EL PRÓXIMO Grito de Independencia tendrá una lectura política adicional al protocolo tradicional, porque el invitado especial en Palacio de Gobierno será el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla Mendoza, quien acompañará a la gobernadora María Eugenia Campos Galván durante la ceremonia y, particularmente, estará con ella en el balcón desde donde se lanzarán los tradicionales vivas a los héroes de la Independencia.
No es un detalle menor. La presencia de Bonilla en el balcón le dará una visibilidad política distinta, pues aunque regularmente asiste como invitado especial, ahora prácticamente compartirá el escenario principal con la mandataria estatal. Y si a eso se suma que ambos, junto con otros invitados, bajarían posteriormente a la Plaza del Ángel para participar en el festejo popular, probablemente durante la presentación de Ramón Ayala, el mensaje político se vuelve todavía más evidente.
Este año, por cierto, habrá cambios en la celebración. No se realizará el tradicional festejo al interior de Palacio de Gobierno, sino únicamente un brindis con algunos de los asistentes. El verdadero encuentro estará afuera, con la ciudadanía y con el espectáculo popular.
Pero lo verdaderamente interesante está en la fotografía política. Bonilla llega a esta ceremonia después de haber sido designado como Coordinador Estatal de las Estrategias Políticas del PAN, en un momento en que su nombre se encuentra prácticamente instalado en la ruta hacia la candidatura por la gubernatura. Así que, visto de otra manera, el balcón podría funcionar también como una especie de presentación política del alcalde ante el electorado estatal.
Y hay otro ingrediente: éste será el último Grito de Independencia que encabece Maru Campos como gobernadora. La estafeta no se entrega formalmente, pero políticamente la imagen puede leerse así. En política, las fotografías también hablan y, algunas veces, dicen mucho más que los discursos.
EL ATAQUE contra el helicóptero de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal deja nuevamente al descubierto el nivel de violencia y capacidad de fuego que han alcanzado los grupos criminales en Chihuahua. La aeronave recibió 24 impactos de bala durante la inspección aérea registrado en el corredor Aldama-Coyame-Ojinaga, una zona que desde hace tiempo se encuentra bajo presión de las organizaciones delictivas.
Por fortuna, el helicóptero no fue derribado ni explotó, aunque un agente visor resultó lesionado y permanece hospitalizado, con una evolución favorable. El episodio, sin embargo, pudo haber terminado en una tragedia de mayores dimensiones.
El reporte oficial señala que el ataque habría comenzado con uno o varios drones, que aparentemente fallaron en su intento, para después pasar al uso de armas largas contra la aeronave. Ya no estamos hablando solamente de delincuentes disparando desde tierra: estamos frente a grupos que utilizan tecnología, armamento de alto poder y una capacidad operativa que obliga a tomar muy en serio la dimensión del problema.
El secretario de Seguridad Pública, Gilberto Loya, calificó el hecho como un acto terrorista. La palabra incomoda al Gobierno Federal, que prácticamente parece tenerla proscrita cuando se trata de reconocer la naturaleza de determinados ataques del crimen organizado.
Pero más allá de las etiquetas jurídicas o políticas, hay una realidad que no admite demasiadas interpretaciones: si un grupo criminal puede atacar un helicóptero oficial con drones y armas largas, el problema de seguridad ya escaló a otro nivel. Y negar la gravedad del asunto por temor a utilizar determinadas palabras no va a hacer que desaparezca.
Y HABLANDO de palabras incómodas, la senadora exmorenista Lily Téllez volvió a colocar a la presidenta Claudia Sheinbaum en el centro de la polémica al insinuar, a través de sus redes sociales, que la mandataria podría consumir mariguana.
La acusación, desde luego, es delicada y hasta ahora se mantiene en el terreno de la insinuación política. Téllez argumentó que observa en la presidenta falta de parpadeo, una actitud errática y cierto aletargamiento, por lo que, según su apreciación, “no se le ve bien”.
La senadora recordó además que hace aproximadamente un año presentó una iniciativa para establecer exámenes toxicológicos aleatorios a funcionarios públicos, pagados por ellos mismos y con resultados públicos, con el argumento de que los gobernantes deberían acreditar que no consumen sustancias psicotrópicas. La propuesta, como tantas otras iniciativas incómodas, no prosperó.
Ahora bien, una cosa es exigir controles toxicológicos a quienes ocupan cargos públicos y otra muy distinta es afirmar o insinuar que una persona consume drogas sin presentar una prueba que lo demuestre. En ese terreno, la política suele convertirse rápidamente en espectáculo.
La polémica, sin embargo, encontró combustible en un antecedente real: la propia Sheinbaum reconoció haber consumido mariguana durante su época universitaria. De ahí a concluir que actualmente consume cannabis hay un trecho enorme, que sólo podría salvarse con evidencia, no con observaciones sobre su comportamiento o su apariencia.

