Por Luis SILVA GARCÍA
CD.JUÁREZ CHIH.- El inicio de un nuevo año nos invita a repasar y a proyectar, a revisar los datos del momento en que estamos ubicados, como sociedad y como personas, y a concluir con objetividad las posibilidades.
Hace poco más de 50 años las expectativas eran hacia un mundo mejor, hasta con optimismo, el cielo parecía blanco y cristalino, y así deberá ser permanentemente nuestra óptica, aunque en ocasiones los nubarrones y huracanes amenacen en el horizonte, tanto a las naciones, como a las comunidades, como a las personas. Finalmente todos navegamos en el mismo barco.
Allá por la década de 1,960 muchas veces los adultos se asustaron con la actitud rebelde de la juventud: la onda hippie, la música de rock pesado, la literatura critica, canciones y teatro de protesta a los gobiernos y sistemas, luchas guerrilleras para liberar oprimidos, corrientes religiosas para socorrer necesitados, defensa de la ecología, diversificación de corrientes políticas, etcétera.
Al status quo (del latín: estado actual de las cosas), todo esto le asustaba sobremanera, los conservadores se rasgaban las vestiduras y las ancianitas se persignaban una y otra vez ante las corrientes de cambio que invadían el planeta. Algún muchacho, tan solo porque no se cortara el cabello tipo militar, ya podría ser tachado de “demonio”.
Era la resistencia al cambio. Y ahora, a la distancia de décadas, ante el análisis de un panorama con mayor desgaste, más problemas, mas injusticias, más abusos y escases de pensamiento; aquellos hippies de Woodstock y aquellos estridentes Beatles parecen hasta románticos y se añoran. Salen a lucir sus valores que, como en toda naturaleza humana, por supuesto que los tenían. Amor y paz… ¿quién le pone peros a esto?
Las películas en pantalla, sesudas y atrevidas, como 2001, Odisea del Espacio (Kubrick, 1,968), por ejemplo, nos ponían a pensar complicadamente, con un telón de fondo que reflejaba un futro de crecimiento, de desarrollo, de evolución. Desde las cavernas hasta los viajes interestelares. De un golpe el repaso de la humanidad.
Pero, cuidado, no vaya a ser que la escena se nos vaya acomodando como pasaje de moribundo en el último repaso de su vida, pues un viraje vertiginoso acarreó atractivos esquemas y contenidos que, al vaciarse en el conocimiento de las personas, los andan orillando a pensar menos y a consumir más.
Cuestión de óptica: no hay que ver lo que se ha logrado como un resultado final, sino como el trampolín hacia una etapa mejor como seres humanos. Pero para ello es necesario razonar, estudiar, ilustrase, conocer mundo y gentes, convivir y crecer.
Y los artefactos, softwares, imágenes, colores y sonidos que dominan en el mundo de hoy no apuntan precisamente al conocimiento y al pensamiento, menos aún a la meditación, que es ya un estrado más elevado de las personas.
De los ábacos que estimulaban el razonamiento de los niños y hasta el ejercicio físico de contar con las manos, como jugar a las canicas (ya pocos sabrán a qué me refiero), pasamos a los gadgets que piensan, y a veces hasta se mueven por si solos, y dan el resultado a las personas, sin que estas se esfuercen y desarrollen sus cualidades.
Crece la ignorancia: aunque se acumule un mayor número de personas que han cursado educación superior, el hecho de que ostenten un titulo no garantiza que hayan sido efectivamente alfabetizados, pues muchas veces no desarrollaron el mínimo sentido común, ni acumularon valores humanos indispensables para la sana convivencia. Hay un claro desgaste intelectual y crisis social.
Lo más notorio es el cúmulo de costumbres, tecnología, medios de comunicación, elementos para diversión y entretenimiento, que podrían ser ventajas para una vida mejor y se quedan como distractores en beneficio de los intereses de quienes manejan la sociedad para su beneficio.
De la prensa, radio y cine de hace 100 años brincamos a la comunicación instantánea mediante el smart phone o hasta el smartwatch, con un chícharo en la oreja para que nos aísle de la realidad.
Por esos medios podemos ver y escuchar lo que sea, y mandar mensajes igualmente. Ello parece una maravilla, si es que tenemos el criterio para manejarlo adecuadamente. De lo contrario se convierte en un grillete electrónico mediante el que pueden tenernos controlados y en paz.
Lo que llama la atención inicialmente al instinto del ser humano es el color y la imagen, y por ello es que los esquemas de comunicación actuales se mueven desde esos principios, y las personas se lanzan fácilmente a seguir el atractivo de la imagen sin detenerse a razonar.
Esos juegos que tanto llaman la atención, esos videos, esos memes, esa burla del prójimo, son generalmente distractores para satisfacer el instinto primitivo de poder y sensacionalismo, y con la distracción se deja de lado el análisis de hechos y, al no haber razonamiento no hay cuestionamiento. Y el negocio sigue viento en popa.
Así como publicaciones amarillistas y rojas, como la Alarma de aquellos años, eran las que más se vendían, hoy en día los talks shows explotan el morbo;y ya no se si es más grave exponer las fotos de heridos, muertos y sangre humana, o exhibir los sentimientos y limitaciones de las personas en una pantalla pública de tv o youtube.
Lo terrible es que, ante la ignorancia, educación deficiente, cultura endeble y falta de argumentos para cuestionar los hechos, penetran en nuestras comunidades, como cuchillo en mantequilla, las costumbres que benefician a los más deleznables propósitos, que son los del núcleo de poderosos (a quienes no conviene que las cosas cambien, status quo, decíamos) o hasta los del crimen organizado (que ya serán los mismos), sin que nadie atine a confrontarlos.
El panorama parece complicado, pero no olvidemos que la Edad Media se extendió por siglos de oscurantismo, pero en ese océano de noche negra las mentes brillantes destacaron más aún, aunque en su momento no supieran reconocerlas o hasta las despreciaran y atacaran, como sucedió con Juana de Arco, Juan Escoto y Agustín de Hipona, por mencionar solo algunos.
Las mentes brillantes de hoy ahí están, sin duda, y actúan y razonan. Y no son seguramente los famosos empresarios, políticos, artistas y desarrolladores de inteligencia artificial que ahora acaparan la atención y absorben la fama y el dinero. No, a las mentes brillantes de ahora se le reconocerá en la historia.
Hoy la juventud no esta perdida, solo esta embelesada, enajenada, y lo mismo podemos concluir acerca de la sociedad en general. Vivimos tiempos difíciles en un esquema más comercial que humano, en el que la acumulación de riqueza y poder pesan más que la sabiduría.
Creo que nos toca ser congruentes con lo que creemos y hemos aprendido, aunque las condiciones sean adversas. No porque la mayoría haga las cosas en desorden significa que ello sea lo correcto. Nos toca vivir conforme a nuestra conciencia, denunciar lo que nos ha sido dado a comprender y mantener la mente y la fe en alto.

