Por Luis SILVA GARCÍA
CD. JUÁREZ CHIH.- Los chiquillos de aquella época recorríamos el lugar con mas entusiasmo del que ahora tienen los niños cuando recorren los parques de diversiones de Estudios Universal o de Disney, en las grandes ciudades de Estados Unidos, Europa u Oriente.
Podíamos caminar en la enorme plataforma de cemento, y tocar y admirar a sus pies las colosales estatuas que parecen sostener, una a cada flanco, las altísimas columnas puntiagudas de hormigón que, se nos figuraba, subirían hasta tocar el cielo.
Las estatuas, pintadas entonces en color plateado, tienen la forma de mujeres, quienes portan al frente canastos con productos agrícolas, como simbolismo de la producción de la región. Tienen varios metros de altura.
La plataforma de la parte más elevada de la cortina presenta hacia un lado una pared a medio cuerpo en formas de semicírculo, y hacia ese horizonte, a todo lo largo, está el lago, que, según la época del año, podía verse el agua allá abajo, tal vez a 20 metros de distancia, o hasta más, o bien, en tiempo de lluvia, el agua sube hasta derramar por las cortinas en inusual espectáculo.
Hacia el lado contrario la media pared es lineal, interrumpida al centro por el monumento con las estatuas y enormes plumas distintivas, donde se colocaron las placas conmemorativas y descriptivas, parada obligada para leer los textos realzados en el metal.
Hacia ese rumbo, el oriente del cañón original del río San Pedro, se contemplaba solamente vacío, por la gran la altura de la estructura de hormigón y, al levantar la vista, todo el valle irrigado por el agua del sistema del Distrito de Riego 05, que desarrollo la agricultura en Chihuahua para competir a nivel nacional e inclusive internacional.
Permanecer una tarde en ese sitio, sin más que con el sonido del agua, aves y viento, era admirar la naturaleza y el ingenio humano a la vez: A la izquierda las prominencias de la sierra de Rosales; a la derecha el monolito de la montaña llamada “cerro de las vírgenes”, por las formaciones rocosas, de todo tamaño, que se encontraban en el lugar, al menos en los años iniciales, y que parecían figuras de vírgenes de templos, o algo así.
Al contemplar las formaciones que las rocas hacen en las paredes de esta montaña, de acuerdo a como va pegando el sol desde mediodía y hasta el atardecer, era fácil imaginarse figuras espigadas que asemejaban a las de diversas advocaciones de la Virgen María, según la religión católica. Y había figuras de piedra alargadas, desde pequeñas hasta medianas, que la gente recogía y atesoraba como amuletos del lugar.
De ahí vino el nombre popular de la Presa Las Vírgenes, como la mayoría de la gente le dice hasta hoy en día, aunque el nombre oficial con el que e inauguró la obra hace casi 80 años es el de Presa Francisco I. Madero.
Al estar en lo alto de esta estructura contemplaba la imponente belleza en todo el horizonte: el cauce del Río San Pedro serpenteando, aquí abajo muy ancho y a lo lejos en diversas formaciones, siempre con árboles y espectacular verdor en su trazo, hasta perderse tal vez a unos 30 kilómetros, allá donde la vista no daba para más.
El mosaico de las tierras sembradas es similar al que se ve desde las alturas cuando uno viaja en avión: formaciones geométricas en una gama de colores con todo tipo de matices amarrillos, verdes y cafés, y el fondo azul del cielo.
La estructura de la presa derivadora y el inicio del canal principal de riego quedan aquí enfrentito, y a su lado las construcciones de restaurantes, famosos por el pescado “Black Bass” que se sirve entero, frito en aceite con ajo, y que todos dicen que no se encuentra mas que aquí.
Se ven allá carreteras y caminos, los edificios y casas de Ciudad Delicias, fundada en 1933 para aprovechar la irrigación de la Presa Boquilla y después consolidada con esta de Las Vírgenes. También se alcanzan a contemplar manchas urbanas de Rosales y Meoqui. Y cuando andábamos por el lado contrario, por la carretera Panamericana, a la altura de Saucillo, al voltear hacia la izquierda se alcanza a ver, desde allá, la edificación de esta presa.
Cuando la presa derrama demasías de agua el espectáculo es único, lo contemple desde lo contemple, pero en aquellos años nos tocó verlo ahí, a nuestros pies, en el fondo de esa plataforma, donde se une con la cortina principal de derrame; así veíamos la casada desde arriba, en su origen,y percibíamos el poder de toneladas de agua fluyendo a toda velocidad.
La arquitectura de este edificio es calificada como la más bella de su especie quizá en todo el continente, con su estructura de paredes paralelas profundas que hacen de pilares y lucen al frente como paneles, soporte de la pared y del vertedero principal, por el que fluye la cascada de agua de unos 30 metros de ancho y más aún de altura, cuando hay derrame.
El vertedero secundario no es menos espectacular e igualmente gigantesco, solo que este, ubicado a la izquierda al ver de frente, y con un cerro de piedra entre ambos, tiene silueta de resbaladera, con piso de cemento sinuoso en unos 50 metros de largo e igualmente ancho de otros 30 metros, con entrada circular y salida hacia embudo, sin llegar a cerrar menos de unos 15 metros.
Cuando hay derrame, este vertedero semeja una especie de gran rio rápido y forma un espectáculo de agua subiendo y bajando hasta llegar la corriente a ras del suelo y regresar al cauce original del rio San Pedro, ahí donde hay un puente que prácticamente se inunda en las crecientes, exactamente frente a la cortina de la presa.
Bajar a los pisos interiores y pasadizos de la cortina era una de las mas atractivas aventuras, ya que podíamos recorrer, a veces casi en oscuridad, las entrañas de este gran “monstruo” de hormigón, a través depasillos de poco más de un metro de ancho, resguardados con barandales de tubería metálica, que en este tiempo estaban pintados en color naranja.
Subíamos y bajábamos por escaleras metálicas de un piso a otro, en el recorrido por los andamios que seguramente se construyeron para el mantenimiento de la estructura y equipo, y así llegábamos hasta lo más profundo, a la altura de la base de la cortina, donde se ubicaban un par de enormes válvulas electromecánicas, por las que se extraía agua del lago cuando era necesaria para los ciclos agrícolas.
Estas válvulas eran unos aparatos metálicos, de forma redonda, como enormes trompos de unos tres metros de diámetro, que cuando estaban en operación expulsaban una formidable brisa de agua, una especie de chorro a presión como de un metro de ancho que podía llegar a formar una estela de más de diez metros en la salida. Todo un espectáculo que, al recibir rayos del sol, formaba un arcoíris allá en la parte de abajo, donde el rio retomaba su curso luego de la retención de la presa.
En temporada digamos regular, es decir, cuando no había agua en demasía y derrame, se mantenía un estanque muy grande frente a la cortina, lugar ideal para otra de los grandes entretenimientos, que era la pesca de mojarritas mediante el uso de anzuelos y cordel transparente, con lombriz de tierra como carnada.
En una tarde, ya al bajar el sol, en esta ubicación se podían capturar más de cien mojarritas, que luego había que abrir y limpiar ahí en un arroyo para poder conservarlas y llevarlas a casa, a Delicias, donde se cocinaban todo tipo de guisos y caldos con este manjar; y mi mamá tenía que repartir a todos los vecinos, pues era demasiado lo que se pescaba.
En el lago, o vaso de la presa, las posibles aventuras eran palabras mayores, desde un simple paseo en la tarde para tomar aire, o un fin de semana con pesca en las orillas, o bien un recorrido en lancha para pescar en el interior del lago, hasta un campamento de varios días en el que nos quedábamos a la intemperie, con fogatas y noches de charlas de terror, al que nos íbamos solo con un sartén y un poco de manteca: o pescabas o no comías.
Sentarte en una piedra plana a la orilla del lago, para tomar un café y avanzar en una buena lectura era casi el paraíso. Eso hace ya algunos años, pues en recientes visitas a lo que recuerdo más como un lugar de aprecio a la creación natural y a la modificación humana, he visto que ya no lo es tanto. Si se aprecia la belleza de la estructura y se come pescado en los restaurantes; también se puede pasear por el lago en barcazas que rentan, pero ya no se puede entrar a la plataforma de la cortina y en torno al lago hay decenas de casas y edificios que no se que autoridad permitió construir y con qué propósito.
Me parece muy bien que el lugar sea cuidado, máxime cuando muchas personas van a la presa principalmente para consumir bebidas alcohólicas al aire libre y sin ser molestados, pero también podrían aprovecharse los recorridos por la plataforma y hasta por los andenes interiores, por el lago y por sus alrededores, para fines turísticos y culturales de manera ordenada.
Todo esto es parte de la historia de una comunidad que todos tienen derecho a conocer y disfrutar, siempre con respeto a la cultura y al prójimo.

