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Beis estatal; sospechosismo entre brea y boletos

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De la REDACCIÓN

CHIHUAHUA CHIH.- Lo que debió ser una noche de gloria deportiva en el Estadio Monumental Chihuahua terminó envuelta en escándalo. El sexto juego de la serie final entre Dorados de Chihuahua e Indios de Ciudad Juárez, disputado este viernes, dejó más que una victoria ajustada de 4-3 para la tribu fronteriza: expuso nuevamente las grietas éticas que carcomen al beisbol estatal.

El escándalo en el montículo

Gabriel Ponce, pitcher abridor de los Dorados, fue expulsado del juego tras ser sorprendido utilizando una sustancia prohibida —presuntamente brea— para alterar sus lanzamientos. El ampáyer de home detectó movimientos irregulares y procedió a su expulsión inmediata. La escena, captada por aficionados y replicada en redes sociales, desató una ola de indignación que va más allá del terreno de juego.

La falta no solo es deportiva: es moral. ¿Cómo se permite que en una final estatal se recurra a trampas tan burdas? ¿Quién responde por la integridad del campeonato?

Boletos, reventa y opacidad

La polémica no terminó en el diamante. La venta de boletos para el sexto juego se agotó en minutos, pero no por la demanda legítima en línea, sino por presunta corrupción en el sistema de reventa. Según información obtenida por este medio, los boletos duplicaron su precio en plataformas informales, dejando fuera a cientos de aficionados que no pudieron acceder a entradas a precio justo.

La aplicación Boletomóvil, utilizada para la distribución oficial, no ofreció garantías de transparencia. A las 9:00 de la mañana de este sábado 6 de septiembre, los boletos para el séptimo y último juego aún no estaban disponibles en línea, lo que alimenta sospechas de una nueva operación discrecional.

¿Para quién es el beisbol?

El presidente de la Segunda Zona y de los Dorados, el empresario Anwar Elías, ha sido señalado por permitir estas prácticas sin rendición de cuentas. La falta de claridad sobre ingresos, asignación de boletos y sanciones deportivas plantea una pregunta incómoda: ¿quién protege la honestidad del deporte?.

Mientras tanto, el estadio Monumental permanece semivacío durante la temporada regular. El alto costo de los boletos y la percepción de que “todo es negocio” alejan a las familias del espectáculo. El beisbol, que debería ser un espacio de encuentro comunitario, se convierte en terreno de privilegios y exclusión.

Lo que sigue

La Liga Estatal de Beisbol necesita más que una limpia en el montículo. Requiere auditorías independientes, reglas claras, sanciones ejemplares y una gestión que priorice el acceso ciudadano. Porque cuando el juego se ensucia, no solo pierde el equipo: pierde la comunidad.