A Soñar

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH.- Había una revista especializada en boxeo, en México, allá por los años 1970s; era semanal y se vendía a dos pesos el ejemplar, con pastas de cartulina impresas a colores y paginas de papel bond delgado en una sola tinta, me parece que color sepia.

La sección que de verdad me emocionaba era un pequeño espacio de unas cuantas líneas que se titulaba “Soñé que Peleaban”, en la que enfrentaban, en ilusión, a boxeadores que no se habían enfrentado entre si, o que nunca llegaron a enfrentarse en realidad.

Y escribían solamente algo así como: Soñé que peleaban Raúl “Ratón” Macías y Humberto “Chiquita” González, y que el Ratón, en seis rounds, noqueaba a la Chiquita.

Y eso era todo. Era un sueño redactado por algún especialista en boxeo, en periodismo y en redacción, quien tenía conocimiento y cordura como para imaginar enfrentamientos de interés y que podrían llegar a ser reales. Tampoco, ni en sueños, irían a enfrentar a Muhammad Ali, peso completo de más de 100 kilogramos, con Vicente Saldívar, peso pluma de menos de 60 kilos, por decir, por más populares que ambos pudieran llegar a ser en su momento.

El chiste estaba en que, si uno tenía interés e imaginación, podría hacer realidad en su mente el enfrentamiento citado, inclusive con lujo de detalles. Para ello tendrían que conjuntarse la calidad del planteamiento escrito en la revista, aunque fuera expresado solamente en dos renglones, con el interés y capacidad intelectual del lector, para dar forma real, en la mente, al planteamiento tal de un acontecimiento deportivo, de una pelea de box.

Por un lado pesa la contundencia del escrito, la comunicación que pone a andar el pensamiento, la fuerza de las palabras escritas, que al ser leídas forman una imagen en el devenir del intelecto de cada quien. De ahí la responsabilidad del que escribe.

Pero la comunicación es mínimamente de dos vías, por el otro lado está el receptor del mensaje, en este caso quien leía el “sueño” planteado en una supuesta pelea, de manera que el mensaje podría llegar a ser plasmado con mucha calidad y propiedad, pero si no hubiera receptor, o el receptor no hiciera “click”, pues el mensaje ahí se quedaría, en una sola vía, como en realidad sucede hoy con litros y más litros de letras impresas en la historia de la humanidad.

Pero el asunto actualmente, mas que la expresión, es el sueño, porque la realidad luego nos lleva a dejar de soñar: la transformación vertiginosa de la comunicación, de la palabra a la imagen y de la pausa a la exigencia, ya deja las ilusiones rotas.

Hoy existe una sección con el mismo nombre “Soñé que Peleaban”, pero en redes sociales, donde sale un cronista detallando una pelea y ya no es lo mismo, pues el ejercicio de imaginación ha sido suplantado por la verborrea del protagonista, ya no es despertar ideas en el receptor del mensaje, sino imponer contenidos determinados por el comunicador. Ya no hay “sueño”.

Y el caso no es más que uno más en el mar de contenidos, generalmente alienantes,que se imponen por parte de los medios de comunicación en todo el mundo hoy en día: pasamos muy rápido de la lectura que invitaba a la reflexión a la imposición de ideas visuales que no dejan lugar a la imaginación.

Brincamos del arte del literato al artilugio del robot de la inteligencia artificial, algo así como suplantar una pintura al oleo por una hoja de papel de aluminio, mas o menos.

Y en este contexto se hacen enormes los mensajes de los auténticos “sueños” de los seres humanos, por los que les dejo este siguiente, del argentino Jorge Mario Bergoglio, más conocido como el Papa Francisco:

“Uno a veces sueña cosas que nunca van a suceder, suéñalas, deséalas, busca horizontes; ábrete; ábrete a cosas grandes; ábrete y sueña; sueña que el mundo contigo puede ser distinto.

“Por ahí se les va la mano y sueñan demasiado y la vida les corta el camino; no importa: sueñen, y cuenten sus sueños, hablen de las cosas grandes que desean, porque cuanto mas grande es la capacidad de soñar y la vida te deja a mitad del camino, más camino has recorrido, así que primero: soñar.

“Claro uno a veces sueña cosas que nunca van a suceder, suéñalas, deséalas, busca horizontes, ábrete a cosas grandes, ábrete y sueña; sueña que el mundo contigo puede ser distinto”.

Feliz Navidad 2025 para todos.