ADEMÁS de los conocidos principios de “no robar, no mentir y no traicionar”, el Consejo Político de Morena decidió ampliar su catálogo de reglas éticas, esas que muchos repiten en tribuna pero que en los hechos pocos practican.
El problema es que esos principios se han convertido más en consigna discursiva que en una verdadera conducta política dentro del partido y de la llamada Cuarta Transformación.
En ese mismo Consejo se estableció que en la última semana de junio se instalarán los coordinadores estatales en defensa de la 4T, figuras que en la práctica serán los perfiles que más tarde se convertirán en candidatos para la elección de 2027. El mecanismo ya es conocido: primero la defensa del movimiento y después la candidatura formal.
A la narrativa oficial se le agregaron nuevos compromisos: no adelantarse a las campañas, respetar los tiempos electorales, no realizar reuniones masivas, no contratar espectaculares, no entregar despensas ni electrodomésticos, no usar dinero público y, en general, evitar cualquier forma de promoción anticipada. En papel suena impecable; en la práctica, el historial político demuestra otra cosa.
La realidad cotidiana muestra que en el régimen abundan los ejemplos que contradicen ese decálogo ampliado. La narrativa gubernamental sigue chocando con los hechos: promesas como Dinamarca en el sistema de salud, gasolina a 10 pesos o un Tren Maya sin impacto ambiental terminaron convertidas en afirmaciones que difícilmente resisten la revisión pública, mientras la deuda del país crece de manera acelerada.
En Chihuahua, además, los ejemplos están a la vista. Los espectaculares, flayers y propaganda vinculados a la senadora de Morena Andrea Chávez aparecen por distintos puntos del estado, acompañados durante meses por consultorios médicos itinerantes que difundían su imagen. Los consultorios se detuvieron, pero la promoción política permanece.
Algo similar ocurre con el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, también aspirante a la gubernatura. En semanas recientes el estado fue tapizado con espectaculares, además de giras constantes y la donación de ambulancias y unidades de bomberos a distintos municipios, acciones que inevitablemente se interpretan en clave electoral.
Desde luego, en el PAN tampoco cantan mal las rancheras, pero la diferencia es evidente: la crítica recae sobre Morena, un partido que presume reglas de austeridad y ética política, aunque con frecuencia termina ignorándolas.
ALGO no termina de cuadrar dentro del régimen. Por un lado, la presidenta Claudia Sheinbaum impulsa una reforma electoral muy similar a la que durante años promovió Andrés Manuel López Obrador, orientada a reducir prerrogativas a la oposición y a debilitar o reconfigurar los órganos electorales.
Sin embargo, el Consejo Nacional de Morena celebrado el fin de semana ratificó la continuidad de la alianza electoral con el Partido Verde Ecologista de México y el Partido del Trabajo rumbo a 2027. No es un asunto de afinidad ideológica, sino de aritmética legislativa.
La razón es simple: los aliados permiten alcanzar la sobrerrepresentación en las cámaras, mecanismo que ya ha sido utilizado para ampliar la mayoría legislativa mediante diputaciones plurinominales que, en estricta proporcionalidad, no corresponderían al partido gobernante.
De ahí surge la pregunta inevitable: ¿se encamina el país hacia un partido hegemónico, con Morena como eje central y nuevas siglas satélite creadas para reforzar su dominio político? Incluso se habla de estructuras partidistas en gestación que, en los hechos, funcionarían como extensiones del propio movimiento.
O, en su defecto, vendrá una reforma electoral más profunda que permita mantener vivos -política y financieramente- a los aliados, mientras se sostiene la narrativa de una democracia plural que, para muchos analistas, cada vez luce más acotada.
EN EL PARTIDO Acción Nacional, la dirigencia estatal decidió enviar un mensaje claro a quienes ya comenzaron a moverse rumbo a la sucesión política. La presidenta del partido en Chihuahua, Daniela Álvarez, pidió a los aspirantes bajar el ritmo de las aspiraciones y concentrarse primero en el trabajo partidista.
El llamado fue directo: quienes busquen una candidatura deben esperar los tiempos y las formas que establecerá el Consejo Político Nacional, órgano que en las próximas semanas definirá las reglas internas para el proceso electoral de 2027.
La advertencia no fue gratuita. En las últimas semanas han surgido reuniones políticas, acercamientos y acuerdos entre distintos actores del panismo que ya comienzan a perfilar proyectos personales, movimientos que dentro del partido empiezan a verse como anticipados.
Por eso la dirigente cerró el mensaje con una frase que, en política, suele significar mucho más de lo que aparenta: “en el PAN y en las calles hay mucho trabajo”. Traducido al lenguaje político, primero viene la estructura, la presencia territorial y la militancia; las candidaturas, si llegan, vendrán después.

