Por Luis SILVA GARCÍA
La jefa del territorio estaba ahí en el rincón de su oficina burocrática, tras su escritorio de lámina cubierto de papeles en desorden, aderezados con el infalible polvo del verano desértico, y a un lado, junto al cristal de la pared exterior una repisa de plástico, esta si muy brillante, porque contiene todos los productos de belleza de la marca Mary Kay, que la jefa ofrece, sin decirlo, a los que llegan a tratar asuntos oficiales en esta oficina de la junta de agua.
Tarde que temprano, los ciudadanos tenemos que desfilar por el sitio, ya que la oficina del agua es necesaria para cualquier trámite cotidiano que tiene que ver con este indispensable servicio. En época de elecciones va uno para que le hagan rebajitas al recibo; y si las hacen, pues andan buscando el voto.
Pero parece que la relación entre el mal servicio de los empleados y la necesidad de apoyo de los usuarios es estrictamente proporcional: entre más necesidad tenga usted de apoyo, puede ser más maltratado. El espíritu de servidores públicos escasea por estos lares y parece que la actitud es que le están haciendo a uno un favor.
Esta ocasión ni tanto apuro tenía, pero igualmente fui maltratado. Acudí a revisar por qué es que me quitaron, inesperadamente, la rebaja correspondiente en el recibo del agua por tratarse de un usuario adulto mayor, con derecho a 50% de descuento, como he venido gozando, felizmente, desde hace ya unos años.
Pues ahora el recibo llegó con un cobro del doble al acostumbrado y llegue a preguntar a la jefa por el tramite correspondiente. En el carteloncito de enfrente decía claramente “informes”; pero más clara fue su molestia cuando le interrumpí su conversación telefónica que sostenía mediante un teléfono celular en mano, cual si fuera báculo de emperador romano.
Eso si, hizo una pausa en el acompasado masticar de su goma de mascar y lanzó el tradicional ¿qué se te ofrece?, así, con esa familiaridad de: todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros, que, para los que fuimos educados con propiedad (de muy propios, es decir, bien educados) nos parece más bien una falta de respeto.
— Pues aclarar por qué, de forma arbitraria, sin aviso ni consulta, me quitaron mi rebaja del INSEN.
— Ah, es que debes renovarla cada año, pasa a aquella ventanilla con tu datos para renovar.
¿Renovar? me quede pensando: si soy el mismo usuario de siempre y los datos no cambian; en fin, allá voy a la siguiente estación de este viacrucis.
Ahora una señora bastante entrada en edad y desde atrás de sus gafas gastadas y un vidrio de ventanilla aún más opaco me dice: Es que hay que renovar y pues tiene que entender que nosotros no podemos saber si el usuario se habrá muerto.
Estrafalaria cuan ofensiva explicación que provocó mi reacción: Lo único verdaderamente cierto de esta conversación es que todos algún día vamos a morir, y usted también está en esa lista, pero ello no les da derecho a ustedes, los servidores públicos, a retirar unilateralmente los beneficios que marca la norma o la ley.
— Pues tiene que ir a pagar ese recibo que ya se emitió y luego viene para actualizarle la rebaja.
— Pero la rebaja la exijo ahora, en este recibo también, porque yo tengo mi tramite correcto y actualizado y ustedes me quitaron el beneficio, así que llame al jefe de la oficina para tratar esto.
Vamos entonces a la tercera estación del viacrucisy la encargada resulta ser otra persona de edad avanzada, eso si, mas amable que las anteriores, pero igualmente ineficiente porque no resulta posible arreglar nada, más que pagar lo que ellos determinan.
Yo argumenté: pero es que nadie me dijo que periódicamente debería renovar este derecho y tengo años recibiéndolo. Y revisan sus sistema y comprueban que tengo años con ese descuento, sin ninguna renovación de nada.
En resumen, tengo razón comprobada, pero eso no basta para arreglar los vericuetos de la burocracia nuestra de cada día: hay que pagar y conformarse con seguir gozando de los beneficios populares, que finalmente benefician más a los políticos que a los ciudadanos.
Finalmente pago los pesos de diferencia para dejar el trámite al corriente, según sus decires, ya que unos pesos más a unos pesos menos no me vana dejar ni más rico ni más pobre, solamente te dejan afectado en ánimo al comprobar, una vez más, que en este sistema no hay ni justicia ni reconocimiento.
Y al hacer una vista panorámica de las personas que están ahí, en esa oficina, siendo maltratados y vejados por quienes deben ser sus servidores, en espera de una solución a sus asuntos, o una rebaja para recuperar el servicio de agua potable en sus hogares, para sus familias; concluyes que eres privilegiado.
Yo llegué al edificio en mi vehículo, cuando veo personas que llegaron en transporte público, en condiciones de salud precarias, algunos con bastón o andadera, otros auxiliados por menores de edad.
Y al momento que les exigen el pago en muchas ocasiones no traen el dinero para hacerlo y pues tendrán que esperar a juntarlo para obtener el servicio o el beneficio, mientras que los servidores públicos ahí aposentados no tienen criterio para cumplir con su trabajo y auxiliar a quien de verdad lo requiere.
La vocación de servicio ya es muy escasa en nuestras oficinas públicas y por eso hago alegoría de un viacrucis, pues en cada tramite los ciudadanos tienen que enfrentar sufrimientos y maltratos de parte de los que se han empoderado, aunque sea efímeramente; pero ahí están, mostrando su soberbia y desprecio al ciudadano, que es el que paga sus salarios.


