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Del rechazo al triunfo

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH.– La atmósfera estaba verdaderamente de gran cantina aquella noche de octubre a principios de los años 1,980s en el palenque de la Feria Ganadera de Chihuahua, allá en lo que eran entonces las afueras de la ciudad, por la carretera hacia la región serrana.

Desde media tarde la apuestas y el licor habían corrido consistentemente en el embudo de gradas en torno al espectáculo, que lucía atiborrado de entusiastas asistentes, la mayor parte de ellos relacionados con la actividad ganadera y del campo, así como aquellos que buscaban diversión sin muchos límites. Casi todos luciendo sus mejores piezas de ropa vaquera, botas, sombrero. Algunas damas también.

Los haces de luz que emanaban los reflectores se esforzaban por penetrar el aroma de alcohol y el humo de cigarrillos en su intento por alumbrar el centro del ruedo, donde peleaban los gallos en una lucha a muerte.

Entre pelea y pelea, o entre rifa y rifa, combinadas con partidas de bingo, hacían su presentación los artistas programados para presentarse y amenizar el palenque. En torno al ruedo, en la repisa frente a los palcos de la primera fila, lucían las botellas de whisky, coñac, finos tequilas, con servicio de bar completo, en los lugares de los partidos de galleros o de los más prominentes ganaderos de la región.

“El ambiente está a todo”, decían las meseras y los meseros al tiempo que corrían por los pasillos  en un esfuerzo para atender las peticiones de cerveza y otras bebidas que demandaban los espectadores,ya a grito pelado.

Ya pasaron peleas de gallos verdaderamente importantes y ya muchas personas traen nivel de alcohol elevado en su torrente sanguíneo, cuando toca el turno a esta cantante tipo vedette, que no luce una gran voz pero si mucha de su piel  y atributos físicos descubiertos, para beneplácito del público mayoritariamente masculino.

Ruge el graderío a mas no poder y caen sombreros al ruedo entre el griterío de piropos a la dama que canta y baila, algunos le ofrecen de sus bebidas y le dan jugosas propinas. Canta dos o tres piezas la chica, y más que su canto son sus movimientos los que dejan un ambiente de verdadero furor en el palenque.

Termina ella su actuación y repentinamente se apagan las luces. Todo mundo lanza una sonora rechifla; pero, que no cunda el pánico, no es un apagón, solamente que se requería un espacio para acomodar el ruedo al siguiente artista.

Corren los tramoyistas con precisión y colocan una lona negra circular en el ruedo, con una serie de sillas, cubos, bocinas, equipos de sonido y micrófonos. Se acomodan los integrantes de una orquesta compacta, pero solamente los que estamos cerca alcanzamos a percibir.

El reflector principal apunta hacia los camerinos y de allá sale un jovencito con el pelo muy corto, muy bien peinado, tez blanca, ojos claros, delgado de complexión, con smoking totalmente negro, zapatos choclos de charol, camisa blanca, corbata de moño negra y un clavel rojo en el ojal del saco.

Entra la orquesta y destacan los violines, llega el cantante al ruedo y empieza con un tono melancólico, como de poesía “No he oído otra cosa más triste que el canto de un grillo…”. Es una de las primeras canciones que escribió este cantante y compositor y abre con ella su actuación.

El bajón fue drástico, de la escandalera que se había formado con las peleas de gallos, apuestas y el jolgorio de la vedette, a ahora las canciones de reflexión y amor de este joven cantante, pues rápido el respetable comenzó a protestar con algunos gritos y chiflidos, pero el interprete no se inmutó, continuó con su plan.

José María Napoleón era ya un artista muy famoso, había triunfado en ventas de discos con el tema “Vive”, que en 1976 no logró ganar en Festival OTI en México, pero si se hizo un tema muy conocido. Luego, en 1977 ganó el festival con el tema “Hombre”, así que para los 1,980s ya era un triunfador, solo que el ambiente del palenque en Chihuahua no era lo suyo, aunque si había por allá en lo alto del graderío un grupo de jovencitas con pancartas de apoyo, que se perdían entre el griterío cada vez mas generalizado.

El cantante comenzó a sudar la gota gorda evidentemente y hasta hubo algunos aventados, tal vez ya medio entrados en copas, que le lanzaron al ruedo el contenido de vasos y cerveza, en protesta, pero el artista siguió adelante.

A la cuarta canción, una que se llama “Después de tanto”, las protestas comenzaron a amainar y el público pareció interesarse en la actuación; cuando los compases cerraron al ritmo de “… te amo tanto y sigues tan presente en mi. Hoy me doy cuenta que, sin ti, ya no es vivir”, los aplausos ya se hicieron notar.

Este cantante estaba quizá en el mejor momento de su carrera, cuando su voz brillaba los resultados de sus estudios en el conservatorio; sus músicos no eran improvisados; el resultado artístico era muy bueno y, aunque el escenario era más para música ranchera y norteña, terminó por irse imponiendo la calidad.

Una vez callado el público, la función lució y esas piezas poéticas fueron escuchadas con atención y disfrutadas por los asistentes, de tal manera que fueron reconociendo el merito del artista y terminaron aplaudiendo a rabiar esas canciones románticas.

Entonces llegó el momento en que el público se doblo ante el cantante, con la pieza “Pajarillo”; cuando llegó a la última estrofa: “Y era un pajarillo, de blancas alas, de balcón en balcón, de plaza en plaza, vendedora de amor, ofrecedora, para el mejor postor, de su tonada”, todos estaban de pie aplaudiendo sin parar.

De los líquidos que se lanzaran al principio en protestas y de los gritos ofensivos, pasó la gente a lanzar sobreros en símbolo de reconocimiento y aplausos y vivas, ya verdaderamente impactados por la actuación.

Algunos de los ocupantes de primeras filas ofrecían sus botellas de finos licores al cantante para que brindara con ellos, en señal de aceptación, y el artista tuvo que tomar de las botellas para agradecer el gesto.

La actuación se extendió por más de 30 canciones hasta la madrugada, el público salió satisfecho y para el cantante Napoleón fue una gran presentación, tal vez la mejor que tuvo en su carrera en Chihuahua.

— He tenido hoy una de las actuaciones más difíciles, agradar a este público ha sido muy complicado y hubo un momento en que casi salía corriendo al camerino, es cuando sientes que el público no te está entendiendo, pero por ello mismo esta es una de las más grandes satisfacciones de mi carrera: logar que el público aprecie tu trabajo.

Eso me dijo en la entrevista que le hice al término de su actuación en la Feria Ganadera, como lo habíamos pactado desde antes. Fue agradable platicar con un artista en este día de difícil triunfo y en el momento culmen de su carrera como cantante y compositor.

— Créeme que esta noche he padecido más pánico que cuando me enfrentaba a los toros en el ruedo de la plaza de Aguascalientes. Me externó Napoleón (quien antes de ser cantante fue torero).

Y salió, en esta jornada de triunfo, aún con su clavel rojo en el saco, a firmar autógrafos a las integrantes de su club de fans que lo esperaron pacientemente en el corredor.