Por Luis SILVA GARCÍA
CD. JUÁREZ CHIH.- Al arranque de este año, el reporte de la analista internacional Companies Market Cap. (datos al 12 de enero de 2026) señala que entre las 10 empresas más valiosas de México hay tres compañías mineras, dos refresqueras, una de telefonía celular, un banco, una cementera y dos de comercio diverso.
La capitalización de estas empresas, en conjunto, en el mercado público internacional, suma 381 mil 70 millones de dólares, cifra equivalente casi al 80 por ciento del presupuesto de egresos del gobierno federal mexicano en 2025, que se tasó en unos 485 mil 316 millones de dólares.
Es decir, estas 10 empresas mexicanas valen hoy casi lo mismo que lo que gastó todo el gobierno en el año que recién terminó. El comparativo de estas cifras ahí nos va diciendo cómo masca la iguana, o sea, quiénes tienen el poder en esta soberana nación.
Aunque este tipo de empresas son públicas y se manejan con consejos de administración y cotizan en las bolsas de valores, si podemos ubicar a personas de carne y hueso en sus sillones de mando.
En el número uno, con un valor de 81 mil 890 millones de dólares, aparece Grupo México, compañía principalmente minera comandada por Germán Larrea Mota-Velasco, ubicado permanentemente en los listados como uno de los dos hombres más ricos de México. Grupo México es una de las explotadoras de cobre más importantes del planeta.
Es un conglomerado diversificado, líder en minería, transporte ferroviario e infraestructura en energía y construcción, con operaciones en México, Perú, Estados Unidos y otros países.
El segundo peldaño es para América Movil (recién cayó del primer lugar), valuada en 62 mil 90 millones de dólares. El principal activo de este consorcio es la reconocidísima empresa de telefonía celular Telcel, pero existen decenas de compañías más, de este y otros giros, manejadas por América Movil en prácticamente todo el mundo. El jefe y creador de ese emporio es el empresario mexicano más famoso: Carlos Slim Helú.
Slim, que ya era un acaudalado con sus giros de ingeniería y construcción, brincó a ligas mayores con la adquisición muy ventajosa de Telmex, en lo que le favoreció Carlos Salinas de Gortari, y así se modernizó, incursionó en todo el tema de telecomunicaciones, especialmente en telefonía celular, y se convirtió en uno de los hombres más ricos del planeta.
El tercer sitio lo ocupa Walmex, con 55 mil 30 millones de dólares, cuyo principal y obvio negocio es Walmart de México y otros países latinoamericanos. El empresario clave de la expansión de la marca de Sam Walton del Rio Bravo hacia el sur fue Jerónimo Arango Arias (1925-2020) y su Grupo Cifra, con compañías como Aurrera, Vips y Suburbia. Actualmente la mayoría de las acciones de Walmex son de la familia estadunidense Walton.
Walmar en México es un claro ejemplo de crecimiento en la globalización desde el Tratado de Libre Comercio, pues es una compañía, ya en manos extranjeras, que acumula gran parte del comercio local. Han desaparecido los comerciantes pequeños y medianos, pues con estos grandes monstruos nadie puede competir. Y la ganancia brinca la frontera.
Luego aparece el emporio regiomontano Femsa, al que se calculan 36 mil 970 millones de dólares en valores al día y que comenzó en la industria cervecera en Monterrey desde 1890, y actualmente ostenta la cadena de tiendas de conveniencia más grande en América Latina, con sus Oxxos, pero también incluye gasolineras y servicios financieros, entre otros.
Es uno de los holdings mexicanos más grandes que cotizan en las bolsas de valores de México y Nueva York. Entre sus fundadores figuran Isaac Garza y Francisco G. Sada. Han incursionado en siderurgia, finanzas, hotelería y construcción. Entiempos más recientes (1970s) se dividieron en Grupo Alfa, bajo el control de la familia Garza Sada, y propiamente Femsa, dirigido por la familia Garza Lagüera. Este grupo y familias son el puntal del desarrollo en Monterrey.
En el quinto renglón –y casi al parejo con el anterior de este listado– aparece la empresa minera Fresnillo, con un valor de 36 mil 940 millones de dólares, producto principalmente de la explotación de metales preciosos. A Fresnillo se le ubica como el mayor productor mundial de plata y el principal de oro en México, lo que le hace posible participar en el mercado de Gran Bretaña.
Quien encabezó la consolidación de esta compañía fue el empresario y filántropo Alberto Bailleres González (1931-2022), también conocido por encabezar otros grupos como Peñoles, Palacio de Hierro y GNP Seguros. Actualmente Fresnillo es controlada por Grupo Bal, que preside Alejandro Bailleres Gual, su hijo.
El sexto puesto, con 26 mil 330 millones de dólares en valores, corresponde a otra empresa regiomontana: Banorte, que se publicita como en único banco mexicano que quedó después de la privatización de 1992, que abrió las puertas a la inversión extranjera en el rubro. Quien desarrolló Banorte fue Roberto González Barrera (1930-2012), cuyo apodo, “Don Maseco”, se debe a que su fortuna creció inicialmente con la muy popular marca de harina de maíz Maseca.
De ser un lustrador de calzado, cuando muy joven, pasó a crear la marca más importante de haría de maíz, y en un momento difícil sobrevivió gracias al préstamo que le dio un amigo: nada menos que el gobernador de Nuevo León, Gral. Bonifacio Salinas.
Los nexos de “Don Maseco” con políticos priístas fueron públicos, particularmente con los Hank y los Salinas de Gortari, al grado de que se negó a declarar cuando fue citado en el proceso penal contra Raúl: es mi amigo, no puedo hablar de él, argumentó.
Actualmente Banorte es uno e los cuatro bancos más grandes de México y Latinoamérica, en términos de activos y prestamos, y el administrador más grande de Afores, que adquirió Afore Siglo XXI, con la cartera del IMSS. Y está en postura para la adquisición de Banamex. El control del grupo lo tienen actualmente Carlos Hank Rhon y su familia.
Llegamos a la empresa ubicada en el séptimo puesto y el asunto se torna interesante, pues aquí nos vamos a dar cuenta de diversas empresas de estas 10 tienen el mismo origen o los mismos propietarios, y es el caso de la minera Peñoles, ubicada con capital de 24 mil 140 millones de dólares, del ya antes mencionado Alberto Bailleres González y su grupo BAL.
Peñoles, hoy diversificado en minería, metalurgia y química, en varios estados y otros países, tiene su nombre de una mina de Torreón, Coah., y su producción anual conjunta alcanza dos y medio millones de kilogramos de plata y 25 mil de oro, más otros metales como zinc, plomo, cobre, bismuto y cadmio.
Y continuamos con otra empresa cuyo consorcio ya citamos arriba, pues en el séptimo rubro del listado aparece Coca Cola Femsa, con capital de 20 mil 950 millones de dólares, y que se ubica como uno de los negocios más exitosos de los industriales regiomontanos, que en la actividad de embotellado de bebidas han estado siempre a la vanguardia, tanto en cerveza como en refresco, y cuentan con que el índice de consumo de estos productos en México es muy elevado.
Coca Cola Femsa es subsidiaria del holding Femsa y su importancia es tal que acumula el 48 por ciento de las acciones del grupo, y también posee el 28 por ciento de acciones de subsidiaras de propiedad total de The Coca-Cola Company en el mundo.
Y si del éxito de este famoso refresco como negocio hablamos, pues enseguida, en el noveno sitio de las más valiosas empresas mexicanas, aparece Arca Continental, con valores que suman 18 mil 610 millones de dólares, fundada por Manuel Luis Barragán Escamilla (1888-1980), también de Monterrey.
La empresa se ubica hoy como el segundo embotellador de Coca Cola más grande de Latinoamérica. Atiende a 123 millones de consumidores en México, Ecuador, Perú, Argentina y el suroeste de Estados Unidos. Entre sus marcas figuran, además de Coca Cola, Fanta, Fresca, Sprite, Ciel, Topo Chico, Del Valle, Mundet, Lift, por citar algunas. La empresa continua en control de la familia.
Para cerrar este repaso anotemos a la cementera Cemex que, con 18 mil 120 millones de dólares en valores, ocupa el decimo lugar entre las empresas mexicanas más valiosas.
Fundada por Lorenzo Zambrano Gutiérrez (1888-1935) en Monterrey, para variar, es una empresa multinacional dedicada a la industria de la construcción que ofrece productos y servicio a clientes en más de 50 países en cuatro continentes.
Es el tercer vendedor más grande de cemento a nivel mundial, con una producción anual de 92 millones de toneladas. La familia Zambrano ha mantenido el control de la compañía y su crecimiento, así como una cercanía a los círculos políticos.
Tengo estas observaciones:
- Las empresas, aunque en ocasiones surgen de esfuerzos personales muy loables, se mantienen a la larga en un circulo familiar; no crecen como holdings con especialistas diversos, que sumen esfuerzos y calidad, sino que se pasan la estafeta en un cerrado grupo de intereses. Así es lógico un desgaste.
- Comúnmente crecen apoyados en la relación política y gozando de beneficios fiscales, de contratos o de recursos que se obtuvieron no por concurso o merito, sino por amistad o reparto de comisiones y beneficios. Eso tiene un costo que hay que pagar.
- No hay educación firme para desarrollo empresarial en México (como de muchos otros rubros tampoco). Las empresas van de manos de un junior a otro, y en la práctica los hijos son menos íntegros que los padres. Una generación hace la riqueza, la siguiente gasta pero no alcanza a agotarla, pero la tercera casi siempre acaba con los negocios, pues no hubo continuidad ni crecimiento.
- Giros como la minería han sido manejados por capitales extranjeros desde el siglo antepasado. Ahora tanto las mineras poderosas, como las aquí enlistadas, como las medianas y pequeñas, operan en el país en manos o con gran influencia extranjera, por lo que muchos de sus beneficios marchan fuera de México y los trabajadores locales son de los más sacrificados.
- Los símbolos de concentración en pocas manos son claros: solo en estas diez empresas hay dos casos de los mismos dueños; y si se revisan a fondo los integrantes de los consejos de administración entonces las coincidencias van a ser comunes, entre familiares, amigos y proteccionismo político, de unas a otras empresas.
No se trata de criticar que no se reparta más equitativamente la riqueza (ese, muy válido, es otro tema), pero si señalar que la eficiencia de un negocio tiene que ver con las metas y procesos sanos, ajenos a intereses sectarios.
La realidad en este México post revolucionario nos lleva a concluir que, para las empresas, ha sido más cómodo crecer con el aprovechamiento de las situaciones de los grupos de poder, que han dado concesiones para obtener beneficios y seguir sosteniendo un esquema que conviene a los que ganan, y así es hasta hoy; no importa el color del gobierno, el sistema es el mismo.
Y este es un vistazo de las principales empresas formales en México: la riqueza que acumulan y generan, sus giros y características, sus pros y sus contras; pero hay un cumulo de actividades que no podemos revisar, y son las de la economía informal, que se calculan ya en una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB).
Esta realidad resulta más complicada para revisar, pues ya no es clara la frontera entre actividades formales e informales, y menos aún con el crecimiento de negocios relacionados con actividades ilícitas, o por lo menos fuera de transparencia y control.
Lo triste es que la desigualdad y pobreza han ido creciendo, los ricos son cada vez más ricos y los pobres más en cantidad y con menores recursos, al grado de que la capa de clase media tiende a desaparecer y, peor aún, hoy mismo, millones y millones de mexicanos (por lo menos unos 30) despertaron sin saber si van a poder llevarse un bocado a la boca.
Y por esto ni la economía formal ni la informal, ni la autoridad, ni la ley, ni las empresasparecen mostrar preocupación alguna. Los intereses se concentran en ganar al máximo sin inquietudes colaterales. Dirán que tienen tranquila su conciencia.

