UN ABONITO A UNA DEUDA ETERNA

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Los años se van volando

Por Carlos GALLEGOS PÉREZ

DELICIAS CHIH.- Esta frase, que estoy por registrar ante la instancia correspondiente en previsión de que me la puedan piratear, viene a cuento al ver esta foto que fue tomada el 15 de mayo de 1946 en la esquina de Sonora y Zaragoza, en el histórico Meoqui.

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Captó el instante en que fue inaugurada una clínica particular financiada por la señora Amalia Mendoza y otras personas altruistas que, conscientes de la necesidad de ampliar la cobertura de salud en la población, recurrieron a los Servicios Coordinados de Salubridad y Asistencia del Gobierno del Estado para que la equipara y abriera su generosa puerta.

Tal acto correspondió al doctor Renato Miranda Fonseca, Jefe Regional de esa dependencia, quien tuvo el tino de nombrar director a su colega Mario Aguirre Fuentes, una fuente de sabiduría médica y poseedor de un sentido del humor agudo, rasposo, irreverente y oportuno.

El doc Aguirre acostumbraba manejar a vuelta de rueda, pues como aligeraba el tedio diario a base de ricos alipuses, tomaba la precaución de conducir muy quedito, aplicando el dicho de que “despacio que llevo prisa”.

Dicen que un día que iba con rumbo al Salado lo adelantó un tractor, y que a toda voz le gritó al cafre aquel: ” Y luego no saben por qué se matan”.

La otra imagen, captada en la Clínica Santa Eduviges, que estaba sobre avenida Río Conchos, casi enfrente del Hospital Regional, retrató a parte del personal de ese nosocomio, fundado por el doctor Julio Maciel Valladares, de grata memoria en las páginas de nuestra historia.

De elegante vestimenta y peinado a la moda, posa la señora Carmen Jurado Acosta, esposa del doctor Maciel, flanqueada por un grupo de enfermeras que tomaron una pausa en su diario trajín para heredarnos este momento irrepetible, atestiguado por el niño Miguel Maciel Jurado, quien se chiveó un poco ante el flashazo.

Hace algunos domingos que se vienen publicando eso, flashazos de la historia del sector salud deliciense y regional, calentando el ambiente para la presentación del libro Ángeles, Batas y Alas, que auspiciado por la Clínica Hospital Fortaleza, será el marco para tributar un merecidísimo reconocimiento a ese heroico segmento poblacional que a riesgo de su integridad ha presentado heroica batalla al flagelo del covid, la malévola molécula que en un tris nos cambió la vida.

Su contenido versa acerca de la historia de la medicina universal, de su evolución, de sus triunfos, de sus fracasos, de sus personajes más reconocidos, de sus miembros anónimos, de quienes con su apostolado de ciencia y bondad han curado los dolores del cuerpo y llevado paz a las almas de sus pacientes.
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