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Adiós al gran Pancho Barrio

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH- Ahí en la banqueta de Avenida Insurgentes en la Ciudad de México, frente a un salón de eventos, los choferes estacionaban los automóviles de lujo de los que descendían los personajes, cual pasarela de moda, con sus trajes de fina tela y corte europeo.

Eran los amigos de Fox a la cita de reunión para preparar el gabinete del nuevo gobierno que tomaría posesión el 1 diciembre del 2000. Ahí se vieron Lino Korrodi, Pedro Cerisola, Carlos Flores Alcocer, Carlos Abascal, Ernesto Martens, Fernando Canales Clariond, Paco Gil Díaz, entre otros.

Desfilaron en la calle los Mercedes Benz, BMW, AUDI, Jaguar, también grandes camionetas blindadas y hasta un Aston Martin de serio color y mucha ostentación. Repentinamente se estacionó un Volkswagen Jetta de color gris y modelo utilitario. La persona que bajaba del auto no fue identificada por los reporteros.

Uno de ellos dijo que ese era el modelo de automóvil que usaba el gobierno federal y otro aventuró que entonces ese tenía que ser Barrio, el de Chihuahua, el que iba a ser el Secretario de Contraloría y Desarrollo Administrativo (Secodam). Se arremolinaron los periodistas en grupo ante quien bajó y le dijeron:

— Señor Barrio, ¿cual es su impresión al ser llamado por el presidente electo Vicente Fox para tratar el tema de transparencia en su gobierno?.

El interpelado, sorprendido y tras sus gafas oscuras, explicó:

— Yo no soy Barrio, Barrio es él; dijo Eloy Morales, aún empujando la puerta del auto con su mano, y señaló a quien conducía el Jetta.

— ¿Él, el chofer… el chofer es el secretario, no trae chofer el funcionario, él mismo maneja el Jetta? preguntó el reportero que tomaba iniciativa.

— Si, el es Barrio, yo solamente un amigo que lo acompaña. Explicó Eloy.

Un pequeño grupo de colaboradores y el, que había sido invitado a integrarse al gabinete del nuevo presidente, tenían varias semanas trabajando en el proceso de entrega recepción y en el proyecto de un nuevo estilo para la que fuera Secodam. Recibían de Arsenio Farell Cubillas, representante de la más rancia burocracia priísta.

Por tanto, y como era su costumbre desde que fue presidente municipal de Cd. Juárez y gobernador de Chihuahua, Barrio se puso a trabajar, a revisar reportes, a estudiar nuevas corrientes, antes que a andar en las reuniones y bajo los reflectores que acaparaban los flamantes integrantes del novedoso gabinete, la mayoría de ellos con gran capital acumulado en sus fortunas personales.

Por eso se trasladaba por la ciudad en el automóvil utilitario que le proporcionaba la propia dependencia, por eso lo manejaba personalmente, no había choferes, tampoco guaruras. Ni falta le hacían. Venía a trabajar, a desarrollar un proyecto por el bien de su país, no a lucir en vitrinas. Eso nunca le interesó.

La Secodam de tiempos de Salinas y Zedillo inició como Secretaría de la Contraloría General de la Federación (Secogef) con Miguel de la Madrid, más como una respuesta a las presiones internacionales –que exigían rendición de cuentas, transparencia y honestidad a los gobiernos de los países, y México se estaba quedando atrás–, que como una verdadera intensión de mejorar al gobierno.

Se trataba de combatir la practicas indebidas, pero en el contexto de aquellos gobiernos se convirtió más bien en el espacio ideal para solapar los malos manejos y a sus protagonistas. Nadie que se aprovechara de sus encargos en el gobierno iba a ser castigado, todos se protegían entre si y se repartían las ganancias.

En el año 2000, cuando soplaban vientos de cambio, Fox buscó a una figura que fuera honesta,integra, justa, empática, que actuara por el bien común antes que por interés personal, y que además fuera líder, para poder transformar la contraloría en un espacio de mejora del gobierno federal, y esa figura era Francisco Barrio.

El plan era seguir ejerciendo la contraloría, pero para transformar el gobierno era necesario trabajar en la conducta de los servidores públicos, en la transparencia y eficiencia de los procesos, en el combate a la corrupción y en la rendición de cuentas, Así nació la Secretaría de la Función Pública con Barrio al frente.

Todo cambió en el edificio de Barranca del Muerto y Gustavo Campa, sede de la Función Pública. Antes, en Secodam, cuando arribaba al edificio el Secretario Farell Cubillas, se movía toda la parafernalia de escoltas y personal al servicio del personaje, sirenas por allá, hombres armados corriendo por acá, edecanes en minifalda saltando por acullá, y uno de los cuatro elevadores del edificio era de uso exclusivo para el secretario, ninguna otra persona podría subir nunca en el.

Con Barrio la figura del secretario se humanizó: Cualquiera podría encontrarlo en el elevador que compartía con quien le tocara el turno, y a todos saludaba de mano y les preguntaba como estaban. Era el jefe pero no se creía el dios.

Todos los empleados de esta secretaría eran de confianza, así que se tenían que quedar hasta que el jefe se fuera, aunque fuese muy noche y ya no resultara de utilidad su presencia en la oficina. Barrio llegó y mandó a todos a sus casas a las seis de la tarde a descansar. Sostenía que el tiempo con la familia era importante, y por ello ordenó apagar las luces en punto de las seis, para que nadie siguiera trabajando.

Para intentar transformar al gobierno federal, el secretario Barrio quería cambiar la propia Función Pública y predicar con el ejemplo. Se trazó entonces la visión a 25 años: El gobierno federal mexicano es eficiente y honesto, y los gobernados confían en su gobierno. Y puso manos a la obra; lo intentó.

Estuvo en el puesto por espacio de 4 años, antes de pasar a comandar a la bancada panista en la cámara de diputados, con enormes conflictos y dificultades en un gobierno que, en muchos aspectos, parecía írsele de las manos a Fox. Allá fue Barrio al legislativo, con su mismo estilo de norteño bronco, pero siempre humano y amable.

Para esto, habían transcurrido casi 20 años desde el verano caliente de 1986, cuando a Barrio le fue arrebatado el triunfo que obtuvo en las urnas y fue impuesto el priísta Fernando Baeza como gobernador de Chihuahua, en una jornada que asonó a nivel mundial por los movimientos civiles que desató el fraude.

Muchos analistas opinan que no eran los tiempos como para reconocer el triunfo de la oposición, y se conforman con que en 1992 Francisco Barrio fue de nuevo candidato y logró vencer al priísta Jesús Macías para, ahora si, gobernar Chihuahua. Pero ni esto ni nada justifica el fraude.

Me tocó estar muy de cerca en ambos procesos, observar los acontecimientos, medir los hechos, analizar, razonar, revisar pronósticos, coordinar observadores, convivir con comunicadores de otros estados y de otros países, etcétera, y estoy totalmente convencido de que en 1986 Barrio ganó las elecciones con un margen mayor que el de 1992.

En mayo de 2016, cuando yo era jefe de prensa del candidato panista a gobernador Javier Corral, me topé a Barrio y a su esposa, Tencha, en las escalinatas interiores del Auditorio Cívico en Cd. Juárez, antes de un evento con sectores.

Como mucho gusto los salude pero también fui muy arrojado:

— Que bueno que los veo, estaba buscando la forma de encontrarlos porque, saben, los extrañamos, hacen muchísima falta en la campaña.

Les dije eso porque tanto el exgobernador como su esposa, figuras sumamente reconocidas en la política en Chihuahua, no se habían visto públicamente en la contienda electoral, y los resultados estaban siendo complicados hacia la recta final.

Al otro día arrancamos con un evento en Janos, al que yo llegué cuando ya había iniciado, y en cuanto entré al lugar escuché el estruendo del discurso de Pancho Barrio, que siempre enardecía a las audiencias.

Al termino del programa, estaba yo escribiendo una nota en mi computadora cuando llegó Tencha y de ahí, junto a mi, se dirigió a Barrio, que andaba por allá platicando con alguien.

— Pancho, ven por favor.

Le llamó y, en una escena que me pareció hermosa, lo tomó del brazo, se pararon frente a mi y ella dijo: “Pues aquí estamos ya en la campaña, como nos pidió anoche”.

— Vamos por Chihuahua. Terció él.

— Disculparán ustedes mi atrevimiento, pero en verdad aquí se les requiere y me da mucho gusto y orgullo su presencia. Cerré.

Y de ahí en delante no faltó la palabra de Francisco Barrio en los mítines de Javier Corral que, como sabemos, llegó a ser el segundo gobernador panista de Chihuahua.

En 2023, ya con el sistema cuatro te en pleno auge, con todas sus consecuencias y desavenencias por doquier, escuché a Barrio decir en una reunión pública:

— Tengo 73 años, pero no puedo quedarme callado y sin hacer nada ante la tragedia que estamos viviendo en el país, así que haré lo que que pueda y lo que me toque hacer por México, no voy a quedarme de brazos cruzados.

Gran ejemplo del líder y caudillo que fue Francisco Javier Barrio Terrazas. Chihuahuense tan grande que estamos tentados a decir: ya no hay de esos.

Descanse en paz, Pancho Barrio.