Por José Luis JÁQUEZ BALDERRAMA
CHIHUAHUA CHIH.- La concentración del poder, la exacerbación del estilo personalista y plebiscitario del “líder” o “caudillo”; el desarrollo de una cultura patrimonialista que rayan en el autoritarismo, son el mejor ejemplo lo que está ocurriendo en los países con gobiernos populistas, sobre todo en América Latina.
En la historia de nuestra nación, también han aparecido populistas con intenciones de ser eternos, que según el diccionario:”es aquello que dura mucho o parece no tener fin”.
De hecho, el gobierno de Lázaro Cárdenas en los años treinta aportó a los analistas políticos muchos de los criterios para señalar el fenómeno. Posteriormente,gobiernos como los de Luis Echeverría y José López Portillo en los años setenta; el de Carlos Salinas de Gortari en los noventa y recientemente el gobierno de Andrés Manuel López Obrador
El concepto tomó fuerza en América Latina con la llegada al poder de populistas como Hugo Chávez, Daniel Ortega, Nicolas Maduro, Evo Morales y Rafael Correa.
La estructura discursiva es de tipo ideológico, con su constante llamado a la soberanía popular, que ha redituado en un espléndido chantaje-amenaza de las movilizaciones.
La protesta, ha sido un claro recurso para agredir a las instituciones y llegar a las negociaciones e intercambios políticos con mayor fuerza.
Pero también, se conjuga una fuerte presencia en los medios de comunicación (radio, televisión, plataformas digitales) sobre todo los propios o los conocidos como “oficiales”, lo que permite una proximidad con la sociedad.
Ante todo este panorama político, la población necesita de un mensaje de esperanza y de cambio; la existencia de personajes dispuestos a encarnar el liderazgo sin demasiadas ataduras. Y no creer en “ mesías” o líderes populistas que prometen el “sol y las estrellas”.
Es trascendental que los auténticos líderes se mantengan en constante comunicación con la sociedad, de manera transparente y defensa de las instituciones; y que las propuestas de gobierno vayan de acuerdo a los intereses de la sociedad y no coyunturales del momento de crisis o electoral.

