EL TORERO GÓMEZ, NUESTRO GRAN ATLETA

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Si de olimpiadas hablamos…

Por Carlos GALLEGOS PÉREZ

DELICIAS CHIH.– En Moscú 80 uno de los atletas mexicanos más perfilados hacia el medallero era Rodolfo Gómez Orozco, el Torero, nativo de Naucalpan de Juárez, Estado de México, desde los ocho años de edad radicado en Delicias, en cuyas calles y cercanías forjó su carrera deportiva.

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Empezó en Los Relevos Guadalupanos, luego fue a Parral a ganar la Carrera del Minero, de las Fiestas de Santa Rita de la ciudad de Chihuahua se trajo el primer lugar, también de Santa Eulalia, de Las Cruces, de ciudad Juárez y El Paso.

También lo vieron triunfar en Torreón, Gómez Palacio y Guanajuato.
Cuando el Estado y la provincia le quedaron chicos a sus formidables facultades, sin graduarse de la prepa se fue a la CDMX en busca de horizontes más amplios.

De trampa, brincándose la barda, ingresó al Centro Deportivo Olímpico Mexicano, y revolvolvíendose entre una tropilla de atletas de élite, llamó la atención de Tadeuz Kempa, el entrenador nacional, quien viéndole algo lo admitió a prueba durante dos meses.

Una vez aceptado inició su ruta de triunfos y derrotas, de acuerdo al historial de los atletas, de acuerdo a los avatares de la vida misma.

A nivel nacional, centroamericano y panamericano lo ganó todo, alcanzando renombre mundial al ganar los cinco maratones más renombrados del orbe: Tokio, Atenas, Rotterdam, Oregon y Pittsburgh. Antes había roto varios récords en Estados Unidos.
Ya era material olímpico, ciclo que empezó en 1500 metros hasta llegar al maratón, la prueba madre.

Para Moscú iba aceitado, eléctrico, como navajita después de ganarse su lugar venciendo a los mejores del país, dando la marca de sobra.

Pero la grilla metió la pata y un pleito con uno de pantalón largo que le negó sus viáticos lo desconcentró. No obstante, el día de la carrera se sentía confiado, a pesar que sus relaciones con Kempa no eran de lo mejor, así que prácticamente entrenó solo.
A la adrenalina del tiro de salida se olvidó de todo y puso el ojo en la meta.

Hasta el kilómetro 35 iba punteando, pero sin auxilio para los abastecimientos de líquido, corriendo en solitario, fue cazado por el bloque socialista que hacía equipo y su esfuerzo solo le alcanzó para el sexto lugar.

Luego vendrían Los Angeles 84 y Seul 88 y finalmente su dilatada y exitosa estela como entrenador.

Pero no quiso irse sin cumplir un viejo anhelo: en el semi retiro, casi sin entrenar, vino y ganó la San Silvestre 1983.