Por Luis SILVA GARCÍA
CD. JUÁREZ.– Vi la mirada de Teresa de Calcuta en 1974 cuando impartió una conferencia en El Paso, Texas; me toco saludarle y de inmediato percibí la misma entrañable mirada, santa y sabia, que desde muy niño siempre vi en la también religiosa Canisia Malzer: Ojos cansados pero mas que vivos, característica que solamente esa clase de seres humanos tienen, los que dan su vida por los demás.
Las personalidades de esa naturaleza imponen una autoridad, circundada de humildad y fraternidad, que nadie osará enfrentar; les respalda su vida y los hechos de su obra en pro de los más desprotegidos. Hacen las tareas que todos eluden, como cuidar a los leprosos en Calcuta o rescatar de la muerte por frio e inanición a los bebés en la Sierra Tarahumara.
La fecha del 8 de Marzo, ahora reconocida como Día Internacional de la Mujer, me lleva a recordar que el lugar de la mujer en la sociedad ha sido confinado allá donde no estorbe a los designios de las comunidades machistas. Desde las cavernas los hombres han impuesto su fuerza en una lucha por el poder, en la que los débiles quedan desamparados. Si la persona es menor, anciana, pobre, ignorante y además mujer, tenga la seguridad de que la justicia difícilmente tocará a su puerta.
Por eso intento un repaso de personas, hechos y dichos, que nos pueden ayudar a reflexionar y quizá hasta a tomar conciencia de que los seres humanos somos diversos y a la vez complementarios, por lo cual los enfrentamientos solamente nos llevarán a una distancia, aderezada por algún propósito de poder, que genera abuso y sometimiento. Tal como han padecido generalmente las mujeres en la historia.
Teresa de Calcuta llevó una vida de aflicción por voluntad propia, para ayudar a sus semejantes. Una de sus expresiones es tan común y real que pocos sabrán que ella la hizo famosa, pero resume con precisión su vida y obra: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.
Canisia Malzer llegó a Chihuahua después de haber vivido plenamente su vocación religiosa en Europa, inclusive recluida en un campo de concentración nazi en la Segunda Guerra Mundial; llegó a México ya era entrada en años y acarreaba padecimientos, no conocía el idioma español, pero nada impidió que fundara hospitales, orfanatorios y asilos para ayudar a los pobres y necesitados. Una mujer, verdadero ejemplo de vida.
Sor Juana Inés de la Cruz optó por el camino del convento, en plena época colonial, como la única posibilidad de desarrollo cultural para una mujer por esos días. No fue fácil el camino para un espíritu libre por antonomasia, como el de ella, en una etapa por demás oscurantista y retrógrada. Solamente imaginemos su vida como poetiza analítica y critica en una comunidad en la que la autoridad censora era nada menos que la Inquisición.
Pero el entorno no impidió que brotara en ella la obra literaria más importante de la Nueva España, que se refleja en la frase contundente: “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”, o esta otra que es una joya: “¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?”.
A finales de los años 1970s, en una colonia proletaria de la ciudad de Chihuahua, la señora Cristina, sin descuidar los deberes de madre de familia, se enroló en trabajos comunitarios para mejorar las condiciones de vida de los vecinos: Allá andaba escarbando zanjas para poner el drenaje y a veces hasta dinamita había que utilizar en el terreno pedregoso.
Con el tiempo y el desarrollo de la vocación de lideresa comunitaria de Cristina, a su esposo no le gustó la competencia de poder y llegó la separación, que dio lugar a una entrega total de esta mujer a los trabajos por los más desamparados, que en la región son los indígenas de la sierra.
El camino no le ha sido fácil y le tocó hasta perder piezas dentales por lo golpes, en la bronca marital, o tener que esconderse de los agentes policiacos cuando encabezó una toma de camiones de transporte de leche, en protesta por los monopolios y elevados precios del alimento. Un ejemplo más de mujeres que enfrentan crudamente el poder y el machismo, pero eso no impide florecer su vocación de servicio.
En 1955, en Alabama, Estados Unidos, Rosa Parks, mujer afroamericana, fue arrestada cuando se negó a ceder su asiento en un autobús a un pasajero blanco. El acontecimiento es simbólico de la lucha para poner fin de la segregación racial y el incidente la convirtió en un símbolo de la acción contra el racismo en Estados Unidos. Por su tarea por la igualdad es reconocida como fundadora del movimiento por los derechos civiles. Dejó muchas enseñanzas con su vida y su siguiente frase sirva de homenaje: “El mayor enemigo de la verdad no es la mentira, sino el silencio”.
En 2001, en los terrenos polvorientos y airosos de Cd. Juárez, Chihuahua, Luz del Carmen Flores salió, con un grupo de amigas y compañeras, y con una fe y esperanza enorme, a recorrer terrenos en busca de rastros de su hija joven, misma que desde hacia meses había desaparecido.
Ya no esperaban nada de las autoridades, quienes se escudaban en el argumento de que las mujeres de Juárez, por su forma libertina de actuar, se exponían a los peligros, o bien, cuando la presión pública aumentaba, por ahí detenían a algunos chivos expiatorios para calmar las aguas, pero justicia por las Muertas de Juárez nunca ha existido. En fin, son mujeres, dirán.
Pues fue el grupo de familiares de las víctimas, y no las autoridades, el que encontró los restos de ocho cuerpos de esta tragedia interminable de mujeres atacadas y desaparecidas, en un caso que se ha conocido con “Campo Algodonero”.
Luz del Carmen y sus compañeras son mujeres comunes que asumieron el riesgo de salir por su cuenta a realizar la tarea que los que están para ello nunca realizaron. Y créame que el riesgo no es menor, sobre todo cuando los hechos delictivos, especialmente en la zona fronteriza, siempre, siempre, están conectados con el narcotráfico, y bien sabemos que esos grupos matan al que les estorba.
Muertas de Juárez es un pasaje de terror social que se conoce a nivel mundial y que resume muchas de las injusticias que se practican y prevalecen contra las mujeres en la sociedad. La frase de la ocasión no es ya de nadie, es dominio público y por ello más contundente: “La mataron por ser mujer”.
Simone de Beauvoir fue una escritora, profesora y filósofa francesa que denunció la educación de las niñas y la sociedad patriarcal. Su obra se caracteriza por cuestionar la idea de que la feminidad es un hecho biológico, y por proponer que es una construcción social. Definió el feminismo como una manera de vivir individualmente y una manera de luchar colectivamente.
A Simone de Beauvoir se le considera figura del feminismo en el Siglo XX, una época en la que las corrientes de cambio brotaron en los caminos de la cultura universal, por lo que su lucha y pensamiento se ubica como base de los activismos posteriores. Su frase más famosa dice “Nadie nace mujer: se llega a serlo”, pero igualmente demoledora es la “El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres”.
Elvira, una señora se Cd. Delicias, Chihuahua, siempre citaba a Simone de Beauvior y había leído de sus escritos y sobre ella, por la que consideraba que era un ejemplo a seguir para la reivindicación del lugar de la mujer en la sociedad, aunque le quedaba claro que ese tema no se podía tocar con los adultos hombres; quizá por eso lo compartía con sus hijos niños por allá de los años 1960s.
Poco antes, en 1957, le tocó su tercer parto en el que casi pierde la vida y en el que el producto, su hijo, nació prematuramente en condiciones muy precarias, no obstante y de manera casi milagrosa, Elvira y su hijo sobrevivieron y fueron atendidos por varios meses en un hospital de beneficencia ya desaparecido: el Hospital Verde de Chihuahua.
Elvira, en 1955 había tenido a su primer hijo, prematuro, en su casa, en Delicias, y al siguiente año tuvo al segundo, otra vez prematuro, que falleció por deficiencias cardiacas antes de cumplir el año, por eso ante las complicaciones en 1957 la llevaron al hospital a Chihuahua.
Para 1960 otra vez tuvo embarazo y ahora de cuates, hombre y mujer, y salió adelante no sin dificultades, pues ya estaba más que ocupada en la atención de los dos niños anteriores que iban creciendo, y en general de todas la tareas de una madre de familia, siempre ineludibles para las mujeres; pero nunca dejó de lado la actividad intelectual, lectura y convivencia con sus amigas desde la infancia, quienes la reconocían como la más avanzada en defensa de los derechos de las mujeres en su comunidad.
Cito el caso de Elvira porque, al ser una mujer común, es además reflejo de una frase que por esta conmemoración del 8 de marzo he detectado por ahí y que me parece muy adecuada, y dice: “Solo una mujer puede casi morir y dar a luz al mismo tiempo”. Además cito a Elvira con conocimiento de causa, pues de trata de mi madre.
No hay que dejar de mencionar que el 8 de marzo de 1917 un grupo de amas de casa rusas provocaron revueltas para pedir el fin de la guerra y poder tener alimentos. A partir de ese año los países comenzaron a instaurar este día hasta que, en 1975, la ONU declaró oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.
El color morado es ahora el símbolo, en marzo, de la lucha por la reivindicación de la mujer en el mundo. El color recuerda un incendio en 1911 en Nueva York, donde 146 mujeres quedaron atrapadas y perdieron la vida en una fábrica de textiles, donde elaboraban telas moradas, por lo cual el humo se tiñó de ese color.
Se trata de valorar a las personas y no de confundir la reivindicación del lugar y el papel de la mujer en la comunidad con una guerra de ideologías, porque luego se transforma el color morado en un color rojo sangre que no aporta mas que pérdidas y odios.
La sociedad humana es una consorcio de complementos, de respeto entre los diversos integrantes y corrientes, antes que manifestación de envidas y enconado enfrentamiento, como ahora parece que conviene a los que mandan desde los palacios. Valoremos a las mujeres. Solamente de eso se trata.

