Por Luis SILVA GARCÍA
CHIHUAHUA CHIH.- Esta semana pasada, el 22 de abril, se conmemoró el Día Internacional de la Madre Tierra, fecha que proviene de una resolución adoptada por la ONU en 2009, con el propósito de educar a la población mundial y concientizar a las naciones acerca de la urgente necesidad de proteger los recursos del planeta que habitamos.
El origen de esta causa se ubica en el principio de la década de los 1970s, cuando aún el tema de la ecología y la conservación de los recursos no era prioridad en las agendas políticas. El tema no estaba de moda, pues.
Hace casi 50 años, en Estocolmo, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, se establecieron los principios “hacia una toma de conciencia mundial sobre la relación de interdependencia entre los seres humanos, otros seres vivos y nuestro planeta”.
Ahí se instauró el Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio), y se fundó el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) que es el organismo encargado de “establecer la agenda ambiental a nivel global, promover la implementación coherente de la dimensión ambiental del desarrollo sostenible… y actuar como un defensor autorizado del medio ambiente” de acuerdo a la propia declaración de la ONU.
De ahí en adelante, el tema de proteger el medio ambiente se fue poniendo de moda, se multiplicaron las cumbres y reuniones internacionales y nacionales, para iniciativas al respecto, hasta el día de hoy donde es muy difícil encontrar a alguien que pueda confesar que está contra el cuidado del planeta; ahora hasta los bebes parece que ya nacen con un chip ecológico integrado.
Cualquier gobierno y hasta casi cualquier persona hablan de la urgencia de cuidar los recursos naturales, programas por un lado, iniciativas por otro, manifestaciones allá, pronunciamientos acá, todo a favor del planeta, mucho bla, bla, bla… pero… del dicho al hecho hay mucho trecho.
Los datos son aterradoramente contundentes: Cada año se deforestan en el mundo unos 13 millones de hectáreas, superficie equivalente a Islandia, o a nuestro estado de Querétaro, para entender mejor. Y esta deforestación, por supuesto, no es natural: es producto de la acción de los seres humanos que, en su inconsciencia y con intereses de explotación de los recursos para beneficios particulares, avasallan los bosques y praderas por doquier.
Igualmente otras cifras anuales: Se desechan 500 mil millones de bolsas de plástico. Se pierden más de 14 mil millones de litros de agua por falta de aplicación de técnicas de ahorro del vital líquido. 20 mil elefantes son asesinados en África. Solo unas cuantas cifras… hay muchas más.
Cada año se incrementa el número de plantas y animales en peligro de extinción. El 40% de la población mundial ya tiene problemas con la escasez de agua. Consumir agua sucia puede traer problemas de salud, como diarrea, que es responsable de la muerte de 2,2 millones de personas al año, según la OMS.
Estos graves símbolos (y muchos otros, tantos, que sería tedioso enumerar) son un clamor de la madre tierra que nos exige corregir nuestra conducta. Los océanos se están saturando de plástico y se convierten en ácidos. El calor extremo lo estamos padeciendo en todo el mundo, así como incendios forestales e inundaciones, huracanes récord, tanto en número como en intensidad, que esta temporada están afectando a millones de personas.
Y en este lamentable escenario nos llegó el Covid-19, una pandemia que tiene estrecha relación con la salud de nuestro ecosistema. Un dato más en este sentido: cada 4 meses surge una nueva enfermedad infecciosa.
Es triste la realidad: recorremos los alrededores de la megalópolis CDMX y nos encontramos con cientos de cerros que están totalmente poblados, que no quedó en ellos un solo espacio con vegetación ni para animales. Ahí vemos claramente como la población se está comiendo al planeta.
La contaminación es creciente, muchas personas padecemos constantemente afecciones por la mala calidad del aire y la suciedad acumulada en el ambiente. Las declaraciones de contingencia ambiental son más frecuentes; se integran más medidas para mitigar: ahora hasta nos piden que no utilicemos gas por más de 5 minutos en el hogar.
Los ríos pasan por las poblaciones (y los asentamientos humanos desde hace siglos se ubicaron junto a los ríos) y salen totalmente contaminados por las aguas negras. El río Cupatitzio nace en el maravilloso parque Nacional de Uruapan, Michoacán, pero ese paraíso termina en cuanto el cauce sale del parque y ya corre totalmente contaminado. Una verdadera lástima.
Hemos andado por carreteras en estos días y en unos 300 kilómetros nos tocó contemplar al menos 5 incendios forestales. El problema del deterioro del medio ambiente es palpable por todos y ya no podemos tapar el sol con un dedo. Tenemos que actuar para corregir.
Pero el Presidente de México parece que vive una realidad distinta, o es que ¿tendrá otros datos? Resultó vergonzosa su “actuación” durante la Cumbre Ambiental Virtual a que citó el mandatario de los Estados Unidos, Joe Biden, precisamente el Día de la Madre Tierra, pues AMLO la insertó en su “show” mañanero, es decir, le restó importancia. No es lo mismo una reunión de mandatarios que una de “periodistas” paleros, dirigida por sus consultores de imagen, que hacen diariamente.
La cumbre tuvo por objetivo revisar y refrendar los compromisos de los países para eliminar la utilización de combustibles fósiles en la generación de energía, y así combatir el efecto invernadero, que está aumentando el cambio climático, a su vez incrementando la temperatura del planeta y el nivel de los mares, causando tempestades como temperaturas extremas récord, y demás.
Pero AMLO ni se entera, o ni quiere enterarse: cuando varios países, como Japón y Canadá, aumentaron al máximo sus compromisos para evitar combustibles fósiles, y otros más refrendaron los ya adquiridos, nuestro presidente salió con la “batea de babas” de que México tenía ¡nuevas reservas de hidrocarburos! Parece que al señor nadie le ha explicado lo que es un combustible fósil.
Y más aún, no se conformó con cortar la cumbre y desatenderla para hacer su “show” mañanero, y solamente cuando le tocó su intervención se salió del tema para afirmar que los que se sumen a su programa Sembrando Vida tendrán facilidad para entrar a Estados Unidos. O sea, le dice a los migrantes: siembra un arbolito y te damos la visa. Si, cómo no. Por supuesto que las autoridades de EU desmintieron la especie.
A los mexicanos (al menos a muchos) se nos cae la cara de vergüenza. Ya es hora de ponerle un alto a tanta “gansada”.

