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JDNH: Querido Santa Quetzalclaus o la Nvidad Nahuatlaca y nacionalismo revolucionario

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JIRONES DE NUESTRA HISTORIA

 QUERIDO SANTA QUETZALCLAUS O LA NAVIDAD NAHUATLACA Y EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO

 Por José Luis JARAMILLO VELA

El fin de la Revolución y el inicio del Nacionalismo Revolucionario

DELICIAS CHIH.- El 21 de mayo de 1920 es asesinado el Presidente, General José Venustiano Carranza de la Garza en Tlaxcalantongo, Puebla, el grupo de Los Sonorenses toma el poder e históricamente se da por concluida la Revolución Mexicana; con la llegada del nuevo Presidente, General y Licenciado Adolfo de la Huerta Marcor, quien hasta ese momento se desempeñaba como Gobernador del Estado de Sonora; vienen tiempos de cambio, el Presidente de la Huerta, de forma interina, debe pacificar al país y organizar las elecciones, tareas nada sencillas ninguna de las dos.

El trabajo de Adolfo de la Huerta como presidente interino ha sido poco valorado por la historia, él entendió muy bien su tiempo y su circunstancia; el país ya no podía seguir desangrándose y sin rumbo fijo, pues de seguir así, iba a ser presa fácil de Estados Unidos; recién asesinado Carranza, quedaron muchos grupos revolucionarios sueltos y en pie de guerra; de la Huerta tenía unos cuantos meses para pacificar al país y organizar elecciones, entonces toma la opción más arriesgada: convencer al General Francisco Villa de deponer las armas; Villa y el grupo de Los Sonorenses eran enemigos y ahí estaba el secreto, de la Huerta debía ganarse la confianza de Villa y así sucedió, una vez que Villa depuso las armas, todos los demás grupos armados depusieron sus armas y con eso se dio por terminada la Revolución Mexicana.

El Nacionalismo Revolucionario

Sin embargo, de la Huerta y Los Sonorenses tenían una agenda política y social mucho más amplia, querían unificar al pueblo de México en torno a un nacionalismo mexicano puro, y para ello buscaron en lo profundo de nuestras raíces, impulsando con ello una nomenclatura en las políticas públicas e institucionales en donde comenzaron a abundar palabras como“nacional”, “mexicano”, “azteca”, “autóctono”, “revolucionario”, y por supuesto, el Gobierno Federal impulsó, promovió e incitó entre la población a utilizar nombres en náhuatl para sus hijos e hijas y así se popularizaron nombres propios como “Cuauhtémoc”, “Moctezuma”, “Cuitláhuac”, “Xicoténcatl”, “Tláloc”, “Xóchitl”  y muchos otros, todo ello con la finalidad de crear en los mexicanos un espíritu nacionalista, de arraigo y unificado en torno a un gobierno revolucionario, emanado desde lo profundo del pueblo mexicano.

A esta etapa se le llamó Nacionalismo Revolucionario y tuvo su mayor auge de 1920 a 1930, durante los gobiernos de Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil y Pascual Ortiz Rubio, en donde se exaltó al máximo esta corriente política, que se radicalizó con Plutarco Elías Calles, chocando de frente con la fé católica del pueblo mexicano, políticas extremas que desencadenaron la Guerra Cristera, misma que apagó el Presidente Emilio Portes Gil, con extraordinario oficio político.

La Navidad, el último estertor del Nacionalismo Revolucionario

En 1930, toma posesión el Presidente, Ingeniero y Coronel Pascual José Rodrigo Gabriel Ortiz Rubio, quien era un títere de Plutarco Elías Calles (similar al gobierno actual); Ortiz Rubio, seguía la línea del Nacionalismo Revolucionario y decidió llevar esa corriente nacionalista a las festividades navideñas, sustituyendo al popular Santa Claus, por el dios azteca Quetzalcóatl; esa desmedida y a veces retorcida exaltación de la mexicanidad y las raíces prehispánicas llevadas a las políticas públicas, la educación, la ciencia, la cultura y las artes, ahora era llevada a la Navidad y a la gastronomía mexicana.

El Presidente Ortiz Rubio por decreto quiso imponer al Mole de Guajolote como el Platillo Nacional de México, debido a que era el preferido de los Tlatoanis mexicas, ignorando a los chiles en nogada y otros platillos emblemáticos de nuestro país; la ocurrencia no prendió en el gusto popular, debido a eso mismo, que era una ocurrencia impuesta y a que el guajolote se acostumbraba para fechas navideñas y no estaba disponible ni todo el año, ni en todo el país, así es que fracasó esa ocurrencia.

El 23 de noviembre de 1930, el Presidente Pascual Ortiz Rubio instruye al Secretario de Educación Pública, Carlos Trejo y Lerdo de Tejada a borrar por completo la figura del Santa Claus de las Fiestas Navideñas de México, que a la postre sería una muy mala decisión presidencial que a punto estuvo de convertirse en un costoso error político…

Ocurrencias políticas que pueden desencadenar problemas sociales

Ese mismo día, 23 de noviembre de 1930, Ortiz Rubio anuncia a los cuatro vientos que “vamos a borrar a Santa Claus y a los Reyes Magos de la Navidad mexicana pues Quetzalcóatl es el creador del cielo, de la tierra y de la vida; vamos a engendrar en el corazón de los niños mexicanos el amor por nuestra cultura y nuestra raza”, luego el Secretario de Educación Pública remataba orgulloso que “ahora los niños de México le pedirán sus regalos únicamente a Quetzalcóatl y él se los traerá”

Solo había un pequeño detalle en el que no repararon ni el Presidente Ortiz Rubio ni su Secretario de Educación Carlos Trejo al tomar esa decisión: apenas un año antes había terminado la Guerra Cristera que duró tres años y que dejó casi 300 mil mexicanos muertos, las heridas apenas habían comenzado a cicatrizar, aun había rescoldos y agravios mutuos que estaban en proceso de sanación, cuando viene esta ocurrencia presidencial que a punto estuvo de volver a incendiar al país.

El Secretario de Relaciones Exteriores, Genaro Estrada Félix estaba en vías de recomponer con éxito las relaciones con el Vaticano, el Papa Pío XI y la Iglesia Católica Mexicana, cuando al Presidente Ortiz Rubio se le ocurre semejante idea; entonces el Papa Pío XI pone en pausa el proceso de reconciliación con México y la Iglesia pone el grito en el cielo, pues esa medida representaba nada más y nada menos que borrar de un plumazo y por decreto la celebración más importante del catolicismo, el nacimiento de Jesucristo con el Día de Navidad, el 25 de diciembre y luego el 6 de enero, con el Día de los Santos Reyes (Epifanía del Señor) y no solo eso, se pretendía sustituir al nacimiento de Jesucristo por el dios Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, cuando la serpiente es el máximo símbolo del pecado, la traición y la maldad en el catolicismo; esto era una afrenta directa no solo a la Iglesia Católica Mexicana, sino a la fé católica de todo un país que acababa de salir de la Guerra Cristera y se veía de nuevo agraviada por el gobierno.

Intereses políticos + intereses religiosos + intereses comerciales = problemas

Con el Papa Pío XI reclamando por un lado y la Iglesia Católica Mexicana amenazando con volver levantase en armas por otro lado, entonces aparecen los almacenes Liverpool, El Palacio de Hierro y algunos empresarios afines al régimen, quienes por no perder sus contratos con el gobierno se suman a esta ocurrencia política; con esto, el Presidente Rubio se siente seguro y respaldado para seguir adelante con esta ocurrencia disfrazada de política pública y ordena se lleve a cabo el proyecto.

Estaba muy claro que este proyecto del Gobierno Mexicano buscaba opacar, anular y borrar de las festividades mexicanas a la Navidad y el Día de Reyes de la mente de los mexicanos, reemplazándolos por Quetzalcóatl como autor de toda la creación y celebrar con los ritos prehispánicos en lugar de los ritos católicos; pero ya el catolicismo estaba demasiado arraigado en la población como para borrarlo de un plumazo; la Iglesia y el Vaticano percibieron muy bien este movimiento y por ese motivo se pusieron en pie de guerra nuevamente.

En lo que se refería a Santa Claus, tema original del conflicto a quien iban a sustituir por Quetzalcóatl, para el Vaticano y para la Iglesia eso no representaba tanto problema, pues la figura de Santa Claus era de carácter pagano y no religioso, aunque estaba muy ligado a las festividades navideñas, no era problema para la Iglesia. Aún así, el Gobierno Mexicano ordenó que se celebrara la Navidad Nahuatlaca en el Estadio Nacional de la Colonia Roma, muy cerca de donde hoy se encuentra la Glorieta del Metro Insurgentes.

Un invitado inesperado: la Coca Cola

En 1930, la Compañía Coca Cola era ya un gigante comercial en el mundo; la compañía había adoptado la figura de Santa Claus, Santoclós, Papá Noel, San Nicola y Klaus, según se le conociera en diferentes partes y estaba lista para lanzar su primera campaña mundial llamada “Una Navidad con Santa Claus”, cuando se entera de que el Gobierno Mexicano pretende sustituir al simpático y bonachón personaje por el dios náhuatl Quetzalcóatl; la compañía sopesó muy bien la situación y decidió seguir adelante con su campaña en México y no sólo eso, nuestro país ya era uno de sus principales consumidores en el mundo y no iban a detenerse por una ocurrencia política, por lo que arreciaron y le inyectaron más recursos a su campaña en México.

El Presidente Pascual Ortiz Rubio enfureció en contra de la Compañía Coca Cola; trató de proscribirla en México, pero la bebida ya estaba muy bien posicionada y más arraigada en la población que la credibilidad de su gobierno.

Quetzalcóatl y la Navidad Nahuatlaca, un rotundo fracaso

El 23 de noviembre de 1930, en el Estadio Nacional se llevó a cabo la Navidad Nahuatlaca, el gran evento que culminaría la corriente del Nacionalismo Revolucionario y que pretendía desterrar la Navidad Cristiana y el Día de los Santos Reyes del calendario mexicano. El Estadio Nacional, que tenía capacidad para 60 mil espectadores y que había sido construido en 1926 para albergar los Juegos Centroamericanos y del Caribe, lucía como una ciudad azteca, al centro de la cancha se mando construir una réplica a escala de la Pirámide de Teotihuacán, todos los que intervinieron, ataviados a la usanza mexica, pero el Estadio Nacional no se llenó, había 15 mil espectadores, de los cuales 5 mil eran niñosy el resto eran sus padres.

La ceremonia fue encabezada por el Presidente Pascual Ortiz Rubio y su esposa Josefina Ortiz y Ortiz, en lugar del Himno Nacional, se entonó y cantó un extraño Himno a Quetzalcóatl, todos los niños asistentes recibieron sus regalos por parte de Quetzalcóatl, ingeniosamente representado por personas disfrazadas; aunque la prensa oficialista de la época pintó el evento como un éxito total, a verdad es que resultó en un fracaso rotundo; con solo 5 mil niños asistentes a los que les causaron temor los ritos prehispánicos y la figura de Quetzalcóatl, a quien percibieron como un monstruo entregando regalos, por lo que no les gustó, salieron asustados de ahí

Otro factor en contra, fueron las campañas que llevó a cabo la Iglesia en cada una de sus celebraciones en todo el país, conminando a la feligresía a repudiar este evento; y está por supuesto la agresiva campaña publicitaria de la Coca Cola y su Navidad con Santa Claus, que no iba propiamente encaminada contra ese evento, sino a vender su producto, pero en definitiva fue otro factor que le pegó duro al proyecto de Quetzalcóatl y lo sepultaron para siempre.

Del Nacionalismo Revolucionario a la Modernidad Revolucionaria

En 1932 el Presidente Pascual Ortiz Rubio renuncia a la Presidencia de la República, presionado por su esposa al sobrevivir a un atentado en su contra; entra el nuevo Presidente, General Abelardo L. Rodríguez, otro sonorense que marcó una línea entre el Nacionalismo Revolucionario y la Modernidad Revolucionaria, un concepto que comprendía el modernizar al país a través de gobiernos surgidos de la revolución, simplemente se le llamó modernidad.

A partir del gobierno de Abelardo L. Rodríguez comenzó el verdadero desarrollo del México moderno, de manera paulatina de acuerdo a los tiempos, circunstancias y presupuesto disponible para la modernización del país; en 1934, el Presidente, General Lázaro Cárdenas rompe definitivamente con el Callismo y el Nacionalismo Revolucionario, desterrando a Plutarco Elías Calles de México; en 1946, el Presidente, General Manuel Ávila Camacho pone fin a los gobiernos militares y entrega el gobierno al Presidente Miguel Alemán Valdés, el primer presidente civil post revolucionario en tomar formalmente el cargo.

Final feliz

Finalmente, en 1932 el Presidente, General Abelardo L. Rodríguez instruye al Secretario de Relaciones Exteriores, José Manuel Puig Casauranc a recomponer las relaciones con el Vaticano, con el Papa Pío XI y con la Iglesia Católica Mexicana y dar por terminados todos los agravios mutuos, poniendo el cerrojo a este extraño y poco conocido caso de nuestra historia, que estuvo a punto de prender de nuevo la mecha a otra Guerra Cristera en México.

Referencias Bibliográficas:

+ cronicasdelacienega.com

+ revistabicentenario.com.mx

+ mexicodesconocido.com.mx

+ reddit.com

+ fondodeculturaeconomica.com

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+ verne.elpais.com

+ diariodemorelos.com

+ relatosehistorias.mx

+ ewtn.com

+ es.wikipedia.org

+ infobae.com