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El fascismo 4T / Aguas con la 5T / Maru pide imposibles / Cae el caballo en palacio

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LA SOBERBIA, la descalificación y el “háganle como quieran” han provocado que el tono de los productores agropecuarios y transportistas se radicalice. De esa mezcla nace un riesgo evidente: protestas, bloqueos, tomas de aduanas y puentes internacionales que escalan cada día y que, de seguir así, pueden desembocar en una revuelta social.

El gobierno federal finge escuchar, pero al mismo tiempo tira por la borda cualquier intento de negociación. Amenaza con todo el poder concentrado, como lo hizo la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez; y va más allá cuando la presidenta Claudia Sheinbaum habla abiertamente de una intervención militar para contener las manifestaciones.

La presidenta de Morena, Luisa María Alcalde, parece vivir en otra dimensión: asegura que no vio productores ni transportistas en las protestas. Vaya manera de no querer ver lo que sucede en este país. Según su lógica, los tractores y tráilers cayeron del cielo.

Las descalificaciones y amenazas -veladas unas, directas otras- del régimen ante estas movilizaciones totalmente legítimas, son tácticas típicas de gobiernos radicales de derecha o ultraderecha.

En la retórica fácil del populismo desgastado, se insiste en que primero es “el pueblo”, que es un gobierno humanista, anticorrupción y democrático. La realidad demuestra lo contrario.

El centralismo es absoluto, y ahora buscan desmantelar la producción agrícola con la nueva Ley Nacional de Aguas, que despoja al pueblo del recurso, a menos que los agricultores no entren en esa rara y selectiva clasificación de “el pueblo”.

Seguir culpando a Calderón, al PRI, al PAN y al PRD por los reclamos de seguridad en carreteras, por la ley del agua y por los precios justos para el campo, no conduce a nada.

No es posible que en este régimen “humanista y progresista” se sigan destruyendo instituciones, se pretenda copar al Poder Judicial y ahora se busque controlar al sector agropecuario mediante el agua.

Y que todavía desde las mañaneras se asegure que se busca “eliminar privilegios” de los productores, quienes -hay que decirlo- siempre han estado en la escala económica más deprimida del país.

Que haya panistas, emecistas o personajes de otros partidos acompañando este movimiento nacional de resistencia tampoco justifica criminalizar a transportistas y agricultores.

Pensar así es abrazar aquella máxima fascista: “o estás conmigo o estás contra mí”, convertida hoy en argumento de Estado por la llamada Cuarta Transformación.

LA GOBERNADORA de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, pidió a los diputados federales de Morena atender y entender la problemática de escasez en el estado.

Los productores chihuahuenses viven condiciones distintas a las del resto del país, por lo que no se pueden dictar decisiones desde el centro como si todos los contextos fueran iguales. La nueva Ley Nacional de Aguas sería, para Chihuahua, catastrófica.

Es la entidad que más agua entrega por el Tratado de 1944 y recibe prácticamente nada a cambio.

Pretender quitarle más es poner en riesgo a los sectores agrícola y ganadero. La petición a los morenistas es simple: escuchen al campo. El problema es que esa petición parece súplica, y difícilmente será atendida, como ya ocurrió en los foros y asambleas donde ignoraron a los afectados.

Todo esto sucede mientras se cumplen dos días de manifestaciones y bloqueos carreteros en Chihuahua y más de 20 estados. El descontento no es anecdótico: es nacional y va para largo.

Y BUENO, así como pasan grandes cosas, también suceden anécdotas que recuerdan que no todos son buenos jinetes. Lo mejor es evitar dar entrevistas arriba de un caballo en una plaza pública cuando el animal no está entrenado para superficies pulidas ni cuenta con herraduras especiales.

El incidente ocurrió en la Plaza Hidalgo, frente al Palacio de Gobierno, mientras el exalcalde de Parral y hoy diputado federal de MC, Alfredo “El Caballo” Lozoya”, atendía entrevistas montado en su caballo “01”.

Ya le habían advertido que el animal podía resbalar. Aun así, se montó “en macho”, y el caballo, fiel a las advertencias, resbaló. Lozoya terminó en un buen sentón.

Por fortuna, todo quedó en un susto. Ambos, jinete y caballo, están listos para seguir grabando mensajes “desde la capital para el mundo”, aunque quizá evitando el pavimento pulido.

Y es que, como dijo un paseante que presenció la escena: nunca es bueno caerse frente al Palacio de Gobierno. Menos cuando ya hay suficientes resbalones en la política y ahora más con los tiempos adelantados.