El rescate de Acapulco, entre la “guerra política”

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  • Otis exhibió la falta de preparación y organización

Por José Luis JÁZQUEZ BALDERRAMA

CHIHUAHUA CHIH.- El desastre causado por el huracán Otis, principalmente en el puerto de Acapulco, evidenció la falta de previsión y organización del gobierno mexicano, que ahora busca culpables, como la oposición y medios de comunicación que han presentado al mundo la realidad de la tragedia.

México tiene un largo historial en el combate a fenómenos naturales de gran magnitud, como el temblor del 1985 en el Distrito Federal (hoy Cdmx ) por lo que las autoridades debieron aplicar protocolos de prevención como lo exigió Otis. Hubo tiempo para una respuesta adecuada.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos advirtió al menos 10 horas antes del potencial destructivo del huracán y exhortó a proteger a la población de Guerrero, sin embargo las autoridades minimizaron la amenaza. Dicha información apareció en el periódico New York Times.

En Acapulco, como en el resto de los municipios, no se suspendieron las actividades masivas, ni eventos de negocios y académicos, como la Convención Nacional Minera, donde se encontraban maestros y estudiantes de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Por cierto todos regresaron bien a sus hogares.

Ningún país está exento de enfrentar situaciones de crisis, ya sean terremotos, erupciones volcánicas, huracanes o inundaciones. Pero, no es argumento para dejar de aplicar urgentemente medidas de previsión y prevención, fundamentales en la gestión de crisis.

El huracán devastó las carreteras, el sistema de luz eléctrica, negocios, lanchas pesqueras y hogares. Se calcula que las pérdidas llegan a los 15 mil millones de dólares, lo que representa 20 veces más que el presupuesto anunciado por el Gobierno Federal, que es por 61 mil millones de pesos.

Otis reavivó el debate en torno a la desaparición del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), una bolsa de recursos para atender emergencias naturales.

Debido a las críticas por la respuesta del gobierno a la crisis provocada por Otis, el presidente López Obrador dijo: “Sí avisamos con tiempo”.

La falta de servicios y alimentos, además de la poca presencia policiaca y Guardia Nacional provocó el saqueo de tiendas departamentales y negocios de todo tipo. La rapiña se generalizó.

Protección Civil federal había reportado 48 decesos hasta el 29 de octubre, un día después la gobernadora de Guerrero bajó la cifra a 45 y 48 desaparecidos. Aunque los afectados aseguran que el número de fallecidos y desaparecidos es superior a la cifra oficial.

Los efectos del huracán Otis ha provocado una “guerra política” entre los opositores y la cuarta transformación, cuando el mensaje de la población es de ayuda urgente para poder enfrentar la crisis económica, de salud y seguridad. Los habitantes de Acapulco salen a las calles con sus propios medios para salvar la vida.

El enfrentamiento político es pésimo inicio para la reconstrucción de Acapulco y demás localidades de Guerrero, el segundo estado con más carencias en el país. A esto hay que agregar el empoderamiento del narcotráfico en la región, que ha provocado extrema violencia y la decadencia como joya del turismo internacional.

En estos momentos de crisis, es necesario superar las diferencias políticas e involucrar a la sociedad civil en la reconstrucción de Guerrero y demás entidades afectadas. El reto es enorme.