Jirones de Nuestra Historia: Antonia Nava “La Generala” primera mujer militar en el Ejército Insurgente

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JIRONES DE NUESTRA HISTORIA

ANTONIA NAVA “LA GENERALA”, LA PRIMERA MUJER MILITAR EN EL EJÉRCITO INSURGENTE; “AQUÍ ESTÁ MI CUERPO PARA QUE SIRVA DE ALIMENTO”. HEROÍNA MEXICANA POCO CONOCIDA

Por José JARAMILLO VELA

Nacida en la pobreza

DELICIAS CHIH.- Antonia Nava Celestina, nació el 18 de noviembre de 1779 en Tixtla, actual Estado de Guerrero, hija del mixteco Nicolás Nava y de la india tlapaneca María Celestina; Antonia nació en un ambiente de mucha pobreza y necesidad, desde muy niña vivió todo tipo de estrechez y supo lo que significa estar sumida en la pobreza y mirar de frente a la miseria todos los días y desde la impotencia de una niñita, no poder hacer nada por remediar la situación de su familia y de su pueblo.

Estos golpes de la vida fueron moldeando y forjando el recio carácter de Antonia, quien se hizo de una férrea voluntad, un espíritu a prueba de todo, una extraña mezcla de una mujer indomable y valiente, con un claro liderazgo e influencia en las personas y al mismo tiempo, una mujer de un corazón noble y amoroso, a pesar de que nunca se anduvo con rodeos ni miramientos, ni a la hora de hablar, ni a la hora de tomar sus decisiones.

Con el correr de su infancia y su adolescencia, Antonia fue fraguando su temple y su poderoso carácter, pero también se dio cuenta de que tenía influencia y liderazgo sobre la gente; Antonia sufría no solo de ver la pobreza de su pueblo, sino también de padecer su propia pobreza, viendo como nada más los españoles y algunos criollos tenían acceso a la riqueza y el bienestar… y así fue creciendo Antonia Nava.

Muy joven encuentra el matrimonio

Por esas cosas del destino, Antonia, estando un día en la aldea de Tepecoacuilco (cerca de Iguala, a unos 120 kms. de su casa en Tixtla), es abordada por un apuesto joven de nombre Nicolás Catalán Catalán, quien se le acerca con la intención de cortejarla; Antonia, extrañada de que un muchacho que a leguas se notaba que no era pobre, le dice que ella es muy humilde y proviene de raíces indígenas tlapaneca y mixteca; el joven Nicolás le responde que eso para él no tiene importancia y le pide que le permita acercarse a ella; Antonia nunca había pasado por una situación parecida a eso, el jovencillo le movió el piso, por su parte el mozo, si al verla se había enamorado, al tratarla cayó rendido a los pies de Antonia, quien también experimentó el mismo sentimiento, quedando ambos jóvenes completamente enamorados uno del otro.

Por su parte, el joven Nicolás Catalán le explica a Antonia que él, aunque no vive en la riqueza, tampoco está en la pobreza y que viven holgadamente con las tierras y el ganado de su padre; lo curioso del caso es que Nicolás, aunque oriundo de Chilpancingo, vive en Tixtla, el pueblo de Antonia y nunca se habían visto, vinieron a conocerse en Tepecoacuilco, donde ahí mismo y rápidamente se casaron, a finales del siglo XVIII, se cree que por ahí de 1796. Desde ese momento y hasta su muerte, ella nunca dejó de presentarse como Antonia Nava de Catalán.

Cuando Nicolás y Antonia se regresan a Tixtla para vivir en el rancho de la familia Catalán, al padre de Nicolás no le agradó en absoluto que su hijo regresara casado y menos con una mujer de origen tan humilde; el apellido Catalán en el nombre llevaba el origen del mismo, y Don Nicolás Catalán, aunque él ya era criollo, cuidaba mucho su linaje, por lo que de inmediato desaprobó el matrimonio de su hijo con una mujer de menor clase social y peor aún, de raíces indígenas.

Antonia por su parte, nada más llegar se ganó las simpatías de su suegra Doña Nicolasa Catalán y de sus cuñadas Dolores y María de Jesús, quienes si aprobaban el matrimonio; la postura de Don Nicolás fue dura e inflexible, no quería a su hijo casado con Antonia y menos tenerla viviendo en su rancho. El rompimiento de Nicolás con su padre fue inevitable, le explicó que su amor por Antonia era tan profundo que no la dejaría por nada y decidió marcharse del rancho de su padre, pero no se fueron solos, su madre Doña Nicolasa y sus hermanas Dolores y María de Jesús se fueron con ellos.

Nicolás y Antonia se establecieron en Jaleaca, en plena Sierra Madre del Sur, junto con su madre y hermanas; ahí el joven Catalán tenía un pedacito de tierra olvidado y ahí se fueron a vivir, donde procrearon a ocho hijos, cinco varones y tres mujercitas.

Hecho histórico, Antonia Nava de Catalán la primera mujer mexicana en tomar las armas

En todo el mundo ya soplaban fuerte los vientos de cambio y libertad, inspirados por los franceses Jean Jaques Rousseau, Francois Marie Voltaire y Charles Louis de Montesquieu; para 1800 esos vientos llegaron a México traídos por Fray Servando Teresa de Mier, quien en completa clandestinidad comienza a operar los conceptos de libertad, independencia, igualdad, insurgencia y todo lo que suponía rebelarse contra la Corona Española y así inició a reclutar gente para formar un movimiento.

Sus principales discípulos fueron entre otros, los curas Miguel Hidalgo, José María Morelos y Mariano Matamoros, los militares Ignacio Aldama, Mariano Jiménez, Juan Aldama, Ignacio Elizondo, el Corregidor de Querétaro Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortíz, el Corregidor de Yucatán Andrés Quintana Roo y su esposa Leona Vicario y muchos comerciantes, abogados, doctores y empresarios que abrazaban ya las ideas de liberarse de España.

Nicolás Catalán y Antonia Nava de Catalán acogieron estas ideas y las hicieron suyas, en 1810 se inicia la Guerra de Independencia, ambos tienen treinta y un años y se aprestan para sumarse al movimiento insurgente; para entonces, Antonia ya había guiado y educado a sus hijos en las ideas libertarias; a Nicolás y Antonia les atraía mucho el discurso del cura Morelos y deciden entrevistarse con él, para unirse a la causa insurgente.

En noviembre de 1810, Nicolás Catalán y Antonia Nava de Catalán, al frente de un grupo de insurgentes derrotan a los realistas y se hacen con el control de Tepecoacuilco; este hecho causó gran interés, pues a pesar de enarbolar la causa insurgente, no actuaron bajo las órdenes de ninguno de los jefes de la insurgencia, sino por su propia iniciativa.

Unos días más tarde, el 10 de diciembre de 1810, Nicolás y Antonia se entrevistan con José María Morelos en Acapulco y se incorporan a sus tropas, a Morelos y su gente les llamó poderosamente la atención la personalidad de Antonia y su don de mando, además de que nunca se había visto a una mujer armada hasta los dientes defendiendo una causa; otro hecho por demás llamativo, fue el haber puesto a disposición del movimiento insurgente a sus cinco hijos varones y como personal de apoyo a sus tres hijas mujeres. Ese mismo día 10 de diciembre, Antonia se fue a pelear al frente bajo las órdenes de su esposo Nicolás Catalán, ellos traían un grupo de gente y Morelos les asignó otro grupo a su mando; aunque perdieron la batalla en Acapulco, Nicolás Catalán obtuvo su primer ascenso a Cabo Primero; por su desempeño fue ascendiendo y justo un año después, Morelos lo asciende a Teniente, junto con Antonia.

Antonia siempre peleó al lado de su esposo y fue ascendiendo junto con él, aunque siempre acataba sus órdenes, ella se encargaba de arengar a las tropas e influir en su estado de ánimo, era muy buena en ese aspecto, al grado de que las tropas obedecían sus órdenes y se ganó el apodo de “La Generala”. Antonia estuvo bajo las órdenes de Morelos durante 3 años, cinco meses y cinco días; bajo las órdenes del General Nicolás Bravo estuvo durante 3 años, seis meses y 16 días y bajo las órdenes del General Vicente Guerrero estuvo durante 7 años y tres meses.

Antonia Nava dio ejemplos de su valentía, su bravura y su lealtad a la causa insurgente en las batallas de El Veladero, Tenancingo, Cuautla, Huajuapan, Escamela, Orizaba, Oaxaca, Lomas de Santa María, Temalaca, todas ellas junto a su marido, bajo el mando general de Morelos. Las crónicas narran de como la forma de arengar a los soldados y la bravura con la que Antonia Nava atacaba en las batallas, fueron siempre una fuente de motivación para las tropas insurgentes, para estas alturas, Antonia obtiene el grado de Capitán.

El 12 de abril de 1813, Morelos intenta por segunda ocasión tomar el importante y estratégico Puerto de Acapulco, entrada principal a la Nueva España de las mercaderías de oriente con la famosa Nao de China; a las afueras del puerto, Morelos envía a los Capitanes Antonia Nava de Catalán y Nicolás Catalán a tomar el puerto y el Fuerte de San Diego, derrotando al General Realista Pedro Antonio Vélez; tras esta importante victoria, con la Toma de Acapulco Antonia y su esposo obtienen el grado de Coronel.

El Congreso de Chilpancingo

Tras el fusilamiento de Hidalgo, Morelos toma el mando supremo del Movimiento Insurgente, establece comunicación con los insurgentes sudamericanos Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José de San Martín y Bernardo O’Higgins y llegan a la conclusión sobre la necesidad de establecer un Congreso que le dé un golpe de unidad y presencia de todo el Continente ante la Corona Española, y convienen en convocar al Congreso de Chilpancingo o Congreso de Anáhuac.

El 13 de septiembre de 1813 se efectúa el Congreso de Chilpancingo, también llamado Congreso de Anáhuac, desde ahí, desde Chilpancingo se declaró a las Américas libre de la Corona Española y en franca rebeldía contra los gobiernos virreinales, se establecieron algunos artículos a manera de una especie de Constitución y se designaron a ocho diputados, para darle fuerza al movimiento, todos ellos de impecable trayectoria: Ignacio López Rayón, José Sixto Verduzco, José María Liceaga, José María Murguía,  José Manuel de Herrera,  Andrés Quintana Roo, Carlos María de Bustamante y José María de Cos.

Al concluir el Congreso, Antonia Nava y Nicolás Catalán ofrecen una comida para todos en su casa de Chilpancingo, de ahí Morelos partió a Valladolid (actual Morelia), no sin antes ordenarle a Antonia Nava que escoltara junto su marido

y sus tropas a todos los Diputados del Congreso hasta Tlacotepec, pero en Paso de Mezcala son sorprendidos y vencidos por el General Realista José Gabriel de Armijo, durante el combate, la Coronel Antonia Nava logró sacar del lugar a los Diputados y ponerlos a salvo; al regresar al lugar de la batalla, su marido el Coronel Nicolás Catalán le recibe con el cuerpo de su hijo Manuel Catalán Nava en sus brazos, caído en el combate.

El Sitio de Jaleaca, surge la leyenda de Antonia Nava

En 1815 el implacable General Realista Félix María Calleja del Rey hace prisionero y fusila a José María Morelos en Ecatepec (hoy Ecatepec de Morelos), el General Nicolás Bravo Rueda asume como Comandante General del Movimiento Insurgente y los Coroneles Nicolás Catalán y Antonia Nava de Catalán pasan a su mando como sus lugartenientes de máxima confianza; ya para entonces, Antonia Nava además de su fama, había influido en muchas mujeres para unirse al movimiento, no en el frente de batalla como lo hacía ella, sino como auxiliares con los alimentos o con los heridos.

En enero de 1817, el ejército del General Bravo y el Coronel Catalán al pasar por una hondonada en el Cerro del Campo, cerca de Jaleaca, son emboscados por el General José Gabriel de Armijo, quedando en una posición muy comprometida y difícil, pues quedaron encajonados y rodeados por las fuerzas realistas de Armijo, además de que nadie sabía que estaban ahí; fueron sesenta días completos los que Armijo los tuvo sitiados, prácticamente esperando a que murieran de hambre, pues se habían agotado las provisiones, teniendo que matar a los caballos y mulas para alimentarse, pero cuando ya no quedaba nada con qué alimentarse, la situación se tornó muy dramática por lo siguiente:

El General Armijo se inició en los Dragones de Cuera, que procuraban mantener el orden en los territorios del norte, de ahí fue expulsado debido a que comenzó a manifestar conductas de extrema e innecesaria violencia, conducta incompatible con el código de los Dragones de Cuera; entonces Armijo es protegido por el General Calleja y lo hace General del Ejército Realista, en donde dió rienda suelta a su desmedida crueldad; Armijo no acostumbraba fusilar enemigos, gustaba de pasarlos por la ley del machete y por la ley del garrote, como fue el caso del General Leonardo Bravo, hermano de Nicolás Bravo.

Ante lo difícil de la situación y sabiendo que Armijo en su extrema crueldad los estaba dejando morir de hambre o esperando la rendición y conociendo también de lo que era capaz de hacerles si capitulaban, el General Nicolás Bravo, haciendo a un lado sus sentimientos humanitarios, toma una muy dura, difícil y desesperada decisión, le ordena al Coronel Nicolás Catalán sacrificar a un soldado por cada diez, para que sirviera de alimento a diez de sus compañeros; Catalán acata la instrucción y comienza a pensar como va a manejar esta triste situación, cuando se presentan su esposa Antonia Nava junto con su cuñada María de Jesús Catalán, Catalina González de Bautista, esposa del Sargento Nicolás Bautista y el grupo de mujeres que ya los acompañaba.

Enterada de la difícil decisión tomada, Antonia Nava de Catalán, su cuñada María de Jesús Catalán, Catalina González de Bautista y el grupo de mujeres que ya los acompañaba, se presentan ante el General Nicolás Bravo y según las crónicas de Luis González Obregón, la Coronel Antonia Nava le dice a Bravo: “Venimos porque hemos hallado la manera de ser útiles a nuestra Patria, ellas no pueden pelear, pero todas podemos servir de alimento, ¡He aquí nuestros cuerpos que pueden repartirse como ración a nuestros soldados!”; y acto seguido, Antonia sacó un puñal, cuando inició el movimiento para clavárselo en el pecho, varios soldados la pudieron detener.

Esta actitud de abnegación de Antonia Nava y las mujeres, levantó el ánimo de la tropa; Antonia arengó a las tropas diciendo: “¡Soldados, son las 11 de la noche, el enemigo está durmiendo, tomemos las armas, hagamos un último esfuerzo y rompamos el sitio!” y esa misma noche del 14 de marzo de 1817, encabezados por Antonia Nava “La Generala” y secundada por el propio General Nicolás Bravo, sacando fuerzas de donde ya no las había, a golpe de pura voluntad, ya casi sin aliento y haciendo el último esfuerzo, logran romper el cerco enemigo, rompen el sitio y vencen al General Armijo; la leyenda de Antonia Nava “La Generala” corrió por todos los rincones de la insurgencia y sirvió como ejemplo en todos los frentes de batalla; sin embargo, el destino le tenía reservado a Antonia un tercer y doloroso enfrentamiento con el General Armijo.

La Toma de Coyuca y Pungariguato, tercer enfrentamiento con Armijo

En 1818, ya con el Ejército Insurgente a punto de derrumbar a un Virreinato ya sin fuerza y cuya máxima figura, el General Félix María Calleja del Rey había sido llamado a España por el Rey Fernando VII para nombrarlo Comandante General de los Ejércitos Reales, los insurgentes ya veían cada vez más próxima su liberación de España.

Ahora, Nicolás Catalán y Antonia Nava están bajo las órdenes del General Vicente Guerrero, quien necesita deshacerse de una vez por todas del General José Gabriel Armijo para tener el control total de los actuales Estados de Michoacán y Guerrero; para ello, envía a los Coroneles Nicolás Catalán, Antonia Nava de Catalán y Pedro Ascencio con la orden de tomar Coyuca y Pungariguato (actual Ciudad Altamirano, Guerrero).

Después de una fragorosa batalla, Armijo es derrotado y huye en desbandada con sus tropas, pero su tercera batalla contra Armijo, le ha dejado a Antonia Nava a su segundo hijo muerto en combate, el Sargento Primero Nicolás Catalán Nava; según narra Luis González Obregón, al llegar el General Vicente Guerrero al lugar, ofrece sus condolencias a Antonia Nava y ésta, en actitud militar se cuadra, le rinde saludo y en posición de firmes le dice a Guerrero: “Muchas gracias Señor, pero no estoy aquí para llorar, sino para entregar a mis hijos como soldados a la Patria” ; acto seguido solicita permiso para retirarse. En honor al joven caído, actualmente se llama Coyuca de Catalán.(no confundir con Coyuca de Benítez)

Plan de Iguala, se consuma la Independencia; entrada triunfal

A principios de 1821 y como un último recurso, como verdadera patada de ahogado, la Corona Española envía al General Agustín de Iturbide a tratar de derrotar al General Vicente Guerrero, para entonces jefe máximo de la insurgencia; la situación ya era muy difícil, la independencia de México estaba prácticamente consumada, pero a pesar de todo, al Virreinato todavía se le movía una patita.

Vicente Guerrero fue informado de que Iturbide andaba tras él, respondiendo con un mensaje: “Díganle al General Iturbide que estoy en Acatempan, aquí lo espero”; en febrero de 1821, a las afueras de Acatempan (Guerrero) se encuentran ambos ejércitos, lo más extraño es que ninguno de los dos Generales, ni Guerrero ni Iturbide parecen dispuestos a pelear, mientras que ambos ejércitos están en posición de ataque, del lado insurgente, Antonia Nava ya estaba arengando a los soldados para la batalla cuando Guerrero la interrumpe con una orden tajante, “¡Espere instrucciones!”.

Desplegando una bandera blanca, Iturbide envía a un propio para decirle a Guerrero que si así lo acepta, desea dialogar con él; ambos desmontan y se reúnen a distancia intermedia y dialogan un buen rato, mientras ambos ejércitos permanecen en posición, pero a la expectativa; lo que hicieron ambos generales fue que cada uno por su parte se negó a rendirse al otro y en vez de pelear, formaron una alianza, unieron los dos ejércitos en uno solo, El Ejército Trigarante y el 24 de febrero de 1821, en la ciudad de Iguala (Guerrero) ambos firman el Plan de Iguala, que da por concluida la lucha de independencia y declara a un nuevo país, México, cuya forma de gobierno será una Monarquía Constitucional, bajo una única religión, la católica.

Para la firma del Plan de Iguala, el General Agustín de Iturbide solicitó que estuviera presente Antonia Nava, “La Generala” en calidad de testigo, quien acudió acompañada de su esposo Nicolás Catalán y dos de sus hijos, ambos soldados insurgentes.

Finalmente, el 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante hace su entrada triunfal a la Ciudad de México, encabezado por los Generales Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, ante la euforia de la ciudadanía que ese día en multitud acudieron a ser testigos del nacimiento de México como país independiente.

Detrás de los Comandantes, en segunda fila, montada a caballo marchaba la ahora General Brigadier Antonia Nava de Catalán, junto a su esposo el General Brigadier Nicolás Catalán, sus cuñadas Dolores y María de Jesús Catalán y sus hijos e hijas.

El Legado de Antonia Nava de Catalán “La Generala”

Esta extraordinaria mujer fue la primera mexicana en tomar las armas en un conflicto armado y fue la inspiración de miles de mujeres más que se incorporaron, no solo a la lucha por la independencia, sino en todos las demás guerras y conflictos, pasando por la Revolución Mexicana hasta terminar en la Guerra Cristera; todas estas mujeres inspiradas por Antonia Nava, aunque no pelearan, tuvieron un rol muy importante para mantener vivos, alimentados, abastecidos y motivados a los soldados en los frentes de batalla.

En 1946, por votación unánime de los Diputados Federales, el nombre de Antonia Nava quedó inscrito con letras de oro en el Muro de Honor de los Héroes Nacionales y Mexicanos Distinguidos en la Cámara de Diputados, donde hasta la fecha permanece, ahora en el Palacio Legislativo en San Lázaro, CDMX.

Antonia Nava de Catalán fallece el 19 de marzo de 1843 en Chilpancingo, Guerrero a la edad de 63 años.

Fuentes Bibliográficas:

+ mexicodesconocido.com.mx

+ revistacentral.com.mx

+ Facebook.com

+ oncenoticias.digital

+ www.gob.mx/inafed

+ mediateca.inah.gob.mx

+ infobae.com

+ historiahoy.com.ar

+ scielo.org.mx

+ cndh.org.mx

+ www.gob.mx/siap

+ es.wikipedia.org