informe de Sheinbaum Pardo.
Ahí se observó al coordinador de los senadores de Morena, Adán Augusto López Hernández; al diputado Ricardo Monreal Ávila; a Alejandro Esquer y al senador Manuel Velasco Coello, entre otros legisladores.
Aún más atrás ubicaron a la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, quien también estuvo en esa serie de imágenes que dieron la vuelta al mundo, mientras la presidenta pasaba frente a estas figuras políticas.
Sheinbaum cambió la estrategia contra quienes le dieron la espalda, pero no los olvidó. No sólo fue mandarlos a un corralito especial, para que ni se movieran ni se distrajeran; los colocó ahí para que la escucharan.
En su discurso, la presidenta cambió su narrativa y dejó en claro que “la honestidad no es la excepción, es la regla” y que “quien traicione y robe al pueblo enfrenta la justicia”. Así o más claro: “El poder no es para enriquecerse, es para servir con humildad.”
Dicho de otra manera, sólo le faltó ponerles nombre y apellido. Ahí los tenía a todos: comenzando por los hijos del presidente López Obrador, Adán Augusto, los Monreal, Mario Delgado, Romo Garza, Noroña y muchos otros.
Todos, de alguna manera, señalados por los Estados Unidos y hacia el interior de Morena. Pero no, la presidenta no le puso el cascabel al gato y dejó pasar una oportunidad histórica.
Se fue, como sucedió en los seis años anteriores, con la retórica fácil de abrazos para los suyos y balazos para nadie, aunque los señalamientos de corrupción son históricos y tremendamente delicados.
Ni siquiera tocó los temas del huachicol fiscal ni de La Barredora, por ejemplo. Y como diría la dirigente nacional de Morena, “no podemos actuar contra los nuestros”. Así se escuchó la presidenta: prefirió el discurso lindo, pero tan falso como un billete de tres dólares.

