A NIVEL nacional, Morena lanzó su convocatoria para la elección de los defensores de la Cuarta Transformación en estados y municipios, rumbo a la renovación de diputaciones federales, alcaldías y gubernaturas.
Nada nuevo bajo el sol, sólo que ahora los aspirantes deberán demostrar que cuentan con visa vigente para ingresar a Estados Unidos y que ésta no les ha sido cancelada. Además, tendrán que acreditar que son perfiles íntegros y confiables.
Lo de la integridad y limpios, desde luego, se refiere a la ausencia de vínculos con grupos del crimen organizado y con toda la diversificación de actividades ilícitas que orbitan alrededor de esas estructuras.
A partir del próximo 22 de junio iniciará el proceso de registro de quienes busquen las coordinaciones de la Defensa de la Cuarta Transformación, etapa que concluirá una semana después.
Como Morena irá en alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde, por lo menos en el caso de las gubernaturas, los llamados micropartidos podrán encabezar algunas postulaciones, mientras que el resto quedará reservado para el partido guinda, tal y como lo establece la convocatoria.
Después vendrán las famosas encuestas internas, que como se ha señalado en reiteradas ocasiones, sirven de poco para impedir las designaciones directas, particularmente en las candidaturas a gobernador, donde las decisiones suelen tomarse desde Palacio Nacional o desde Palenque.
Lo verdaderamente interesante será conocer quiénes en Chihuahua solicitarán licencia para buscar la coordinación de la Defensa de la Cuarta Transformación. Hasta ahora ya dieron el paso la senadora Andrea Chávez y el alcalde Cruz Pérez Cuéllar.
También se asegura que el profesor Martín Chaparro, ex dirigente estatal de Morena, va en la misma dirección y sin necesidad de renunciar o pedir licencia, pues actualmente se encuentra fuera de cargos de elección popular.
Habrá que esperar para conocer si el senador Juan Carlos Loera decide solicitar licencia. En la lista también aparecen la delegada de Bienestar, Mayra Chávez, y cualquier otro actor político que decida sumarse a la contienda interna.
LO HA DICHO en reiteradas ocasiones y volvió a hacerlo desde la plenaria de la Reunión del G-7, el encuentro que congrega a las siete economías más desarrolladas del mundo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró nuevamente que México perdió el control frente a los cárteles de la droga, que continúa suministrando narcóticos al mercado estadounidense y que la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una situación compleja en materia de seguridad.
Nada nuevo en la retórica estadounidense, pero el discurso escaló cuando resurgió la amenaza de una posible intervención territorial para combatir al crimen organizado. Hace apenas unos días, la zar antidrogas de Estados Unidos, Sara Carter, fue enfática al señalar que su país está preparado para una ofensiva contra las organizaciones criminales.
Según esa narrativa, las acciones no sólo irían dirigidas contra los líderes de los cárteles, sino también contra los llamados narcopolíticos, presuntamente enquistados en distintos niveles del gobierno y de la actividad política nacional.
La imagen internacional que se está construyendo sobre México resulta preocupante, particularmente en temas que son torales para cualquier nación: corrupción, inseguridad y narcotráfico.
EN LA DEFINICIÓN del coordinador de la bancada panista en el Congreso del Estado y aspirante a la candidatura por la alcaldía de Chihuahua, Alfredo Chávez, los perfiles de Acción Nacional interesados en competir por esa posición son de primer nivel, aunque el grupo de aspirantes deberá compactarse.
La interpretación es sencilla: todos tienen posibilidades, pero será necesaria una buena dosis de madurez política, institucionalidad y capacidad de negociación para que lleguen las declinaciones, alianzas o acuerdos que permitan construir una candidatura sólida.
La propuesta parece razonable. Mantener entre ocho y nueve aspirantes con estructuras y grupos propios representa un riesgo de fragmentación interna, aunque por ahora no se observan manotazos sobre la mesa ni confrontaciones abiertas.
Y precisamente hacia allá apunta el mensaje de Chávez: que los aspirantes comiencen a construir consensos alrededor de los perfiles más competitivos. Porque nueve contendientes son demasiados para cualquier proyecto político; después de todo, no se trata de Blanca Nieves ni de sus enanitos.

