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Los “apetitos” del poder político 

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  • Xóchitl, por el control de daños

Por: José Luis JÁQUEZ BALDERRAMA

CHIHUAHUA CHIH.- Con el fin de recuperar credibilidad social, los partidos políticos iniciaron un proceso de selección interno de candidatos, muy democrático según sus dirigentes, pero la polarización y división sigue a la orden del día.

Los partidos están partidos. Es una terrible realidad de cara a las elecciones más importantes en la época moderna de nuestro país.

La presentación mediática respecto al ejercicio democrático por parte de los representantes del Frente Amplio por México y de las llamadas “corcholatas” fue muy atractivo y apantallante, pero quedaron a deber. En el camino hubo varios políticos “heridos y muertos”.

En el adelantado juego por designar o elegir a quien suplirá a Andrés López Obrador y la renovación del Congreso de la Unión, así como nueve gubernaturas y mil 500 alcaldías, los procesos internos se han convertido en verdaderos campos de batalla, donde la principal acusación es sobre quién es el más corrupto.

Y respecto a la solución de los grandes problemas de México, como la pobreza, la desigualdad, la impunidad y la creciente violencia, no hubo compromiso de los políticos. Como es común en las contiendas electorales, sólo fue discurso. Retórica pura.

Las promesas del crecimiento económico y desarrollo social sustentable, que permita mejorar la distribución del ingreso, han quedado sólo en promesas. Por eso, la sociedad ha perdido la confianza en los políticos.

Los políticos que quieren gobernarnos en los próximos años, ya sean “morenistas” o del llamado Frente Amplio, necesariamente deben comprometerse a un nuevo pacto social. Para ello, necesitan dejar a un lado las rencillas y la polarización, que lamentablemente se fomenta desde el poder, llámele mañaneras.

Los mensajes propagandísticos de la mayoría de los aspirantes a ocupar la silla presidencial para el 2024, están “repletos” de ocurrencias y ataques personales. No han entendido (o no quieren comprometerse) el verdadero significativo del papel de un gobernante, que es mejorar las condiciones de empleo, salarios, salud, seguridad y ataque frontal a la corrupción. Tampoco han manifestado su intención de un pacto social con gobernantes, partidos, universidades y sectores productivos.

El Frente Amplio ha seleccionado en un proceso complicado a Xóchitl Gálvez como candidata única, mientras que Morena hará lo mismo el próximo 6 de septiembre, también en un ambiente de confrontación entre los aspirantes a la Presidencia de la República.

La integración del Frente Amplio y la participación ciudadana, que se manifestó abiertamente por la defensa del Instituto Nacional Electoral, no deja de ser una gran oportunidad para fortalecer la vida democrática del México, pero el reto es no caer en los “apetitos” de los anquilosados grupos políticos, que pusieron en un predicamento el proceso de selección de la virtual candidata presidencial.

El método aplicado por un comité ciudadano iba por muy buen camino, pero ante la directa intervención de los dirigentes de los partidos y el miedo de que la 4T metiera su “cuchara” en el proceso de votación del 3 de septiembre, se adelantó el resultado, tomando como base las dos encuestas, donde Xóchitl mostró una amplia ventaja de 15 puntos sobre Beatriz Paredes. Hoy, Xóchitl tiene en sus manos el control de daños. Encomienda nada fácil, pues una base priista está dolida por la forma en que terminó el proceso.

Ante la crisis de representación de los partidos y la polarización oficial, urge un nuevo pacto social, que verdaderamente transforme a la sociedad hacia mayor igualdad y justicia, como se da en naciones con madurez democrática.