Bondad y mezquindad ante la tragedia de Otis

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  • La periodista Lourdes Díaz se despidió de su familia
  • Acapulco, una escena profundamente inhumana

Por José Luis JÁQUEZ BALDERRAMA

CHIHUAHUA CHIH.- El huracán Otis puso de manifiesto las dos caras del mexicano: por un lado, el ser humano bondadoso y por el otro, el mezquino.

Nos preguntamos: ¿Qué es un ser mezquino?

Bueno, pues una persona falto de generosidad y nobleza.

El francés Albert Camus publicó la novela “La peste” en |1947, en la que relata la devastación de la ciudad argelina de Orán a causa de una enfermedad conocida como la peste.

En esta obra el ganador del premio Nobel de Literatura insiste en que lo mejor de los seres humanos, y no solamente lo peor, puede manifestarse cuando nos enfrentamos a la adversidad. Otis nos puso ante esta situación.

El huracán de categoría 5 también reflejó la forma de ser del mexicano. Este fenómeno tocó tierra en Acapulco el pasado miércoles 25 de octubre a las 00:25 horas, dejando en su paso muerte y destrucción de la infraestructura de la ciudad, una de las joyas turísticas de México.

El recuento inicial fue terrible: 48 muertos y muchos desaparecidos; un millón de damnificados; 90% de los hoteles destruidos, los cuales generan 57 mil empleos directos.

La infraestructura carretera quedó inservible. No se diga las calles de colonias pobres y del centro turístico.

Además ha crecido la incertidumbre por los trámites en las aseguradoras, sobre todo de miles dueños de los llamados tiempos compartidos, viviendas, vehículos y lanchas pesqueras.

El gobierno federal anuncia 61 mil millones de pesos para levantar el puerto, aunque Chuck Watson, experto en desastres, dice que la recuperación supera los 15 mil millones de dólares. Y no hay dinero en las arcas oficiales.

La rapiña, encabezada por los grupos delincuenciales, fue el rostro de México ante el mundo. Saquearon tiendas departamentales y 34 sucursales bancarias.

La desolación y desorganización oficial ante el desastre fue y sigue siendo una pésima realidad.

La periodista chihuahuense Lourdes Díaz López, que se encontraba hospedada en el hotel Princess Mundo Imperial (piso siete) para participar en la Convención Internacional de Minería, nos narra los momentos de angustia, precisamente cuando Otis pegó con furia en su habitación, como en todo el complejo hotelero.

Ella habló vía celular, después de las 00.25 horas, con su esposo y mandó mensajes a sus dos hijas para despedirse de esta vida. Somos unas “hormiguitas” ante la ferocidad del huracán.

Lourdes, como el resto de la delegación de la que formaba parte, logró salvar su vida. El hotel quedó destruido por completo. No se explica cómo salieron vivos. Bueno, creo que se trata de un milagro.

Hoy nos platica desgarradores hechos, en los que ella comprobó la solidaridad, pero también “una escena profundamente inhumana”. Médicos o seudo médicos cobrando grandes sumas de dinero por atender heridos y no se diga el maltrato de los pocos servidores públicos que acudieron a la zona del desastre. También aparecieron los clásicos políticos con la idea de “sacar raja” de la desgracia.

Una última reflexión de Albert Camus: “Todo lo que sostengo es que en esta tierra hay pestes y hay víctimas, y depende de nosotros, en la medida de lo posible, no unir fuerzas con la pestilencia”.