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Nomenclaturas sin memoria

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ.- Virgilio Caballero (1942-2019), periodista de la televisión pública mexicana, era el director del Canal de Televisión del Congreso de la Unión en su etapa inicial a partir del año 2000 y a mi me tocó fungir como Coordinador de Información, su segundo de a bordo en este proyecto en la Ciudad de México.

Me dijo aquel día:

— Luis, te invito a comer y sirve que ahí revisamos los pendientes que traemos con las presiones de los grupos parlamentarios; nos vemos a las 2:30 ahí en el restaurante Danubio.

— Perfecto ¿y dónde queda ese restaurante?.

— Esta ahí entre República de Uruguay y República del Salvador, es la puerta antigua de madera azul, pero tienes que subir las escaleras hasta el segundo piso.

Así me explicó, muy al estilo de la gente experimentada que supone que todo mundo conoce los lugares y santo y seña de sus particulares correrías.

— Está bien Virgilio; creo que si llego, yo me ubico fácilmente, solo que no me has dicho cual es la calle.

— Ah, pues es en San Juan de Letrán.

Ahora si me destanteó, pues el nombre me sonaba conocido pero no daba a ubicar dicha calle, por lo que fui a preguntar a otro compañero, también grande de edad, igual que el director, al sospechar que quizá estaba yo siendo víctima de un arcaísmo. Y si; me explicó el compañero:

— Es que la Avenida de San Juan de Letrán se llamó así desde la época de la Colonia, pero gobernantes recientes le cambiaron el nombre por el de Eje Central Lázaro Cárdenas, pero es la misma. La gente mayor, como Virgilio, le van a decir por su nombre original toda su vida (y así sucedió efectivamente).

Ahora si me ubiqué, es la gran calle donde están edificios tan emblemáticos como la Torre Latinoamericana, Bellas Artes, El Correo Mayor y muchos más. Fácilmente di con el Restaurante a la hora indicada.

Pero me quedé pensando que en nuestro México querido tenemos muchos más “héroes” que calles, pues es común que los gobernantes en turno, de acuerdo a intereses, ideología o filias, le anden cambiando los nombres a las calles, o también que existan rúas que ostentan a la vez varios nombres de “héroes” en distintos tramos.

Y pongo entrecomillado héroes no porque no lo sean (en muchos casos lo son y hasta oficialmente reconocidos), pero cuando hablamos de estos personajes que dan nombre a calles, hay que considerar que las fuerzas en el poder siempre tienen carga ideológica, por lo cual los héroes que se designan necesariamente son de alguna tendencia o partido, de manera que tienen sus adeptos, y también sus antípodas.

En consecuencia, siempre va a haber quienes estén muy de acuerdo en que se le ponga el nombre de fulanito a su calle, pero ahí mismo va a vivir quien se retuerza de coraje. Es natural, porque dice el dicho: lo que en Francia está muy bien, está muy mal en la China. O lo que es lo mismo: en gustos se rompen géneros. Ante intereses diversos muy difícilmente nos vamos a poner de acuerdo.

Lo que no me parece correcto es que para “venerar” a sus próceres, sean del tamaño que sean, o por el interés que sea, y por lo motivos que les acomoden, tengan que pasar sobre una costumbre o tradición mediante la cual la comunidad conoce a cierta calle, y ahora vengan y le impongan otro nombre.

¿Por qué no van a ponerle esos nombres a las obras que sus gobiernos estén construyendo o a las nuevas calles que se están trazando en las crecientes urbes? No, tienen que venir a aprovecharse de lo que ya es conocido y donde la gente pasa todos los días, así sea desde inmemorables épocas.

Tal vez los gobernantes en turno, para pararse el cuello ante sus adeptos, o para juntar algunos votos más en la próxima elección, confían en ya quedó en el olvido el origen o motivo por el que a una vialidad se le llama de cualquier forma. Pero están trastocando las costumbres, cultura e idiosincrasia de una comunidad.

Un día llegué a la ciudad de Chihuahua con cierto apuro para arribar a un compromiso y un amigo me orientó para trasladarme con mayor rapidez:

— Vete ahí por la Teófilo Borunda, llegas de volada.

— Y esa cuál es, ni la conozco, es nueva.

— No es nueva, es el canal del Chuvíscar, solamente que ya le cambiaron el nombre.

Otro lastimoso caso: Teófilo Borunda fue un gobernador del estado, político de la época dura del PRI, destacado, con dotes de caudillismo, por lo cual sus aficionados le conceden enormes méritos, pero también hay quienes ponen en duda su honestidad. Y en lo que me tocó conocerle, se que si repartía dinero a periodistas para protección. Entonces; seres humanos, con virtudes y defectos. ¿Es válido que una calle lleve su nombre? pienso que sí, pese a deficiencias.

Pero el canal el Chuviscar es la obra de urbanización del río en el que, en 1709, se fundó el Real de Minas de San Francisco de Cuellar, por parte del gobernador de la Nueva Vizcaya, Antonio Deza y Ulloa; la población luego pasó a llamarse San Felipe del Real de Chihuahua, hoy Ciudad de Chihuahua.

San Felipe del Real no era solamente un brandy, como muchos creen recordar, era el nombre de la ciudad mineral de aquella época, pero la historia se nos queda en el olvido y luego nos la quieren suplantar por nombres de personas de reciente existencia que, tendrán su mérito, pero difícilmente mayor al de la historia.

La zona del Río Chuviscar es escenario central de múltiples pasajes que forjan la capital de Chihuahua y en gran medida la cultura estatal, entre los que se pueden citar las batallas con la apachería, los combates para contener la Intervención Francesa, la persecución a Benito Juárez en la Reforma, los enfrentamientos de la Revolución Mexicana con Pancho Villa como personaje central, el desarrollo de la agricultura y el comercio locales, la puesta de ferias y espectáculos, y a su lado, la construcción del edificio que por décadas fue lo que se veía al llegar a la población: la Catedral de Chihuahua.

Todo esta historia se acumuló mucho antes de que Teófilo Borunda fuera siquiera engendrado, como para que algunos políticos, con fines muy particulares, quieran borrar de un plumazo los acontecimientos que forjaron a Chihuahua. Chuvíscar, para los chihuahuenses, tiene un significado muy importantedesde la raíz. Por favor, pongan sus nombres en otras calles y no menoscaben la historia.

Cd. Juárez es una urbe de más reciente crecimiento, pero ni por ello se ha librado de que políticos en turno vengan a cambiar nombres a calles que ya se conocían popularmente con otra nomenclatura, y es el caso de la Avenida Manuel J. Clouthier, que hace ya muchos años se le cambió de nombre oficialmente, pero que hasta la fecha la mayoría de las personas la conocen como Avenida Jilotepec y más comúnmente se le denomina “La Jilo”.

La Jilo no tiene una carga histórica, pero si una popularidad que emana de la época de la explosión demográfica en la frontera, y esa calle se hizo una vialidad importante en la zona de crecimiento porque resultó la única que unía el poniente con el oriente de manera medianamente eficiente, antes de que Francisco Villarreal desarrollara los ejes viales hace 30 años (Municipio Libre, Zaragoza, Paseo de la Victoria y Juan Gabriel) que, dicho sea de paso, siguen siendo la vialidades más importantes de Juárez, ya insuficientes.

Jilotepec, desde la Carretera Juárez-Porvenir (hoy Gómez Morín –otro caso) era la única manera de cruzar Juárez en ese sentido, por eso se hizo muy transitada y conocida, y aunque no tiene mas contexto histórico, si es la primera rúa que cruzó lo arenales con pavimento en aquella zona y créame que, en esta cultura del desierto, eso tiene gran significado. Así se llamó La Jilo y así se queda, aunque los regidores en turno digan otra cosa.

Hay innumerables casos más en todo el país, no terminaríamos nunca si intentáramos hacer un recuento, porque parece que los cabildos de los ayuntamientos se vanaglorian de que la nomenclatura es su facultad y por tanto se agarran a cambie y cambie nombres de calles, de acuerdo al partido, gobernante o interés en turno.

Y si es su facultad, pero no es su única ocupación y seguramente ni la principal, sobre todo cuando las ciudades y municipios de nuestro país tienen tantas carencias y deficiencias evidentes en materia de infraestructura y servicios públicos, sin nombrar ya los temas de cultura y educación.

También en la Ciudad de México un amigo me platicó que un día se despertó con la novedad de que le habían añadido un carril al Viaducto Miguel Alemán. Fue corriendo a ver que clase de obra habían hecho para resolver el problema grave de tráfico, y se encontró con que la “gran obra”consistió en que borraron la raya central que dividía el calle en dos carriles para pintar otras dos nuevas y tener un tercer carril, obviamente más reducidos y riesgosos. Así se las gastan nuestros gobernantes con las obras que presumen.

Y vamos a ver quienes se quieren colgar la medalla con las calles que acaban de renombrar en Chihuahua: El Circuito Universitario se llama ahora Circuito Universitario Francisco Barrio Terrazas; La Avenida de las Industrias pasa a ser la Avenida de las Industrias Samuel Kalisch; y la Avenida de La Cantera es ahora la Avenida de La Cantera Víctor Cruz Russek.

Y para taparle el ojo al macho a la iniciativa del Alcalde Marco Bonilla (quien pretende ser candidato a gobernador), el cabildo no autorizó cambios de nombre a las calles, sino solamente adicionó los nombre de sus preferidos, los tres recientemente fallecidos.

Ahora, con esos enormes nombres oficiales de las calles complican cualquier oficio en el que deban ser mencionadas y las operaciones de reparto y tránsito en general, como si de por si no fueran ya complejas nuestras nomenclaturas, cuando las zonas postales son generalmente confusas. Antes que ser un buen recuerdo de esos personajes van a ser una monserga para los que requieran el uso de los nombres de las calles.

Y hay de nombres a nombres: Francisco Barrio Terrazas, panista, fue el primer gobernador de oposición en el estado, figura nacional de la alternancia, líder indudable, reconocido generalmente por amigos y enemigos, sin dudas en cuanto a su sencillez y honestidad, no se enriqueció desmedidamente como otros gobernantes. Y de estas tres calles citadas le tocó la menos importante, menos recorrida y mas escondida.

Samuel Kalisch, empresario panista, reconocido por sus éxitos principalmente en el negocio de fierro y acero, así como por su apoyo a las causas de su partido durante las contiendas que pusieron a Chihuahua en el ojo del país e internacionalmente, y también como dirigente de organismos empresariales. La avenida de la las Industrias puede justificarse de alguna manera con su nombre.

Pero el caso más polémico es el de Víctor Cruz Russek, empresario empoderado, eso si, nunca reconocido por actividad política; desarrolló y tal vez hasta apuntaló negocios familiares que ya venían de los apellidos Cruz y Russek; eso le toco en suerte.

Pero más suerte aún parece que le tocó para que el cabildo de Chihuahua le asignara su nombre a una de las rúas más importantes y recorridas hoy en día en la capital, que es la Avenida de la Cantera, la que cruza el corazón moderno de la urbe y es paso obligado para transitar por la zona de mejor urbanización de la ciudad.

Hay cientos de personajes chihuahuenses, del pasado y del presente, que, con toda claridad, independientemente de filias y fobias (que siempre existirán), tendrán mayores méritos que Víctor Cruz para que su nombre pudiera quedar en una calle importante de la ciudad.

Entonces, no queda más que señalar que el único mérito de esta persona fue el de ser esposo de la gobernadora Maru Campos, del 28 de enero al 5 de octubre de 2025, día en que falleció de cáncer. Ciertamente, es muy cuestionable que este hecho pueda ser considerado “un mérito” en términos de bien común.

Lamentablemente se escribe una página más de intereses muy particulares para los asuntos públicos y, los gobernantes, antes que preocuparse y ocuparse por que se les recuerde por su buen gobierno, se concentran en querer dejar labrados sus nombres en letras de oro, como si estuviéramos en los sistemas monárquicos de las familias reales.

Esa es la “realeza” de nuestros “grandes ranchos”, a ese escalón aspiran a trepar los empoderados y sus familiares. ¿Y la democracia y el bien común y el servicio al pueblo? Hay muestras muy claras de que esos conceptos ni les importan ni los conocen.