EL PARTIDO Revolucionario Institucional se lanzó -digamos que más o menos fuerte- en contra del Partido Acción Nacional, por las campañas anticipadas que el alcalde panista y varios funcionarios vienen realizando desde hace meses.
Aunque no presentaron el gran listado de aspirantes blanquiazules para todas las posiciones, el mensaje evidentemente fue para el alcalde de la capital, Marco Bonilla Mendoza, y, por supuesto, para la gobernadora María Eugenia Campos Galván, suponemos que para que “ponga orden en la casa”.
La denuncia -al menos pública- llega tarde. Varios actores del PAN han realizado abiertamente pre-campaña, aprovechando los vacíos legales de la Ley Electoral estatal vigente.
Es decir, aunque la dirigencia del PRI, encabezada por Alejandro Domínguez, tiene razón al señalar que las pre-campañas son evidentes desde hace más de un año, llama poderosamente la atención que ahora sí se reclame y hasta se pida la intervención del Instituto Estatal Electoral. ¿Por qué hasta ahora?
No puede dejarse de lado que en diputaciones locales, federales y alcaldías como la de la capital, el PRI fue en alianza con Acción Nacional y con el desaparecido PRD, lo que le otorgó al Revolucionario Institucional algunas posiciones dentro del gabinete de Marco Bonilla y, por lo menos, una regiduría.
Ahora, en apariencia, existe un alejamiento, porque -como señala el PRI- nunca se dio un cogobierno, ni en posiciones ni en la toma de decisiones, como románticamente se planteó en la alianza.
A ello se suma la idea, al menos en el discurso, de que en el próximo proceso electoral ambos partidos podrían ir solos, sin coalición. Habrá qué ver si realmente sucede.
Lo extraño es que los señalamientos del Revolucionario Institucional se enfocan únicamente en el PAN y no, por ejemplo, en Morena, que también anda por las mismas en esos temas y otros tantos.
POR CIERTO, el alcalde capitalino Marco Bonilla Mendoza viajó el fin de semana a Washington para atender asuntos de atracción de inversiones, educación y seguridad pública.
Demasiado distante está Chihuahua de Washington como para suponer que inversionistas norteamericanos -o de otros países- volteen a ver a la capital en temas de negocios o educación.
En lo educativo, uno pensaría que el Estado o las universidades públicas tendrían mayor alcance que el municipio. Y lo de seguridad pública, ni se diga: es un tema complicado incluso para un gobierno estatal, no se diga municipal.
Por lo pronto, habrá que darle por buena la gira del alcalde y confiar en que no se convierta en los tours inútiles que se avienta el senador Gerardo Fernández Noroña, que no sirven de nada, salvo el gasto de recursos públicos que se supone pertenecen al pueblo.
Hechos son amores, reza el refrán. Entonces habrá que esperar el retorno de Bonilla para que informe a los chihuahuenses sobre sus grandes logros en Washington.
SALVO el agradecimiento público por las porras de López Obrador a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en su reciente reaparición, no todos los enunciados del expresidente fueron de su agrado.
Desde su rancho, el exmandatario aseguró que volvería a las calles si hay un golpe de Estado (contra Claudia), si la soberanía está en riesgo o si la democracia tambalea.
La presidenta, queriéndolo o no, negó que cualquiera de esos escenarios exista en México, lo que se tradujo como un “no” desde Palacio Nacional para que AMLO regrese a las calles.
Si en retiro y escondido no deja gobernar a la presidenta, basta imaginar lo que ocurriría si regresa al activismo callejero con temas de gran calado. Aunque, con excepción de la soberanía, fue él mismo quien ejecutó varias acciones que derivaron en la destrucción de la democracia que hoy dice defender.
Y eso del golpe de Estado, pues sólo que el expresidente lo quiera inventar. La revocación de mandato, por ejemplo, la promueven sus fieles seguidores como Ricardo Monreal y Adán Augusto López; no son, ni de lejos, “sus adversarios”, como insiste en llamarlos.

