RAFAEL Loera Talamantes presentó ayer su renuncia a la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común para ir en busca de la candidatura del PAN a la alcaldía de Chihuahua capital. Loera es, de hecho, el más joven de los ocho aspirantes que buscan suceder al alcalde Marco Bonilla Mendoza.
Su trayectoria política ha estado estrechamente ligada a la gobernadora María Eugenia Campos Galván, a quien acompaña desde la Legislatura local, continuó durante los dos periodos de Maru Campos como alcaldesa y después en la administración estatal, primero como secretario particular y posteriormente como titular de Desarrollo Humano y Bien Común.
Fue el primero en levantar la mano por la candidatura; después lo hicieron los demás aspirantes, todos -según se afirma- con el visto bueno de la mandataria estatal.
Sin embargo, al final sólo uno llegará a la candidatura, y todo indica que no será mediante una tómbola, como ocurre en Morena.
La renuncia ocurre a una semana de que el PAN cierre el registro de aspirantes y previo a que el próximo 21 de julio publique la convocatoria formal para quienes participarán en el proceso interno.
Aún no se conoce la metodología para definir al precandidato. Puede tratarse de una elección abierta, una encuesta o incluso un acuerdo de unidad, pero lo que sí está claro es que quien aspire deberá separarse de la función pública.
Loera Talamantes es el primero en dejar el cargo con fines electorales. El exfiscal César Jáuregui también presentó su renuncia, aunque por razones relacionadas con la investigación del narcolaboratorio de Morelos y el caso de los agentes estadounidenses.
Habrá que observar si los demás aspirantes siguen el mismo camino: el secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña; el coordinador de la bancada panista, Alfredo Chávez; los diputados Carlos Olson y Jorge Soto; el director de la JMAS, Alan Falomir, y la diputada federal María Angélica Granados.
De ese grupo saldrá el precandidato, mientras que para el resto vendrán los inevitables reacomodos políticos. Así funciona el juego interno de los partidos.
UNA PENA, propia y ajena, es que los directivos del IMSS en Chihuahua hayan maquillado la realidad del vetusto Hospital Morelos durante la visita del director general del Instituto, Zoé Robledo.
Se dejó pasar una oportunidad invaluable para que el funcionario federal conociera las verdaderas condiciones del hospital, o quizá todo estuvo previamente acordado para mostrar únicamente lo conveniente.
La realidad del inmueble dista mucho del discurso oficial. Las instalaciones presentan un notable deterioro, el equipamiento médico resulta insuficiente y los quirófanos requieren una intervención urgente, entre muchas otras carencias.
No hubo recorrido por el área de Urgencias, ni por la farmacia, donde persiste el desabasto de medicamentos. Tampoco se habló de las largas esperas para consultas generales, especialidades e intervenciones quirúrgicas, que en algunos casos tardan meses e incluso años.
Con ese montaje de hospital “tipo Dinamarca” difícilmente habrá argumentos para construir uno nuevo. Por eso, los anuncios de futuras inversiones para el IMSS suenan tan poco creíbles como aquella promesa de la gasolina a diez pesos.
EL ALCALDE Marco Bonilla difundió un video en redes sociales en el que, de manera indirecta, pidió a los diputados locales de Morena aprobar un crédito por 150 millones de pesos para la construcción del Libramiento Poniente 5. Otros 150 millones serían aportados por el Gobierno del Estado, mientras que la Federación no participaría con un solo peso, algo que ya no sorprende.
Morena sostiene que el proyecto sólo beneficiará a los desarrolladores inmobiliarios, pero la realidad es que esos desarrolladores también representan inversión privada y generación de empleos, además de infraestructura para la ciudad.
Mientras tanto, los ciudadanos exigen soluciones de movilidad, aunque el coordinador de la bancada morenista y los diputados juarenses mantienen su rechazo, en una postura donde parece pesar más la confrontación política que el análisis del proyecto.
Resulta contradictorio que se critique un crédito de 150 millones de pesos para infraestructura, mientras desde el mismo discurso se minimiza el crecimiento de la deuda pública federal durante los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, que ya se mide en cifras históricas.
Son visiones ideológicas difícilmente conciliables, donde las comparaciones suelen hacerse según convenga al argumento político, mientras las necesidades de los habitantes de la capital continúan esperando soluciones concretas.

