Por Luis SILVA GARCÍA
CD. JUÁREZ CHIH.-
Buena parte del acontecer de la fotografía periodística –y del periodismo en general– fue repasada la noche del sábado 7 de marzo en Cd. Juárez durante la presentación del libro “Sin miedo a la luz”, del zacatecano Pedro Valtierra Ruvalcaba, en una peculiar reunión en el teatro Experimental Octavio Trías.
“Estoy asustado, todo ha cambiado radicalmente con las tecnologías, con la influencia de intereses en los gobiernos y ahora con el control por parte de los grupos del Crimen organizado” afirmó el fotógrafo, a pregunta expresa de alguna asistente interesada en el tema.
Valtierra es indudablemente el fotoperiodista más importante de México y así se le reconoce desde hace muchos años en el extranjero, pero, como suele pasar, en nuestro país es más reconocido cualquier chavalito(a) que logra muchos likes en facebook o que berrea aullidos en la pantalla de TV. Los valores de la cultura se dejan a un lado.
Pedro aclaró a los asistentes que no necesariamente por cargar una muy buena cámara fotográfica tenemos un buen fotógrafo –e hizo un símil—, como no necesariamente quien porta una pluma estilográfica de la marca Montblanc es un buen escritor.
“No me considero un artista (luce así una cualidad inherente que porta: apabullante humildad), admiro mucho a los artistas, son personas con un talento muy especial, me encanta la obra de Van Gogh; yo solamente retrato lo cotidiano, retrato a las personas”, explica cuando, en la gran pantalla de fondo, aparece la imagen de una mano de hombre maduro en una cerca de alambre de púas y, difuminada atrás, se distingue la persona.
Es la estampa que se titula “Refugiado en Guatemala”, tomada en Chiapas en 1981, misma que ha sido empleada en Cataluña como ejemplo de lo que se considera arte en el oficio fotográfico. El autor no se opone a ese concepto, pero para él es solamente el quehacer cotidiano.
Es ese quehacer cotidiano que adquirió desde muy joven, a los 16 años de edad quizá, cuando era bolero en las oficinas de Presidencia de la República, en Los Pinos,y se encontró con el que considera uno de sus principales maestros de fotografía: Manuel Madrigal.
Dos situaciones iban a marcar a ese personaje zacatecano, jovencito por entonces:
- Cuando por primera vez entró al laboratorio de fotografía, es decir, al cuarto oscuro donde se revelaban los negativos y se imprimían las placas; y ahí, ante la magia de la aparición de imágenes en el papel por el contacto de los químicos, entendió que su vocación era de fotógrafo. Y decidió que se dedicaría a ello.
- Cuando Madrigal, como buen reconocedor de talento, le daría un impulso definitivo con una sola frase: “Pedro, vas a ser fotógrafo cuando le pierdas el miedo a la luz”. La frase se quedó tatuada en el quehacer del fotógrafo y hasta hoy es un halo que sostiene sus principios, talentos y quehaceres.
Perder el miedo a la luz, en el caso de Valtierra, ha sido más que nada apreciar y reconocer el auténtico monto de la luz, pues a través de un magistral manejo de este elemento nos hace llegar sus imágenes en un poema de irradiaciónexacta, con fuerza inusitada, con verdadero arte. Aunque su humildad no le permita llamarlo con ese nombre, lo cual también es valioso.
En la presentación del libro, flanqueado por los compañeros de la lente Itzel Aguilera y Gabriel Cardona, el autor platicó cómo ha tenido la costumbre y disciplina de guardar todos los negativos que ha tomado en su carrera, y que suman más de 200 mil, de los cuales hubo de seleccionar los 180 que aparecen en esta obra y que son exacto compendio de los más de 50 años de una carrera aún vigente y en persistente construcción.
Además de todas la fotografías y un pasaje de entrada del propio autor, el libro es aderezado con textos de Ricardo Yáñez, Elmer Mendoza y Pedro Mellado Rodríguez, en poesía, pies de grabado y prosa; es una aportación de personas que han convivido con él a lo largo de su carrera, o sea, le conocen la esencia.
A través de la lente y de una asombrosa sensibilidad para captar el momento, el fotoperiodista ha plasmado acontecimientos de conflictos armados, protestas contra el poder, manifestaciones, oficios e innumerables situaciones de lo que él mismo define como “lo cotidiano”, y que a través de su mirada se convierte en noticia y en documento histórico. Ese es el poder que Pedro tiene y que ha puesto al servicio de la sociedad.
Valtierra ha sido fotógrafo de El Sol de México, Uno Mas Uno y La Jornada, además de colaborar con muchos medios extranjeros. Fundó la agencia fotográfica Cuartoscuro, que hoy es la más importante del país, y también inició la revista de fotografía con el mismo nombre, única en su género a la fecha en México. Es impulsor de actividades culturales y académicas relacionadas con la fotografía, integra exposiciones y colabora en museos, a través de la Fundación Pedro Valtierra A.C.
Entre un cúmulo de premios y reconocimientos recibidos en su trayectoria, podemos citar: Varias ocasiones el Premio Nacional de Periodismo, tanto por fotografías como por trayectoria; Premio Rey de España a la Mejor Fotografía Noticiosa en 1998; Medalla de Plata de la Organización Internacional de Periodistas en Moscú en 1986; segundo Lugar en el Concurso México en la Encrucijada en Alemania 1994; Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Zacatecas.
En la presentación del libro se realizó un repaso de imágenes que salpican su carrera desde África, Europa, y toda América, particularmente de Centroamérica, pero en la que destacan pasajes de todo México,de las personas coterráneas, y sobre todo de escenas que nos acercana la realidad de los más necesitados, de las comunidades marginadas, de quienes aún en el sufrimiento y padecimientos, reflejan agradecimiento a la vida. Todo ello sale la mirada de Valtierra; y no cualquiera lo logra.
He tenido el incomparable privilegio de convivir y trabajar al lado de Pedro Valtierra, quien es ese profesionista reconocido y laureado en varios países del mundo, pero disfruta más al ser gran amigo; ahí donde su personalidad sencilla y transparente lo hace aparecer muy, pero muy grande.
Un día reporteando en Chihuahua, en 1986, me dijo: Luis, vamos a intercambiar papeles, tu vas a hacer la fotografía y yo voy a escribir la nota. Así lo intentamos y quien salió ganando en esa propuesta fui yo, pues pude aprender algo del maestro de fotografía, tanto que hasta hoy en día captar imágenes es uno de mis hobbies favoritos y, por Pedro, me llegaron a publicar no pocas fotografías cuando fui socio fundador y corresponsal de La Jornada. Pero Pedro nunca logro cuajar un párrafo de nota periodística en aquel intento.Lo suyo es la fotografía y por favor no me lo distraigan.
Recuerdo una ocasión en la Cd. de México, en 1988, en aquellos días después de la elección a la Presidencia de las República. Con Pedro y un grupo de fotógrafos y reporteros estuvimos en el Bar Negresco, que se ubicaba a una cuadra de donde entonces estaba el edificio de La Jornada. Ahí pasamos la noche en amena platica y ya saliendo el sol yo me fui al hotel a bañarme para ir a reportear la marcha programada del Frente Democrático Nacional.
Al ubicarme de frente al inició de la protesta, en Paseo de la Reforma, vi, que arrancó la marcha con una gran manta de lado a lado de la calle, y al frente de esta escena venía caminando de espaladas y tomando imágenes nada menos que Pedro Valtierra. Siempre al pie del cañón con ese profesionalismo y oportunidad de le caracterizan. “Éramos muy jóvenes entonces”, me comentó ahora, al término de la presentación del libro, cuando le recordé la anécdota.
Pedro es un gran fotógrafo, pero también un luchador social, que con valentía denuncia las situaciones, con sus imágenes, pero también de palabra cuando es la ocasión: en su análisis de la situación actual del periodismo juzga que el control de los medios y de los periodistas es muy grande, por parte de los poderosos, de los gobiernos y ahora de los sectores del crimen organizado.
Todo ello agravado por la aparición de tecnologías que han relajado las normas y el rigor en el ejercicio, tanto de la nota periodística como de la imagen ilustrativa de los hechos. Más aún con la invasión de la la inteligencia artificial y de los drones, que parecen suplantar la actividad y el talento de los reporteros y fotógrafos. Sobre estas realidades advierte, públicamente, con valentía y propiedad, Pedro Valtierra.
Es una lástima que su presencia en la frontera pase muy desapercibida. Estaba ahí el personaje compartiendo su experiencia y sabiduría, y no vi a los alumnos que estudian comunicación o periodismo, o a los que dicen que les interesa la fotografía; tampoco vi a sus maestros de universidades, y menos a aquellos que se autonombran sabiondos o “influncers” en las redes sociales. Solamente algunos fotógrafos, periodistas de la vieja guardia y funcionarios de cultura. Tal vez falta promoción, pero no no se aprovecha lo que de verdad vale.
Gabriel Cardona, fotógrafo local que fue invitado a amenizar esta presentación, se refirió al concepto ancestral de que el fotógrafo roba el alma de aquellos a quienes toma una fotografía, y confesó a Pedro, cara a cara, en inusual homenaje: “pues si, Pedro, robas el alma, pero no solo a los que retratas, sino a todos los que convivimos contigo”. Y arrancó discreta lágrima al enorme fotoperiodista mexicano.
P.D. A quienes están en Cd. Juárez: no dejen de visitar la exposición de fotografías de Pedro Valtierra “Volver a la Tierra del Quetzal”, montada en Museo de Arte de Cd. Juárez y que permanecerá ahí hasta todo el mes de mayo 2026.

