El cerebro

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Por Luis SILVA GARCÍA

CHIHUAHUA CHIH.- Una de las preocupaciones más notorias de las personas es la longevidad; siempre se ha deseado vivir más y vivir mejor; y el apoyo para ser mejores esta en el razonamiento, en el pensamiento, en la inteligencia, en los descubrimientos, en los estudios y su aplicación en bien de la humanidad.

Los avances científicos han logrado prolongar el promedio de años que vivimos, pero otros aspectos entorpecen el bienestar, como la sobrepoblación y la desigualdad social.

En el actual entorno de desarrollo de inteligencia artificial, es oportuno revisar uno de los órganos que todavía permanecen sin ser descubiertos en su totalidad y menos aún entendidos en su funcionamiento e importancia: el cerebro humano.

El doctor en neurociencias Francisco Mora explica que “el cerebro es un órgano plástico. A lo largo de la vida, se transforma, se reconfigura. Al igual que se pueden ejercitar los diferentes músculos del cuerpo, es posible entrenar el cerebro para que sus conexiones se den de la mejor forma posible y contrarrestar, así, el deterioro cognitivo, el estrés y el estancamiento creativo”.

Ahora la comunidad científica está concentrada en saber cómo funciona nuestro cerebro, por ello al siglo XXI se le denomina “el siglo de la mente”, ya que se aspira a entender los procesos del cerebro y aprovechar su estudio para el crecimiento humano.

Otro neurocientífico, David Eagleman, nos recuerda que hay tantas conexiones en un solo centímetro cúbico de tejido cerebral como estrellas en la galaxia de la Vía Láctea. Asunto casi inimaginable, pero ejemplo contundente de la complejidad del ser humano.

Me resulta apabullante la realidad de los siguientes datos:

  • El 20% de la energía corporal diaria es consumida por el cerebro, a pesar de que pesa menos de un kilo y medio.
  • El cerebro permanece activolas 24 horas al día para gestionar las funciones vitales, incluso mientras dormimos.
  • Hasta que cumplimos los 25 años de edades cuando el cerebro acaba de desarrollarse: la corteza prefrontal, que controla el razonamiento y la regulación emocional, es la última en formarse.
  • La información en el cerebro viaja a una velocidad de 431kilómetros por hora.
  • Son 86 milmillones de neuronaslas que componen el cerebro.
  • El cerebro humano genera 10 vatios de potencia, suficiente para encender un foco.

Esto nos lleva a pensar en la importancia del cerebro, y lo primero es protegerlo, por lo cual debemos cuidarlo de los siguientes factores de riesgo:

  • La vida sedentaria: La falta de actividad física afecta a la función cerebral y puede incrementar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas y de accidentes cerebrovasculares.
  • El descuido en la alimentación: La dieta alta en azúcares refinados y grasas saturadas se asocia con atrofias cerebrales entre las personas mayores. La falta de consumo de vegetales, frutas y alimentos ricos en grasas saludables aumenta la inflamación y favorece el deterioro cognitivo.
  • Actividad que produce estrés: Mantener altos niveles de estrés de forma prolongada afecta a las neuronas, aumenta la reactividad emocional, contribuye a la disfunción de la corteza cerebral, dificulta la concentración y reduce la velocidad de procesamiento. Asimismo, el daño oxidativo puede aumentar la inflamación e incrementar la vulnerabilidad.
  • La soledad: El aislamiento prolongado y la falta de interacciones sociales repercuten sobre la función cerebral, la salud física, el estado de ánimo y la autoestima, con consecuencias similares al tabaquismo o la obesidad.

Los riesgos citados son el pan de cada día en nuestras comunidades, y precisamente por ello debemos combatir las malas costumbres y conductas, y tomar en consideración aquellas actividades, hábitos y acciones que nos aporten una sensación general de bienestar.

Lo primero a revisar es la actividad corporal, mantenerse en movimiento, y para ello hay tres recomendaciones mínimas:

  • Ejercicio aeróbico: Mover el cuerpo al menos tres veces por semana, con una intensidad moderada protege al cerebro contra la atrofia neuronal y mejora el estado de ánimo. La Organización Mundial de la Salud, de la ONU, recomienda unos 150 minutos de ejercicio semanales.
  • Levantamiento de pesas: Incluir sesiones de fuerza en el entrenamiento físico no solo fortalece los músculos, sino que también mejora la función cognitiva y la memoria a largo plazo.
  • Caminatas en la naturaleza: Caminar por espacios verdes, como parques, bosques y montañas, o por espacios azules, como la playa y el mar, se asocia a una menor angustia psicológica y contribuye a disminuir el estrés.

Pero igualmente importantes son la recomendaciones de ejercicios mentales:

  • Aprendizaje: Aprender un nuevo idioma, a tocar un instrumento o asistir a una clase de baile, por ejemplo, contribuye a la creación de nuevas conexiones neuronales y favorece la plasticidad cerebral.
  • Manualidades: Realizar actividades como la cerámica, la costura, el tejido o la pintura, ayudan contra el estancamiento creativo y mejoran la sensación de bienestar, y contribuyen además a la salud mental.
  • Rompecabezas: Armar puzles, crucigramas, sopas de letras o, en general, involucrarse en juegos que impliquen tareas de análisis y compresión, fortalece la memoria de trabajo, la velocidad de procesamiento, el razonamiento y la flexibilidad cognitiva.

Y aún sin necesidad de movimiento y esfuerzo físico, muy recomendables son las actividades del pensamiento y búsqueda de la paz mental permanente, para lo cual se proponen:

  • Meditación: Los ejercicios de atención plena favorecen la concentración, la memoria y el equilibrio emocional. Tan solo 10 o 20 minutos de práctica diaria contribuyen a la salud mental y generan cambios observables en el cerebro.
  • Respiración: Las técnicas de respiración mejoran la oxigenación cerebral, reducen el estrés y potencian la función ejecutiva y la capacidad de atención.
  • Escuchar música: Cantar o escuchar la música que nos gusta estimula zonas del cerebro relacionadas con el procesamiento emocional, la atención y el placer, lo que ayuda a mejorar el estado de ánimo.

Y para darle fortaleza al cerebro y mantenerlo preparado para enfrentar tanto el desgaste de la edad como el del entorno social, los especialistas nos recetan nutrir el cerebro:

  • Omega-3: Consumir alimentos ricos en ácidos grasos omega-3, como el salmón, las sardinas, las nueces y el brócoli, favorece los procesos neuronales, reduce la inflamación y protege del estrés oxidativo.
  • Sueño de calidad: Dormir mal puede envejecer prematuramente el cerebro; por el contrario, una buena higiene del sueño contribuye a la consolidación de la memoria y del aprendizaje, a la eliminación de “residuos” cerebrales y está relacionada con un menor riesgo de demencia.
  • Socialización: Fomentar la interacción social y las relaciones de calidad contribuye a la salud física y mental, aumenta los estímulos neuroquímicos beneficiosos como la dopamina, la oxitocina y la serotonina, mejora la función cognitiva e incrementa la sensación de bienestar.

En resumen, en ese afán de vivir más y mejor, tenemos los recursos a nuestro alcance: madurar con bienestar es principalmente afán de uno mismo, solo se requiere disciplina, conocimiento y pensamiento.

Cerramos con una frase de Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina 1906 (de hace 120 años, nada más) “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

(Con información y datos de “Cómo mantener el cerebro en forma”; Revista ethic; España).