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Otra vez Cd. Juárez en la mira del mundo

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH.- Entre macabro, espeluznante, espantoso, terriblemente triste, perverso, increíble, y muchos más adjetivos calificativos que se puedan aplicar, lo que se revela que sucede en Ciudad Juárez, con el descubrimiento de casi 400 cadáveres en un lugar de incineración para funerarias, no es más que otra vez la triste realidad de abandono y de descuido absoluto que prevalece en esta urbe fronteriza desde hace mucho tiempo.

Nuevamente una noticia negativa de estos rumbos del Rio Bravo, esquina con Texas y Nuevo México, recorre el mundo en segundos para colocar a Juárez como el lugar donde puede pasar cualquier cosa, menos el orden y resolución.

La capacidad de asombro de los juarenses hace mucho que fue colocada en el ultimo cajón del mueble donde se guardan los olvidos, pues la comunidad ya se acostumbró a vivir cotidianamente con la aparición de cadáveres baleados o desmembrados, como con la desaparición de vecinos, conocidos o hasta parientes, sin olvidar, para nada, el riesgo inminente en que están los más desamparados, entre los que destacan mujeres y niñas especialmente.

Estamos hablando de los hechos que implican asesinatos o secuestros como algo de lo más común, desgraciadamente, y ahí es donde destaca la pérdida de la capacidad de asombro, pero aún más cotidiano (y no menos grave socialmente), es todo aquello que se observa en el entorno: desorden, descuido, abandono, destrucción, calles deterioradas, basura, proliferación de fauna, trasiego y consumo de droga.

Ese es el telón de fondo de la noticia de los cadáveres que no incineraron y en su lugar entregaron cenizas falsas a los deudos, en cantidades hasta ahora comprobadas de cientos de casos que pasaron por funerarias y hospitales, es decir, no estamos hablando de la clandestinidad; son negocios establecidos que trabajan en la cadena de las defunciones de personas y que tienen que estar sometidos a un orden y normatividad que evidentemente nadie vigiló por buen rato.

Ahí hay personas que cometieron delitos, por supuesto, pero también están por ahí las autoridades que no cumplieron su tarea.Es muy grave el delinquir, pero igualmente grave es la letra muerta de una norma que, por incumplimiento, indolencia o interés malsano,  alguien no aplica.

La gravedad de la actividad publica mal cumplida radica en que se trata de personas que fueron designadas por la sociedad para esa tarea, que reciben salario por ella, y que su trabajo mal ejecutado afecta a todos. El fraude público es delicado, aunque luego, por cotidiano, ya hasta nos cause risa y disimulo.

Cada acto tiene sus causas y consecuencias. Ahora estamos en el momento del escándalo de la noticia policiaca, pero ojalá que la ola del amarillismo no pase y pronto se olvide analizar a fondo cómo es que se llegaron a dar estos hechos, qué situaciones permitieron el fraude a tantas familias con un aspecto tan sensible como es el de la memoria de sus seres queridos. Quiénes son los responsables de cuidar estos procesos. Con que capacitación y/o carencias cuentan las personas que se dedican a estas tareas. Quiénes son los dueños y capitales, relaciones amistosas o parentescos poderosos, detrás de estos negocios fraudulentos. Y debe haber muchos más aspectos a revisar.

Los hechos indican que durante un buen tiempo este lugar de supuesta incineración de cadáveres estuvo realizando la práctica de engañar a los deudos, entregar algún material en lugar de las cenizas fúnebres, acumular los cadáveres embalsamados, por un tiempo en refrigeración y luego sin refrigeración, de manera que se fue acumulando fauna en el lugar y los vecinos en varias ocasiones denunciaron movimientos y aromas sospechosos en la zona.

Pasaron años en esta situación (se están investigando las defunciones de 5 años atrás, de 5 funerarias que trabajaban con este crematorio) y ninguna autoridad tuvo intervención en una actividad a todas luces fuera de orden; ellos estaban allá en el abandono de la Colonia Granjas Polo Gamboa, ubicada es la orilla más al sur de la ciudad. Imagínese, si el centro y las arterias importantes están en descuido, pues allá en lo lejano se puede hacen cualquier cosa y pasa mucho tiempo antes de se advierta el problema. Así pasó.

Ahora el escándalo es internacional y hasta la Organización de las Naciones Unidas (ONU) abrió un recurso para solicitar a México que investigue y aclare el caso, pues existen muchas denuncias de secuestros y desapariciones y hay el temor de que muchos cadáveres queden en el anonimato, y bien pudieran corresponder a personas reportadas como desaparecidas.

Y claro que las autoridades locales andan por ahí muy apuradas tratando de responder a las interrogantes del caso del crematorio: ya que brotó el problema algo se tiene que hacer. Pero no ignoremos que algo debió hacerse antes para evitar llegar a estos grados de escándalo. Sin embargo este patrón de conducta de descuido absoluto se repite una y otra vez por estos rumbos desérticos.

La verdad es que desde que Francisco Villarreal fue alcalde de Ciudad Juárez, no veo yo autoridad alguna que se haya preocupado realmente en hacer algo por esta frontera (y ya han transcurrido mas de 30 años). Lo mismo gobernadores, presidentes municipales, diputados, senadores y todos los esquemas que de ellos emanan, solamente se han dedicado a aprovecharse de esta gran tierra y tratar de ganar lo votos de tanta gente, pero han tenido a Juárez en el total abandono y lo han dejado a expensas de grupos y gente sin escrúpulos. Y este asunto del crematorio es solamente otro botón de muestra.

Claro que las situaciones desgraciadas que pasan en Juárez no demeritan de ninguna forma los grandes valores que sin duda existen, y el gran esfuerzo de las miles de personas que diariamente salen a trabajar con honestidad para tener el sustento y vivir dignamente, pese al entorno muchas veces desfavorable.

No, todas estas desavenencias que se han vivido y que se siguen viviendo no amilanan a los juarenses, al contrario, los hacen más grandes y admirables. Las autoridades son las que obviamente que no han estado a la altura.