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Fenomenología Humana

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH.- Esta es una cuestión de espiritualidad, porque creo que los seres humanos nos distinguimos de otros seres no solamente por el raciocinio, sino que nuestra especie va más allá e incursiona en terrenos cuyo nivel rebasa aún a la inteligencia, pero que han sido ocupación y pasión de los humanos casi desde las cavernas.

De ahí surgen las preguntas ¿de dónde venimos? ¿quién es el creador de todo este armónico universo? Y ello da lugar al concepto intrínseco de religión, sin distingo de acepciones o corrientes. Desde las culturas milenarias hasta las de oriente u occidente, es decir, tanto en la historia como en la geografía, siempre hay un dios; en muy diversos conceptos, pero perpetuamente aparece con una potencia creadora.

Este será mi humilde intento de reflexión sobre los conceptos del científico, filósofo y sacerdote católico jesuita, Pierre Teilhard de Chardín, quien, desde mi punto de vista, logró amalgamar su fe con la ciencia, sin perder el sentido de humanidad. Y claro, es solamente un ensayo: no intento predicar una verdad, ni siquiera espero coincidencias o compresión. Solamente compartir.

PUNTO OMEGA: “Yo amo el Universo, sus energías, sus secretos, sus esperanzas… porque al mismo tiempo estoy entregado a Dios: el solo Origen, la sola Salida, el solo Término”. Con esta frase Teilhard deja claro que Dios es todo y está en todo, sin concepto ni género, en omnipresencia y omnisciencia: su presencia y conocimiento es infinito, sin limites de tiempo y espacio.

El punto Omega es el punto final  de la evolución del universo: el centro de convergencia de toda evolución biológica y humana, que encuentra su plenitud en Dios. Para Teilhard ese Punto Omega es Jesucristo: el motor que atrae hacia el futuro, el que nos permite ver hacia adelante y nos impulsa a crecer, a ser mejores, a evolucionar.

CRISTOGÉNESIS: “He aquí por qué me parece tan primordial… presentar delante del mundo lo que yo llamo el Cristo-Universal”. El filósofo determina que el trabajo de todos, la ciencia y la técnica, son herramientas con las que colaboramos en la construcción espiritual del mundo.

Cristogénesis en un proceso por el cual el universo se va “cristificando” a través de la historia. Define el “Cristo Cósmico”, que no se trata solo del Jesús histórico de hace 2 mil años, sino del “Cristo Total” que se edifica con la incorporación de todas las cosas y el trabajo humano al final de los tiempos.

Teilhrad propone que la Cosmogénesis (la evolución del cosmos) se transforma en Cistogénesis gracias a que Dios se hace hombre en Cristo, conocido como el misterio de la Encarnación.

DIAFANÍA: “El gran misterio del Cristianismo no es exactamente la Aparición sino la Transparencia de Dios en el Universo”. Gracias a la diafanía, el mundo se convierte en un “Medio Divino” donde cualquier objeto o suceso, por pequeño que sea, deja transparentar el calor y la luz de la vida de Dios.

Dios se manifiesta en la materia y esto permite al que ora reconocer la presencia real de Cristo en la profundidad de cada hecho y elemento de la creación. A diferencia de una “Epifanía” (que es una manifestación externa), la diafanía es la transparencia de Dios a través de las entrañas del universo. Quien entra en comunión con el creador percibe la presencia de Dios.

EL MEDIO DIVINO: “Abandonemos la superficie y, sin dejar el Mundo, hundámonos en Dios”. En este “medio” los seres humanos encuentran la confluencia de todas las bellezas y el punto más activo del universo.

No es un lugar físico, sino una “atmósfera” espiritual en la que vivimos inmersos. Es la percepción del universo como un espacio donde la presencia de Dios lo llena y lo vibra todo. Para el desarrollo de la espiritualidad es necesario incursionar en el medio divino; entender al creador.

PASIVIDADES: “Sobre todo ten confianza en el lento trabajo de Dios… acepta por su amor la ansiedad de sentirte en suspenso y como un ser inacabado”. En el proceso del ser humano hay “pasividades”, que son cosas que no elegimos, pero que nos marcan:

Pasividades de Crecimiento: son los éxitos, talentos y circunstancias favorables que nos permiten desarrollarnos y sentir que “crecemos” en Dios.

Pasividades de Disminución: son las sombras de la vida: el fracaso, la enfermedad, la vejez y finalmente, la muerte. Teilhard las llama “benditas pasividades” porque, al perder el control sobre nosotros mismos, nos vemos forzados a abandonarnos totalmente a las manos de Dios.

EL PLEROMA Y LA HOSTIA: “Savia de nuestras almas, Mano de Dios, Carne de Cristo, Materia, yo te bendigo”.  Teilhard define al mundo entero como la celebración de una misa eterna. Toda la materia está “encarnada” por el hecho de que Cristo se hizo carne. Por tanto el mundo es una “inmensa hostia” preparada para ser transformada.

El Pleroma es la suma total de lo que Dios ha rescatado de la “nada”: la plenitud de los seres unidos para siempre en los lazos de Cristo. Incluso las amarguras y las separaciones se recogen en el “Cáliz” para ser santificadas y convertidas en fuerza de vida.

La reflexión sobre estos elementos del personaje nos permiten razonar acerca de nuestra vida, de la de los demás, de la religión, de la materia, de la realidad de los acontecimientos; y reconocer que es bueno hacer el ejercicio de un análisis profundo desde la raíz de la humanidad, del planeta y del cosmos, en un intento de comprensión de las fuerzas que nos tienen a todos aquí, de paso.

La Fenomenología de Teilhard queda expuesta en la obra “El Fenómeno Humano” (1955), donde establece su visión científica y espiritual que describe el universo como un proceso evolutivo dinámico hacia una mayor complejidad y consciencia. Propone que la materia evoluciona hacia el espíritu.

Su vida y obra nos impulsa a un crecimiento espiritual, a un acercamiento a estratos superiores de la vida, mas allá de las mezquindades diarias, pero sin dejar al lado los valores que nos hacen mejores como seres únicos y a la vez conglomerados.

(Con conceptos y descripciones de la FanPage: Jesuitas Y Teología).