El Papa Francisco ataca la pederastia

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Por Luis SILVA GARCÍA

CHIHUAHUA CHIH.- El Papa Francisco es el primero, en más de dos mil años de la Iglesia Católica, en enfrentar de forma directa y contundente un problema que existe en la sociedad en general, y en particular en el sector clerical, la pederastia, que no es otra cosa más que el abuso sexual de un adulto contra un menor de edad.

El Papa ha dictado con claridad la política de Cero Tolerancia en la pederastia, así como el principio de que los clérigos deberán acatar las disposiciones, normas y sentencias legales de la sociedad civil en la que desempeñen su ministerio, sin ningún privilegio.

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En México, desde el siglo XIX (19) la Ley estableció que los clérigos no gozan de privilegios y deben ajustarse, en todo caso, a la Constitución y demás ordenamientos legales, como cualquier ciudadano, ni más ni menos.

En cuanto a estudios y estadísticas de la cantidad de pedófilos que pueden existir entre la población, no es fácil sacar conclusiones, dadas las costumbres que llevan a negar los casos y a los diversos conceptos y legislaciones particulares en los países.

Aún en este contexto, los estudiosos coinciden en que el porcentaje de posibles pedófilos en una comunidad es de entre uno y 4% de la población. Y en el caso de comunidades o grupos más cerrados, como es de la Iglesia Católica, el porcentaje se mantiene y es común que el problema se acentúe, como resulta lógico.

James Cantor, psicólogo y científico de comportamiento sexual de la Universidad de Toronto, y Michael Seto, psicólogo clínico y forense del grupo Royal Ottawa Healthcare, en investigaciones recientes, explican que, si la pedofilia se considera en abusos a menores de edad en términos generales (comúnmente menores de 18 años), el porcentaje es mayor.

Si la definición se acota a términos de que un pedófilo es alguien interesado sexualmente en niños pre-pubescentes, es decir, de menos de 11 o 12 años, entonces el porcentaje se reduce (lo que explica la amplia variable de entre uno y 4%).

El Papa Francisco, sin hacerlo oficial, ha actuado claramente admitiendo que, en la Iglesia Católica, a nivel mundial, la cantidad de pedófilos dentro del clero sería de un dos por ciento. Con base en este dato es que emprendió un vertical ataque al problema.

Una investigación de Philip Jenkins, del Instituto de Estudios de Religión de la Universidad Baylor, en Texas, coincide con los datos que se han manejado por parte de Roma (entendiendo a Roma como sede y autoridad de la Iglesia Católica).

Más allá de las cifras -pues los números pueden ir y venir, y aunque las matemáticas son una ciencia exacta, los resultados y estadísticas pueden “estirarse o reducirse” a conveniencia de quien intente demostrar algo-, lo irrefutable es que la pederastia es una triste realidad y afecta a muchos menores de edad y a sus familias en nuestras comunidades, como también resulta innegable, y científica como legalmente comprobado, que el problema se presenta dentro del clero de la Iglesia Católica.

Ahora bien, nos estamos refiriendo a un problema que existe indudablemente, la pederastia, pero otro, inherente a esta desviación conductual, es el de una triste realidad: las muy escasas denuncias que se hacen contra los pedófilos, situación que presenta múltiples aristas de naturaleza socio antropológica en todo en todo el mundo y particularmente en México.

Según los datos más actualizados (2019) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) la tasa de violación de niñas y niños en México es de mil 764 por cada 100 mil, y la de tocamientos no deseados es de 5 mil por cada 100 mil habitantes.

Lo siguiente es para dar terror: De cada mil casos de abuso, sólo se denuncian ante la justicia unos 100, de esos, sólo 10 van a juicio y de ahí, solo uno llega a condena.

Por ello la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) afirma que las cifras de delitos sexuales contra menores deben poner en alerta al país, pues México ocupa el primer lugar en el ámbito mundial en abuso sexual infantil con 5.4 millones de casos al año.

Y así de triste estaba la situación de nuestro querido país, de acuerdo a estos informes que datan de inicios del año pasado (2020), cuando nos cae la pandemia originada por el Covid-19, y nos toma debilitados como sociedad, con instituciones ampliamente ineficientes, valores trastocados; poca capacidad de reacción, en resumen.

Ahora la propia Secretaría de Gobernación reconoce que la violencia y abuso sexual contra menores se ha agravado durante el auto confinamiento: más del 60 por ciento de los casos ha ocurrido en el hogar con familiares o personas de confianza a niños de entre 6 y 12 años.

Apabullante situación la de la pederastia, que nos obliga a analizar y reflexionar sobre las situaciones que nos han orillado al escandaloso incremento de este dramático abuso delictivo y, desde luego, a tomar las posiciones y acciones que a cada quien correspondan para salvaguardar a los indefensos y castigar a los culpables.

Los datos en general pintan una situación en la sociedad, de la que no se escapan los sectores particulares, como es la Iglesia Católica.

En este contexto destaca la posición del Papa Francisco, que se muestra decidido a combatir el problema social, en una posición afín a su clara responsabilidad de encabezar el combate al pecado en todo el mundo, de acuerdo a las enseñanzas evangélicas de Jesucristo.

Pero el camino de la redención no es llano: numerosos grupos e individuos dentro del catolicismo se resisten a corregir, ya ún a reconocer que existan sacerdotes culpables de este lamentable abuso a menores, pese a que que les “muestren los pelos de la burra en la mano”, es decir, con todo y las pruebas científicas y legales, a veces quieren ocultar los hechos y defender al culpable, tan solo porque se trata de un ministro de culto.

Es claro que, la ocupación o carrera de una persona, pertenezca al grupo que sea, nunca ha sido ni deberá ser impedimento para aplicar las normas y leyes de una sociedad.

Como me dijo un sacerdote, en referencia al caso de otro acusado, procesado y condenado por pederastia: “es que, en ocasiones, los integrantes del clero confundimos las conductas y luego queremos defender al amigo, al compañero, al sacerdote, y en ese afán ignoramos que al que se juzga es al hombre por cometer un delito”.

La cabeza de la Iglesia Católica está tomando la posición que le corresponde ante este problema; toca a los individuos y a la sociedad seguir su ejemplo para avanzar en defensa de los desprotegidos y en la aplicación de la justicia. Este es el camino del crecimiento y de la evolución.