La Columna
Por Carlos JARAMILLO VELA
CHIHUAHUA CHIH.- La captura del presidente Venezuela, Nicolás Maduro, por parte del ejército estadounidense, ha dado la vuelta al mundo levantando reacciones a favor y en contra. La caída del dictador venezolano era un anhelo para muchos, pues pese a haber perdido de la elección presidencial en el año 2024, Maduro utilizó de forma ilegal y fraudulenta al aparato oficial a su cargo para desconocer el triunfo de la oposición a fin de mantenerse en el poder.
De manera sorpresiva en la madrugada del sábado 3 de enero de 2026 las fuerzas militares estadounidenses y irrumpieron con decenas de helicópteros y aviones de combate en el espacio aereo venezolano, bombardeando sitios estratégicos de la ciudad capital, Caracas, así como otros lugares aledaños.
El objetivo perseguido y alcanzado fue el arresto de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, para llevarlos de inmediato al territorio de los Estados Unidos.
No obstante los diversos intentos hechos por parte de Estados Unidos para persuadir a Maduro de dejar el poder por la vía pacífica y retirarse a un país neutral donde gozaría de protección, el mandatario venezolano rechazó reiteradamente los ofrecimientos de la Casa Blanca.
Sobre aviso no hubo engaño, pues durante las conversaciones que Donald Trump sostuvo con el dictador Maduro le advirtió que de no abdicar al cargo en forma voluntaria el gobierno norteamericano intervendría para derrocarlo por la fuerza, lo que, como ya hemos visto, aconteció de forma espectacular.
El expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y su discípula y sucesora, la actual presidenta Claudia Sheinbaum, han reaccionado ante la intervención militar que el mandatario estadounidense ordenó para capturar y sustraera Nicolás Maduro.
Ambos políticos morenistas se pronunciaron contra tal acción esgrimiendo el argumento consistente en que esta significó una violación tanto a la libre determinación de los pueblos como a otros principios jurídico-políticos precepuados en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Americana de Derechos Humanos y otros tratados internacionales.
Sin embargo, en el año 2024 ni López Obrador ni Sheinbaum manifestaron condena alguna cuando Nicolás Maduro y su aparato gubernamental cometieron un burdo fraude electoral al desconocer el triunfo de la oposición. Entonces Maduro logró mantenerse de forma ilegítima en el poder, pese a la determinación manifestada por la gran mayoría del pueblo venezolano (70%) a favor del candidato opositor Edmundo González, para lograr un cambio de gobierno.
En esa ocasión ni el ex mandatario ni la actual jefa del Estado mexicano emitieron declaración alguna respecto al robo electoral y usurpación de poder cometidas por Maduro contra la decisión que la mayoría de los venezolanos plasmaron en las urnas.
Hoy López Obrador, Sheinbaum, Maduro y los miembros de la dictadura chavista-madurista, de manera envalentonada alegan respeto a la libre deterimnación de los pueblos, pero callaron cobardemente ante el descarado fraude del año 2024, cuando se le robó al pueblo venezolano su derecho a ser libre y a ser gobernado por un gobierno democrático. A puñaladas iguales llorar es cobardía.
Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua, A.C.

