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Patriotismo del Soldado Pérez

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH.- Con motivo de una fecha de patriotismo muy cercana: el 24 de febrero, Día de la Bandera Nacional, me ha dado por meditar que éstas efemérides ya poco, o nada, significan para la mayoría de las personas, quienes veneran más fácilmente las figuras ficticias creadas por la inteligencia artificial y creen con mucha más facilidad en un chisme que en un postulado científico o nacionalista.

Disfrutando mi taza de café de altura recordé que, a propósito del patriotismo, muy difícilmente podría yo reconocer que en las filas del Ejército Mexicano existieran grupos de elementos patriotas y honestos, pero debo admitir que un día, hace ya más de 30 años, alguno de ellos se dio a la tarea de ganarse mi confianza, como periodista íntegro e independiente que siempre he sido, y demostrarme que ahí, en ese sector muy desprestigiado de la milicia, también había valores.

La manera en que este miembro del ejercito (al que mencionaré como el Soldado Pérez) se acercó fue proporcionándome informaciones verídicas, exclusivas y de importancia, pues luego me explicó que a esas alturas ya no confiaba en ningún medio de comunicación ni en los periodistas; “todos están comprados por el narco”, decía. Como agente de inteligencia que era (formado en el Colegio West Point en los Estados Unidos) ya nos había investigado a todos y albergaba la esperanza de poder congeniar conmigo.

Y así fue, de manera que por espacio de unos 10 años trabajamos juntos varias informaciones muy interesantes e importantes, que tenían que ver con las acciones del ejército y las corporaciones policiacas, o a veces simplemente con el acontecer de la comunidad, como casos de malos manejos o corrupción.

Pude convencerme de que este elemento del ejercito, miembro de los equipos especializados de la Policía Judicial Militar, pertenecía a un grupo de patriotas, de todos los rangos, que contaban con una formación sólida en valores, y que luchaban por el bien del país y la sociedad, aunque tenían muy claro que eran un grupo verdaderamente minoritario en el sector.

Que yo me haya enterado, le tocó participar en la detención de varios generales involucrados en el narcotráfico, como el caso de José de Jesús Gutiérrez Rebollo, quien fuera designado Director del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas (INCD) por el Presidente Ernesto Zedillo y después acusado, detenido y condenado por su involucramiento con el Cártel de Amado Carrillo Fuentes.

La investigación y operativo para detener al General Rebollo fueron coordinados por el Soldado Pérez, que tenía un rango intermedio hacia arriba en la escala de mandos del ejército, pero que gozaba de todas la confianzas del General en jefe de este grupo de patriotas, ubicados mas que nada, como dije antes, en el sector de la Policía Judicial Militar, pero no exclusivamente ahí.

Por esos mismos años, sería 1997, se detuvo al también Gral. Alfredo Navarro Lara, quien fuera Presidente del Consejo de Guerra Ordinario de la Sedena, cargo del que fue destituido porque ya se tenían pistas de que había sido cooptado por el Cártel de los Arellano Félix.

En el curso de la investigación de este caso me tocó coincidir con el Soldado Pérez en Tijuana, donde fui testigo de como forzó al Gral. José Luis Chávez García, Delegado de la PGR en Baja California, para que adhiriera con cinta de pegar una mini grabadora en el bolsillo interno de su saco, cuando se dirigía a una reunión a la que le citó Navarro.

Así quedó grabada la conversación en la que Navarro ofreció al delegado un millón de dólares mensuales a cambio de protección para las operaciones de los Arellano Félix en la zona. El Gral. Chávez se negó a colaborar y entonces recibió amenazas de muerte para él y para su familia. Todo quedó grabado en un pequeño casete de mi mini grabadora de reportero, que el soldado me pidió prestada para el caso. Luego, según me dijo, esa cita fue definitiva para los cargos a Navarro.

El día anterior al que iban a detener a Navarro en Guadalajara yo estaba en Cd. Juárez, en mi trabajo al frente del periódico Norte, y el Soldado Pérez me habló desde Tijuana para informarme que se iba a dar la captura, y me pedía que diera la primicia a los periódicos de la capital del país.

— ¿Y por qué no les hablas tu directamente a los medios de México, por que tienes que hablar a este periódico pequeño de la frontera, en vez de abordar a los grandes del país? Le dije.

— Más vale que de una vez por todas entiendas: Yo no se si por ahí habrá algún medio que se me haya escapado, pero he investigado a todos y no puedo confiar en nadie, hay datos de que todos están vendidos al narcotráfico y del único del que me consta que no esta vendido, es tu caso, por eso te estoy hablando a ti; a ver si con tus amigos que tienes en medios nacionales  pueden aprovechar esta primicia. Fue su respuesta.

Me comuniqué con el Director General Editorial del Grupo Reforma, Lázaro Ríos, y le pasé la nota. Claro que no me creyó, hasta que al otro día en que la noticia se hizo oficial, entonces si me habló y me dijo: Mil disculpas, no creí que fuera cierto y por desconfianza en ti perdimos la oportunidad de ganar una noticia a todos. Ahora ya se que tus fuentes son en verdad muy confiables; se excusó así mi amigo Lázaro.

Regresando a la zona de Baja California, en otro momento el Soldado Pérez y su equipo de PGR recibieron la instrucción de cercar a varios integrantes de la familia de los Arellano Félix, pues habían descubierto que estaban refugiados en un rancho en la Bahía de San Felipe. Confirmaron datos y solicitaron el apoyo de Sedena, por lo que se acercaron a la zona hasta con helicópteros, pero cuando estaban mas que listos para dar el golpe, recibieron la instrucción de sus mandos centrales para abortar la operación.

— No se hasta donde está la podredumbre y me enoja que expongan a mis muchachos cuando en realidad no tienen intensión de detener a nadie y protegen a los cárteles desde el más alto nivel. Me decía el soldado.

En otro operativo le tocó detener a un elemento que había sido funcionario de justicia y jefe policiaco federal y estatal, y que estaba acusado de proteger a los cárteles. Menciono el caso por vergonzante, ya que el soldado siguió la pista y lo encontró en un motel en Culiacán, encerrado con mujeres.

Me platicó que en el momento de la detención lo encontraron desnudo, así que lo cubrieron con una cobija y se lo llevaron, para entregarlo a los mandos militares. No supo cómo ni por qué, pero unos días después esa persona ya estaba libre. Con el tiempo ese individuo fue funcionario federal en el gobierno de Fox, hasta que se denunciaron sus antecedentes y fue cesado.

Luego del asesinato de Colosio, el Soldado Pérez me pidió que le acompañara en la investigación del caso en Tijuana, y ahí pasamos muchas jornadas revisando hechos y platicando con gente, hasta integrar un expediente que fue llevado al escritorio del Presidente Zedillo.

En ese tiempo pude enterarme que el Soldado Pérez, en la PGR, prefería cubrir la seguridad de sus muchachos antes que la de él mismo; normalmente viajaba solo en una camioneta en la que traía montada un arma larga, pero siempre sin escoltas: “Tenemos muy pocos elementos, explicaba, entonces busco que los muchachos nunca vayan solos a un operativo, prefiero andar solo yo”.

En el caso Colosio llegamos a conclusiones que hoy no son novedad: Se trató de un crimen narco político, pues a quienes detentaban el poder no les convenía que Colosio, quien ya daba muestras de haber salido de sus controles, pudiera ser Presidente. Aparecían siempre tres nombres: Fernando Gutiérrez Barrios, Carlos Hank González y Francisco Labastida Ochoa, sin que fueran únicamente los interesados, pero si muestra clara de ese grupo de poder.

En aquellos años los descubrimientos si eran riesgosos, tanto así que repentinamente tuvimos que parar la investigación al descubrir que se había filtrado una llamada telefónica entre el Soldado Pérez y su mando informal, el General jefe del grupo de patriotas de la Judicial Militar.

Más adelante, en 2004, me cayó una información delicada sobre la alianza de los grupos criminales para la sucesión del gobierno en Chihuahua, por lo que busqué al soldado para compartir y analizar datos. Habían pasado más de 10 años de muy serias aventuras y la confianza entre nosotros era muy grande, pero esta tarde en un restaurante de la Ciudad de México me pareció desconfiado, no conmigo, sino con el ambiente, tanto así que mandó dos personas antes de llegar, y se sentaron por allá en los rincones del salón comedor. Él entonces despachaba en el Campo Militar Número Uno, pero nunca supe cual era en realidad su tarea.

Le reporte la información que teníamos como periodistas para ver la forma de publicarla y le entusiasmó, dijo que sería muy importante revelar cómo estaban aliando los cárteles, de manera que quedamos en realizar una segunda reunión el siguiente martes.

Es la ultima vez que supe del Soldado Pérez, nunca más me contestó una llamada y pasados 20 años temo que algo le haya sucedido, pues siempre enfrentó las conductas desviadas y afectó muchos malos intereses.

Es un patriota y espero que por ahí ande trabajando en inteligencia y haciendo lo que le toca por que este país sea mejor, aunque nuca reciba premio alguno. Si no es así y ya pasó a la historia, pues vaya este relato como un reconocimiento a la tarea de alguien que, con modestia, honestidad y entereza, ha dado la vida por los principios y valores en que fue educado. La verdad de una vida como la del Soldado Pérez es más grande que los laureles de honor.