LA MACROOBRA de la presente administración municipal en la capital arrancará, por tercera ocasión, el próximo miércoles, si no se presenta un nuevo retraso.
Se trata de la obra que, sin duda, será la más importante del gobierno municipal por su inversión, ingeniería y arquitectura. De concretarse como ha sido anunciada, se convertirá en un ícono, no sólo de la administración en turno, sino de la capital del estado e incluso –aseguran- del país.
Hablamos de una gaza elevada de dos carriles, sostenida por una estructura metálica y tirantes de acero. En la maqueta, la obra luce francamente impresionante.
De acuerdo con información oficial, tendrá un costo de 395 millones de pesos, lo que representa, hasta ahora, una inversión histórica y única para el municipio.
La gaza conectará la congestionada avenida Teófilo Borunda Sur con el Periférico de la Juventud, con el objetivo de despresurizar una zona que se ha convertido en un cuello de botella permanente, con horas pico prácticamente durante todo el día.
Vendrá a dar solución, al menos en parte, al problema vial del sector conocido como El Reliz, donde desarrolladores inmobiliarios construyeron cientos de miles de viviendas, desde luego con autorización municipal, pero sin vialidades suficientes de acceso y salida.
La gaza elevada tendrá una longitud de 700 metros y estaba planeada para concluirse a finales de este año, lo cual evidentemente no sucederá, tanto por la complejidad técnica de la obra como por los reiterados retrasos.
La obra se “arrancó” oficialmente el 19 de diciembre, pero aquello fue más parafernalia que realidad: maquinaria, banderolas y discursos, pero sin avances reales.
Posteriormente se anunció que iniciaría en la última semana del año, lo cual tampoco ocurrió. Esperemos que, ahora sí, la tercera sea la vencida para una obra que superará los 12 meses de construcción.
AÚN NO concluye la primera semana del año y la capital ya registra 10 asesinatos de los llamados “de alto impacto”, al estilo del crimen organizado.
Un inicio de año negro, pese a la ampliación de operativos especiales al norte y sur de la ciudad con la intención de inhibir estos hechos. Sin embargo, los resultados no acompañan el discurso oficial, como lo demuestra la estadística.
La justificación -o más bien la narrativa oficial– señala que se trata de un reacomodo y una “limpia” entre grupos antagónicos que operan en la capital, pero ese argumento ya suena desgastado y meramente retórico.
Si se conocen las actividades y a los generadores de violencia, la pregunta es inevitable: ¿por qué no se actúa con mayor eficacia y eficiencia?
La capital, al igual que otras regiones del estado, enfrenta una percepción real de inseguridad y desaliento. La ciudadanía no alcanza a ver la luz al final del túnel.
YA ESTÁN en marcha la nueva prohibición contra carreras de caballos, peleas de gallos, jaripeos y actividades similares. Se trata de una disposición emitida por la Mesa Estatal de Seguridad.
Tardó años en reconocerse que muchas de estas actividades terminan en ríos de sangre. Las evidencias están a la vista, aunque también debe reconocerse que, sobre todo en municipios rurales, forman parte de tradiciones arraigadas.
A una semana de que la disposición entró en vigor, ya se han realizado media docena de clausuras, principalmente en Chihuahua y Delicias, donde incluso se detectó un palenque habilitado para peleas de gallos.
Por supuesto que hay oposición. Muchos consideran incongruente que se prohíban estas actividades, mientras cada día aparecen decenas de antros, bares y cantinas donde se registran hechos violentos, y todo parece resolverse con el simple pago de una multa.

