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Dictadura dinástica en Nicaragua

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH.- En las calles de Masaya se apreciaba la guerra, de manera lastimosa, a flor de piel: niños harapientos corriendo entre el lodazal, con claros signos de desnutrición y descuido; muchas veces por orfandad; manchados en su piel morena por anemia o por suciedad;ya no se podría distinguir, más aún casi al ponerse el sol, que era cuando la gente intentaba sus actividades, ya que había cesado la metralla del día y la lluvia del temporal en esta zona de lagunas y selvas centroamericanas. Y antes que en verdad cayera la noche y el toque de queda.

La guerra de la oposición, encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que intentaba terminar con la dictadura de Anastasio “Tachito” Somoza ya era muy costosa; era casi imposible encontrar un núcleo familiar que no acusara bajas; las actividades escolares y mercantiles estaban colapsadas de hacia meses. Solamente el ejercito del gobierno tenía víveres, pero la población en general sobrevivía con mucha hambre y limitaciones.

Los hospitales y dispensarios estaban totalmente rebasados con el número de heridos que caían a diario en las calles, convertidas en campo de batalla entre guerrilleros y soldados somocistas. Los contagios y epidemias pululaban entre la población, y hacían víctima fácil a los menores y a las personas de mayor edad.

En Masaya, población ubicada a unos 30 kilómetros de la capital Managua, se había refugiado mucha gente, inclusive desde el gran terremoto de 1972, y la destrucción no se había podido solventar en los años transcurridos, cuando llegó esta guerra civil a complicar aún mas las desventuras.

También en esta región, hacia el sur del país, se concentrarían los movimientos que tenían el propósito de echar a “Tachito” fuera del poder. Por ahí andaban las figuras del “Comandante Cero” Edén Pastora, símbolo de causas populares; los hermanos Ortega, especialmente Daniel, quienes ostentaban el manejo de los núcleos armados en rebelión; y la de Ernesto Cardenal, sacerdote católico y poeta, que destacaba entre la población por su reconocida honorabilidad y valentía en la denuncia.

En este año de 1979 la guerra estaba por llegar a su fin, el EZLN avanzaba hacia Managua y los ojos del mundo estaban puestos en este país centroamericano. En Julio Somoza huyó del país para evitar caer en manos de los guerrilleros, ya inminentemente triunfantes.

Por esas calles fangosas y con rastros de bombardeos, en ese verano húmedo en Masaya, las fuerzas un tanto informales de la Cruz Roja Internacional corrían, como podían, cargando heridos rumbo al auxilio, y les ayudaban jóvenes que se organizaban en grupos en los templo católicos. Auxiliaban heridos, enfermos, repartían alimentos o medicina, cuando había, recogían cadáveres… su tarea era en verdad difícil y muchas veces ingrata, pero alguien tenía que hacerla.

Los grupos de corresponsales de guerra y periodistas que estaban repartiendo al mundo la información desde Nicaragua era cada vez más numerosos. El peligro ya había tocado a sus puertas:un reportero de televisión de Estados Unidos cayó asesinado por las balas de los soldados del dictador, que alegaron una confusión nunca aclarada.

En los hoteles y casas donde se hospedaban los periodistas intentaban conciliar el sueño, aunque persistía el estruendo de explosiones y de los aviones que se escuchaban muy cerca. Varios confesaron que en realidad casi no podían dormir.

Los periodistas con cámara y micrófono en mano eran rodeados por esos niños que suplicaban por algo de comer o de valor, que le pudiera mitigar esa lacerante miseria en que sobrevivían.

— Dame un Córdoba, dame un Dólar. Suplicaban en un lamento, casi en llanto de evidente desesperación. Y los reporteros ya iban casi siempre armados con monedas, billetes de baja denominación, dulces, chocolates y a veces hasta alguna prenda de vestir, o hasta su reloj, que repartían entre la chamacada. El premio era una sonrisa de niño que, en ese contexto, era de verdad un enorme premio.

El costo de esa guerra, para los nicaragüenses, fue,de una magnitud indescriptible, el sufrimiento, hambre, dolores, heridas, enfermedades, huérfanos, desamparados, miseria, secuelas, difícilmente se pueden reflejar en un número de caídos, o en pérdidas materiales, y menos aún en la salida de un gobierno para ser suplido por otro.

Las noticias salieron en datos en cifras, en declaraciones, pero en cuanto a la realidad humana, solamente podemos hacer un esfuerzo por imaginarla. Ese pueblo la vivió y la sigue viviendo.

Llegó el gobierno del FSLN y la etapa de reconstrucción, que con el paso de los años se fue desviando hasta terminar en otra dictadura, ahora encabezada por el que fuera héroe revolucionario, Daniel Ortega, quien ha mostrado cada vez más tendencias absolutistas, y ha fomentado y aplicado reformas con la clara intención de consolidar un poder familiar, para lo cual ha nombrado copresidenta a su esposa Rosario Murillo.

Ante la situación, una serie de organizaciones y ciudadanos, encabezados por el Grupo de nicaragüenses exiliados en México, la Casa Centro América, la Fundación de Estudios Políticos y Sociales Progresistas (FEPSP), la Organización Nicaragüenses en el Mundo (NEEM) y Espacio de Diálogo y Confluencia entre Actores Nicaragüenses, han hecho una denuncia pública, mediante una carta dirigida a los diputados integrantes del Grupo de Amistad México-Nicaragua, en la que señalan que “Desde que Ortega llegó al gobierno en las elecciones generales de año 2007, se ha mantenido durante 18 años en el poder mediante fraudes electorales y una cruel represión, pretendiendo ahora transferir ese poder a su familia para instalar una dictadura dinástica”.

“Los nicaragüenses nos opusimos a la dictadura dinástica de la familia Somoza mediante la rebelión de 1979 y pagamos un costo muy alto.

“Hoy, centenares de miles de nicaragüenses nos oponemos a la dinastía Ortega Murillo, y por ello también estamos pagando un precio demasiado alto en sangre derramada, cárcel, destierro, desnacionalización y confiscación de nuestros bienes…”

Comparten datos de expedientes de Derechos Humanos de la ONU y de los hechos:

  • 234 líderes campesinos asesinados desde 2007.
  • 355 ciudadanos indefensos asesinados por bandas paramilitares, policía y ejercito, desde 2018.
  • Dos mil heridos en la represión de 2018, a los que se negó atención médica en hospitales.
  • Desde 2018, cinco mil ciudadanos encarcelados, torturados, desaparecidos por largos períodos de tiempo y colocados en aislamiento.
  • Seis prisioneros políticos han fallecido en las cárceles o bajo custodia del estado, por tratos crueles y torturas. (se incluye en esta lista al general Humberto Ortega, miembro del directorio del FSLN y hermano del dictador).
  • Actualmente hay 75 prisioneros políticos (61 hombres y 14 mujeres), de ellos, 22 son de la tercera edad.
  • 31 de esos prisioneros político estas desaparecidos, sin que sus familiares sepan en qué cárcel están o en qué condiciones se encuentran.
  • Cinco mil 700 organizaciones no gubernamentales han sido clausuradas y sus bienes confiscados.
  • Ambientalistas, educadores, médicos, productores, empresarios y feministas han sido despojados de su derecho de ser parte de la vida social y productiva del país.
  • 20 universidades privadas han sido confiscadas, incluyendo la Universidad Centroamericana (UCA, jesuita).
  • 4 obispos católicos, 261 sacerdotes y 90 monjas, han sido apresados y luego expulsados del país.
  • El nuncio apostólico de la Iglesia Católica, Waldemar Sommertag fue expulsado por el gobierno de Nicaragua.
  • Las procesiones religiosas, como las de Semana Santa, están prohibidas; las iglesias vigiladas y amenazadas.
  • Más del 14% de la población, es decir 935 mil nicaragüenses,han huido de 2018 a la fecha y se han refugiado en Costa Rica, España y Estados Unidos.
  • Mediante reforma constitucional arbitraria de enero 2025 se eliminó la figura de presidente de la república y se sustituye por la de “copresidentes”, de manera que Rosario Murillo pueda continuar con su cargo una vez que falte Ortega, sin tener que someterse a una elección presidencial.
  • Se eliminaron los Poderes del Estado y los órganos judicial y legislativo quedan bajo control y dirección de los copresidentes.
  • Se eliminó la prohibición de la tortura.
  • Se legalizaron las fuerzas paramilitares creadas en 2018 bajo el nombre de “Policía Voluntaria”.
  • Ya no existen mecanismos de participación ciudadana directa, como plebiscitos y referendos.

Desde luego que la situación de Nicaragua no ha pasado inadvertida en el ámbito internacional: “La OEA, la ONU, La Corte Interamericana de Justicia, el Vaticano, La Unión Europea, el Centro Carter, y los gobiernos de Estados Unidos, Chile, Brasil y Colombia, entre otros, han sido críticos de la represión y la democracia”.

“En abril pasado, en su último informe, el Grupo de Expertos en DDHH de la ONU para Nicaragua (GHREN), declaró que la represión se ha incrementado sustancialmente y que ha trascendido fronteras adquiriendo una modalidad transnacional. Así, en Costa Rica han sido asesinados al menos 4 opositores exiliados…”

Los exiliados nicaragüenses señalan “que el coronel Juan Carlos Martínez Canales, quien fue segundo jefe de la oficina de inteligencia del Ejercito de Nicaragua, ha sido designado como agregado militar de la embajada de Nicaragua en México en julio de este año. No quisiéramos que en México se repita lo que ocurre en Costa Rica con los refugiados y exiliados…

“Cabe destacar que uno de los principales integrantes de la delegación enviada a México por el régimen de Nicaragua es nada menos que el alcalde sandinista de Matagalpa, Zadrach Zeledón, señalado por las Naciones Unidas como responsable de graves crímenes de lesa humanidad cometidos a partir de 2018 y de la formación de grupos paramilitares que persiguieron y asesinaron a opositores y disidentes…”

Con esta argumentación, los exiliados nicaragüenses en México piden a los diputados “que no sean participes de la instalación del Grupo Amistad México-Nicaragua y, más bien, demanden al régimen de Nicaragua que dé pruebas de vida de los 31 presos desaparecidos y que libere a todos los presos políticos. Aún más, les solicitamos que pidan se respeten los Derechos Humanos, que cese la represión y retorne la democracia en nuestra Nicaragua…”.

Al repasar episodios de lo que sucedía en Nicaragua hace más de 40 años, con los horrores de una guerra, y al comparar lo que esta sucediendo en estos días, debemos intentar comprender la frustración y sufrimiento que padecen las fuerzas democráticas y los individuos de espíritu libre de este país hermano.

Como sucede en los sistemas impositivos, los que más padecen son los desprotegidos y aquellos que denuncian, critican y hablan con la verdad.

La bandera que un momento enarboló las causas populares y por el bien común, hoy es la que protege intereses particulares y familiares. De aquella historia por liberar a un pueblo no queda ya nada.

Con justa razón los hermanos nicaragüenses lanzan su voz pidiendo auxilio a los mexicanos, que tal vez tampoco estemos muy cómodos, pero que precisamente por eso mismo debemos ser solidarios.