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De la izquierda a los suplantadores

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La tarea del aprendizaje es la única que los seres humanos nos vamos a llevar hasta la tumba: César Luis Menotti

Por Luis SILVA GARCÍA

CHIHUAHUA CHIH.– La práctica del periodismo me ha acarreado el privilegio de disfrutar de cerca -y a veces sufrirlos también- muchos acontecimientos, y así mismo conocer a muchas personas, gozar de su amistad, discutir en buena lid y aprender, siempre aprender, para eso estamos en la vida.

En estos días tuve el placer de cruzar algunas palabras y conceptos con el gran amigo Alonso Bassanetti Villalobos, por una llamada telefónica, ya que la triste pandemia no nos ha permitido viajar y saludar como se debe a la gente. Pero no vamos a permitir que el gusto de compartir y la sorpresa de saber de los amigos, sea menor por la distancia.

Los comentarios de análisis político que platiqué con el exconsejero del Instituto Estatal Electoral del Estado de Chihuahua, y que sigue en el mismo ramo, pero ahora a nivel municipal, dan para otras líneas.

El saludo de Alonso me llevó a recordar acontecimientos de los años 1980s, cuando el gobierno de México decidió dejar en el abandono la explotación de uranio en el país, con tal de no conceder más espacios al Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear (SUTIN), que era de auténtica izquierda, no como los suplantadores que hoy se dicen de izquierda.

Me toco visitar, como periodista, a invitación y con asesoría técnica del SUTIN, la que era entonces la mina de uranio, a tajo abierto (no con túneles, a ras de los cerros), más grande de todo el mundo, ubicada en la Sierra Peña Blanca, en la misma cordillera de Nombre de Dios, muy cerca de la ciudad de Chihuahua, ahí atrasito de Nuevo Delicias.

A veces no tenemos ni idea de la riqueza natural que está casi a tiro de piedra de nuestras actividades cotidianas: fue impresionante contemplar toda la maquinaria pesada, grúas y trascabos especializados, gigantescos camiones volteos, impresionantes perforadoras con brocas de puntas de diamante, todo ello para extraer y procesar el mineral para obtener el uranio.

Se proyectaba que, con esta mina y otras más en el país, México llegaría a ser potencia en producción y beneficio de uranio, que hace como 40 años se contemplaba como una alternativa para la generación de energía. Pero no, todo se fue al carajo porque el sindicato era de izquierda y habría que golpearlo, reprimirlo, eliminarlo. Y así sucedió.

La mina de uranio de Peña Blanca, en Chihuahua, en ese entonces ya estaba abandonada, porque el sindicato había entrado en conflicto con la autoridad laboral, en un caso que se prolongó por años hasta que ya no quedó nada en México ni del sindicalismo de izquierda, ni de la explotación de uranio.

De la visita a Peña Blanca y lo que significaba un grave desperdicio de recursos por razones de control político, se publicó un amplio reportaje en el periódico Novedades de Chihuahua, donde yo trabajaba como Jefe de Información. El reportaje ocupó las páginas centrales, con fotografías a todo color, de la primera sección, y con su noticia en la portada.

Los compañeros del SUTIN, que no tenían muchos recursos (estaban en una interminable huelga), pero que lo que tenían lo compartían con causas de beneficio común, se las ingeniaron para imprimir, por su parte, posters del mismo tamaño del periódico, pero en dos tintas (pues el color saldría muy caro) con mi reportaje de Peña Blanca, y lo repartieron hasta donde les alcanzó.

Y su alcance no era mínimo: pasado el tiempo, un día llegaron los del SUTIN a mostrarme unas fotografías donde aparecía mi reportaje pegado en paredes y postes de París, Barcelona y otras ciudades europeas; hasta allá fue a parar el reportaje que sacamos en Chihuahua con la denuncia de la represión sindical y el desperdicio de la mina de uranio en Peña Blanca.

Alonso Bassanetti era el Secretario General de la Sección del SUTIN en Chihuahua, y tanto él como muchos otros compañeros de ese sindicato aportaron su solidaridad a causas de beneficio común en aquellos días, por eso los recuerdo con aprecio y reconozco sus acciones.

Puede uno estar o no de acuerdo con una causa o su método, pero cuando las personas ponen todo lo que está de su parte por un ideal de beneficio común, incluso a veces exponiendo la propia vida, su actitud es, por lo menos, respetable.

No como el montón de personajes públicos que ahora se exhiben prometiendo el cielo y las estrellas, y hasta la reducción de la pobreza y acabar con los males apocalípticos, pero en su conducta no son congruentes y hacen lo contrario a lo que predican.

Navegan con la bandera del bien común y muchas veces con los principios de la izquierda, pero en realidad son los suplantadores que desvirtuaron la ideología y desprestigian los principios de la auténtica izquierda, tanto desde partidos políticos como desde puestos públicos. El caso más claro es el de MORENA y AMLO, para que me entiendan, pues.