Lo querían, ya llegó… -Maru nerviosa, lo quiere lejos -Aguas con lo  que escupa

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LUEGO de casi cinco años de haber sido declarado prófugo de la justicia, el exgobernador César Duarte Jáquez, fue extraditado por los Estados Unidos a México al mediodía de ayer; por la tarde llegó a Chihuahua e internado en el Cereso de Aquiles Serdán, en la llamada celda Especial de Protección a funcionarios.

En noviembre de 2019 una jueza local le dictó la primera orden de aprehensión por el desvío 66.6 millones de pesos, que fueron a parar a una fantasmal federación ganadera. Ese será el delito principal por el que será juzgado, más la asociación delictuosa.

Duarte fue detenido en Miami, Florida hace 23 meses, luego de que la interpol elevó una ficha roja para su captura.

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Trascurrieron casi dos años para que la jueza de la Corte sur de Florida, Lauren Louis, ordenará en noviembre del año pasado la extradición. Ayer se cumplió.

FUERA del show mediático e impresionante cobertura de los medios de comunicación, lo interesante apenas comienza, veamos:

En lo jurídico ya se ha anticipado que sólo será juzgado por dos delitos, el de peculado probablemente agravado y asociación delictuosa. Esa fue la orden de la Jueza de Florida, el resto las  12 o 15 carpetas se cayeron.

Fuera de eso nada se puede hacer, ni se pueden agregar; el tratado internacional de extradición así lo establece y está suscrito por México, sino Duarte seguiría plácidamente en Miami.

Qué va a dictaminar la jueza de control que lleva el caso, pues no se sabe, eso ocurrirá 72 horas o más después de que sea presentado, lo que puede ocurrir hoy mismo.

Quienes le saben al tema y por lo que se conoce del caso aseguran que el exgobernante va a ser sentenciado a prisión y reparación del daño. Cuántos años en la cárcel, en promedio seis pero eso dependerá de la juzgadora, los agravantes y atenuantes.

Si el desvió es agravado, tendrá  que ir a la cárcel, más cuando tiene el agravante de haber huido del país.

El pero es que, los abogados de Duarte pueden sostener que se violó el debido proceso y que su salud se encuentra quebrantada, lo que implicaría que vaya a un hospital para atenderse (operarse de la hernia); recuperarse en casa, bajo el monitoreo de un grillete electrónico. Hasta ahí el primer escenario jurídico.

EN LO político, podría registrarse una intervención de Estado, es decir, de la gobernadora María Eugenia Campos Galván, para dejarlo que lleve el juicio en casa, incluso en prisión domiciliaria luego de la sentencia. Podría incluso exonerarlo, pero eso ya sería un descaro y un costo político muy elevado. Maru cavaría su tumba política.

El poder político por lo tanto, aunque no se crea ni desee, lo tiene César H.D. y dependerá de la información que tiene, aporte; de a quién se quiera llevar entre las patas, incluyendo a la propia gobernadora por el tema de los moches y la nómina secreta.

Entonces mantenerlo al tigre encerrado no parce ser la mejor salida, obviamente en lo político. Tal vez, por eso la gobernadora en su repetitivo mensaje de “ni perdón ni olvido para los exgobernadores”,  sugiere que la Federación atraiga el caso; pensará que entre más lejos mejor; quizá resulte peor.

La Federación no puede intervenir por los delitos imputados, pero por tratarse de un exgobernante sí, o porque se lo pidan el orden estatal, por alguna argumentada inconveniencia.

Ese es el escenario político, en donde lo más seguro es que se desate una guerra de acusaciones en contra de todo mundo, por ejemplo contra la “gobernadora duartista”, eso será lo primerito y sin duda vendrá del morenismo.

El PAN celebró la llegada de Duarte, pero sin ningún mérito en la extradición; Maru dice que con ella si se pudo y mañana tempranito AMLO dirá que ahora sí se combate y se castiga a los corruptos protegidos por los liberales. En fin.

El PRI ni pío dice, mejor así, no le conviene remover cenizas del pasado, equivaldría a perder lo poco que ha recompuesto después del duartato que junto con el quinquenio nefasto de Javier Corral, provocaron la desgracia de Chihuahua.