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México ya olvida

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH.- El dato puede resultar inimaginable para nosotros, pero lo cito como referencia de la importancia que el petróleo tenía en el mundo hace cien años (y que hoy es todavía muy fuerte): se calcula que de México se extrajeron aproximadamente mil 884 millones de barriles de petróleo entre el inicio de la explotación comercial masiva en 1901 y la expropiación petrolera de marzo de 1938.

Las primeras concesiones privadas para explotación petrolera en México fueron imperiales: las concedió el emperador Maximiliano a mediados del siglo XIX, y fueron para empresas extranjeras y por ahí con algunos socios mexicanos muy pudientes, parientes de gobernantes. Ese perfil se comporta inmutable hasta 1938 y se fortalece durante el Porfiriato.

La riqueza mexicana produjo ganancias a extranjeros y poderosos, mientras que los trabajadores sobrevivían en la miseria y en general a la nación poco le tocaba; pasó la Reforma, la dictadura de Díaz, inclusive la Revolución Mexicana, y el oro amarillo o verde (dólares) que producía el oro negro nuestro, quedó en manos de capitales estadounidenses y anglo-holandeses, principales compañías que ostentaron derechos para la explotación.

La historia es de abusos, beneficios, ventajas fiscales, explotación de recursos naturales y del trabajo de manos mexicanas. Los empleados extranjeros vivían en colonias con todos los lujos y los trabajadores en barracas sin agua, sin sanitarios, casi sin alimentación, sin atención médica, sin garantías ni prestaciones, con jornadas de trabajo muy extensas y salarios exiguos.

En este escenario salieron de México esos casi dos mil millones de barriles de petróleo de la Faja de Oro –que incluye territorios de los estados de Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz y la costa del Golfo de México– desde finales del siglo XIX y hasta más de un tercio del siglo XX.

Lázaro Cárdenas difícilmente puede ser considerado héroe; solamente un gobernante que tenía credibilidad: el último de esa especie, porque hoy en día esa cualidad del sector público nos parece tan distante, tan imposible… ya que México ha sufrido décadas de gobiernos que han defraudado a la nación. Unos más otros menos, tal vez, pero en suma el desprestigio de los gobernantes es arrollador, desde la presidencia de la republica, hasta los estados y municipios, y ni se diga de los diputados y senadores.

Ya casi han pasado 90 años desde que el Presidente Cárdenas se aventó el tiro de decretar la expropiación de las propiedades de las compañías extranjeras que venían aprovechando la riqueza del subsuelo nacional, particularmente del petróleo, con lo que puso punto final a varias décadas de concesiones y contratos establecidos muy a favor de las empresas extranjeras y que poco o nada aportaron a México.

Este episodio, sumamente importante en la historia moderna de nuestro país, luego se avientaal olvido, al igual que la figura de su principal protagonista, Lázaro Cárdenas, quien muchas veces es denostado por sus ideas conceptuadascomo comunistas, antes que revisar los esfuerzos que realizó para lograr avances y beneficios para la población, en momentos en que el país apenas se recuperaba de enfrentamientos armados internos, que cobraron millones de vidas, sin olvidar las luchas facciosas políticas.

No era sencillo realizar la expropiación petrolera, pues aunque la Constitución Mexicana ha establecido con claridad que la riqueza del subsuelo es de la nación, como lo dictaban inclusive las normas desde la herencia colonial española, en la practica los gobiernos jalaron la cobija hacia donde les convino, y el 22 de noviembre de 1884 (durante los últimos días de la presidencia de Manuel González) se expidió el Código de Minería, por el cual se asimiló que, a partir de entonces, el propietario del suelo también lo sería del subsuelo.

Luego, el 24 de diciembre de 1901, el gobierno de Porfirio Díaz expidió la Ley del Petróleo, en la que confirmóla disposición sobre la propiedad del subsuelode 1884 y estableció además privilegios para las empresas petroleras extranjeras, entre los que figuraron:

  • Exención del pago de impuestos de importación de los equipos necesarios para explotar el petróleo.
  • Los capitales invertidos quedaron libres de gravamen de toda obligación fiscal por un período de diez años.
  • Se permitió la compra de terrenos nacionales a precios de baldíos, incluyendo un derecho de paso por terrenos particulares y una protección perimetral de 3 kilómetros en torno a la ubicación de los pozos petroleros.
  • Podían hacerse exploraciones y explotaciones en terrenos nacionales pagando un 7% de las utilidades obtenidas al gobierno federal y un 3% adicional a los gobiernos de los estados.

Esta fue la situación legal que prevaleció, en materia de petróleo, desde los últimos años del siglo XIX y durante los primeros del siglo XX, hasta la promulgación de la Constitución de 1917, donde nuevamente quedó instituida la letra que protegía el subsuelo como riqueza nacional.

Pero del dicho al hecho habría que recorrer mucho trecho, ya que los despachos jurídicos internacionales de las grandes empresas extranjeras defendieron jurídicamente sus supuestos derechos y los contratos establecidos anteriormente, mientras que los gobiernos mexicanos no eran tan sólidos como para poder aplicar los postulados de la nueva Constitución.

Las compañías se habían ido adaptando para protegerse, muchos funcionarios extranjeros adoptaron la ciudadanía mexicana e invitaron a integrarse como socios a prominentes mexicanos, entre los que figuran, por ejemplo, Porfirio Díaz Ortega, hijo del presidente y el empresario y gobernador de Chihuahua Enrique Creel Cuilty.

Madero, Huerta, Carranza, Obregón y el propio Calles, presidentes, en varias ocasiones tuvieron que ceder a las presiones de las empresas y gobiernos extranjeros, ante la amenaza de paralizar la producción del petróleo mexicano.

En los años de la Primera Guerra Mundial y a la vez de la Revolución Mexicana, cuando nadie iba a cuidar las manos y operaciones de las empresas petroleras, y cuando la Faja de Oro estaba en su mejor momento, se estableció el record de exportaciones de petróleo mexicano: en 1921 se produjeron poco mas de 193 millones de barriles.

Cuando Cárdenas llegó a la presidencia en 1934 ya estaba estudiando la situación y encargó el caso a un grupo de académicos coordinados por Jesús Silva Herzog, pero en realidad no encontraban la forma de dar el paso definitivo para hacer cumplir el Articulo 27 constitucional sin que las consecuencias fueran muy costosas.

El terreno se allanó cuando se formó el sindicato único de trabajadores petroleros y este exigió alza salarial y mejora de las condiciones de los trabajadores en la firma del contrato colectivo de 1937, pero las distancias entre las peticiones y los ofrecimientos eran insalvables, de manera que el caso se fue hasta el tribunal laboral, que dictó laudo a favor de los trabajadores.

Como las empresas petroleras extranjeras se negaron a acatar las disposiciones oficiales de las autoridades laborales, pese a que eran inapelables y habían sentado jurisprudencia, el 18 de marzo de 1938 el Presidente Lázaro Cárdenas decretó la expropiación de las propiedades de las empresas extranjeras que explotaban el petróleo mexicano y se estableció un plazo de 10 años para el pago de indemnizaciones.

En su discurso de esa noche, explicó lo que venía pasando con dichas empresas y destacan los siguientes puntos:

  • Detalló que las empresas habían gozado durante muchos años de beneficios fiscales, franquicias aduanales e innumerables prerrogativas, a veces, en contra del derecho público.
  • Señaló que, en contraste, la obra social de las compañías petroleras había sido prácticamente nula, que alrededor de los sitios donde se habían establecido no había escuelas, centros sociales, campos deportivos, hospitales ni obras de aprovisionamiento o saneamiento de agua, ni siquiera plantas de energía eléctrica que podrían haber funcionado con los millones de metros cúbicos de gas que desperdiciaban en sus explotaciones.
  • Señaló que en los campamentos de las compañías el personal extranjero contaba con confort, refrigeración y protección contra insectos, mientras que para el personal nacional los trabajos eran rudos y agotadores con salarios inferiores.
  • Denunció las historias de atropellos, abusos y asesinatos derivadas de actos cometidos por agrupaciones y policía privada para salvaguardar los intereses de las compañías, así como la existencia de las facciones rebeldes (financiadas por las empresas petroleras) que se mantuvieron levantadas en armas en la Huasteca y el Istmo de Tehuantepec, entre 1917 y 1920, contra el gobierno constituido.​
  • Denunció también las acciones intervencionistas que las compañías petroleras habían realizado en contra de la política nacional cada vez que veían afectados sus negocios por la fijación de impuestos o por el retiro de las tolerancias a las que estaban acostumbradas.
  • Pidió a la nación el respaldo moral y material para poder llevar a cabo el acto de expropiación que podría representar un sacrifico económico para poder saldar el compromiso de indemnización y un eventual reajuste cambiario.
  • A la opinión internacional le dejó claro que el deseo que tenía su gobierno era comercializar el petróleo mexicano con países de tendencia democrática.

Fueron declarados expropiados los bienes muebles e inmuebles de:

Compañía Mexicana de Petróleo El Águila.

Compañía Naviera de San Cristóbal.

Compañía Naviera San Ricardo.

Huasteca Petroleum Company.

Sinclair Pierce Oil Company.

Mexican Sinclair PetroleumCorporation.

Standford y Compañía.

Penn Mex Fuel Company.

Richmond Petroleum Company de México.

California Standard Oil Company of México.

Compañía Petrolera El Agwi.

Compañía de Gas y Combustible Imperio.

ConsolidatedOil Company of México.

Compañía Mexicana de Vapores San Antonio.

SabaloTranportation Company.

Clarita S.A.

Cacalilao S.A.

Lo mas destacable de esta expropiación es el apoyo de la población a la medida de su presidente, pues se llamó a una colecta nacional y lo mismo personas con recursos, que llevaban sus joyas, como gente pobre que aportaban sus animales de granja o sus productos agrícolas, respondieron al llamado.

Más de lo que se logró recaudar –pues en realidad las demandas de las empresas eran muy elevadas–, lo que se demostró fue la credibilidad de un gobernante que estaba aplicando programas para el desarrollo e infraestructura en apoyo a la población en general, muy golpeada por las guerras recientes y porque la productividad desde la Colonia se mantenía concentrada en beneficio de los círculos poderosos, como el caso del petróleo.

Pero la reacción de los expropiados fue furibunda en el reclamo de un derecho que argumentaban tener, aunque ni las concesiones ni las propiedades estaban delimitadas con claridad, ni tampoco existía certeza de las cifras de costos, gastos y producción, que eran maquilladas para evitar cumplir compromisos.

Ahora México tenía enfrente el problema del pago de indemnizaciones, además del de mantener la producción del hidrocarburo sin los ingenieros extranjeros, en un entorno de bloqueo para exportaciones y refacciones, enarbolado por las compañías expropiadas y sus gobiernos.

En esos días se creó Pemex como empresa paraestatal, y resultó que aquellos ingenieros mexicanos a los que no se les pagaba el salario que merecían, sabían más de lo que se suponía: habían aprendido los procesos y, no sin dificultades, fueron reiniciando la producción y encontraron soluciones ante las carencias.

Pemex no ha sido una institución como se quisiera: hasta hoy en día su productividad y manejo quedan muy en entredicho, pero en su momento fue pieza clave para la recuperación no solamente de la riqueza del subsuelo, sino de la misma propiedad de la nación, que prevalecía mayoritariamente en manos extranjeras desde la llegada de los españoles a este territorio.

Finalmente lo que indujo a la solución de los pagos a las compañías fueron las necesidades de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, pues el presidente Roosevelt dijo que no podía correr el riesgo de enemistarse con el país vecino del sur y dejar la puerta abierta para que entraran por ahí las fuerzas de la Alemania Nazi, de manera que obligó a las empresas petroleras a negociar con México y así se solucionó el problema de las indemnizaciones con pagos más factibles.

Los mexicanos debemos al menos conocer los acontecimientos, pues no es el caso del petróleo el único logro destacable de Lázaro Cárdenas: podemos mencionar los avances en obras o en salud y especialmente el esfuerzo en educación, que es el último esfuerzo serio después de la Revolución… pero esas son otras historia.

Cárdenas fue un mandatario que rompió con el hilo del Maximato de Plutarco Elías Calles y del naciente Partido Nacional Revolucionario, padre del PRI. Mandó al exilio al denominado Jefe Máximo, Calles, en una clara seña de que antepondría el rol de Presidente de la República a los intereses de las facciones políticas de la época.

En fecha más reciente otro caso similar fue el de Luis Donaldo Colosio, que dio muestras claras de salirse del control en la línea de sucesión de los grupos poderosos, y por eso no podían permitirle que llegara a la presidencia… pero esta también es otra historia.

Han pasado 88 años de la expropiación petrolera y 32 desde asesinato de Colosio, ambos acontecimientos en el mes de marzo, y en México parece que la memoria es corta: de Cárdenas y sus acciones ya muy poco se habla, y la figura de Colosio se esta quedando tras una cortina de especulaciones e historias fantasiosas, sin conclusiones ni investigaciones serias. México ya olvida.