Por Luis SILVA GARCÍA
CD. JUÁREZ.- Con el descubrimiento de las doce mil toneladas de marihuana “en greña”, es decir, aún en matas, de Caro Quintero en Búfalo, Chihuahua, más las toneladas de yerba ya empaquetada en “ladrillos”, y decenas de bodegones o tejabanes en los que trabajaban cientos de personas, en noviembre de 1984, aquello era un ir y venir diario de Chihuahua capital a Búfalo. Que a las quemas, que a las ruedas de prensa, que a las fotos, en fin.
Por suerte aquel día nos tocó viajar en un helicóptero del Ejército, lo que hacía el trayecto de unos 200 kilómetros más cómodo que por carretera. Se había programado una quema de la yerba decomisada y acomodaron la marihuana en enormes cerros, lo más verticales posible, para luego encenderles fuego.
El espectáculo era impresionante, el sol aún ascendiendo y las enormes torres de color verde profundo que, cuando te parabas junto a ellas parecían no tener fin hacia el cielo.
Un grupo de reporteros y fotógrafos no resistimos la tentación y corrimos para subir por un cerro de yerba hasta donde nos fue posible; así jugamos, como niños, rodando y aventándonos puños de marihuana por espacio de una media hora sin que nadie volteara a vernos ni nos dijera nada.
A la media mañana se encendió fuego a los gigantescos montones de marihuana y las columnas de humo espeso ascendieron cientos de metros. Recuerdo que varios periódicos del país publicaron fotos a todo lo alto de sus portadas. El fuego tardó horas en consumir la yerba y, después de comer, a media tarde, me parece que todos estábamos mareados, por decir lo menos.
Si, fue un espectáculo impar e impresionante y, de alguna manera, fuera de control.
Durante los recorridos llegamos a donde estaban acomodados cientos de “ladrillos” en varias pilas en forma de cubo, como de dos metros de alto y unos tres de ancho cada pila. Una fila de solados en posición de guardia rodeaba las pilas, sin embargo nosotros, los visitantes al lugar, podíamos recorrer sin restricción alguna entre las pilas y junto a los elementos del Ejército.
Cada uno de los llamados “ladrillos” contenían 5 kilogramos de marihuana compactada y cuidadosamente enredada por varias capas de película plástica transparente.
Un compañero reportero, de nombre Víctor, que se distingue por sus constantes bromas, fue y tomó un “ladrillo” y se acercó a uno de los solados y le dijo en voz baja: Qué compa, me dejas este en cien dólares. Varios estábamos observando e inclusive riéndonos, pero el soldado se mostró al principio sorprendido y luego le dijo al reportero: Órale, sale en cien, dame la lana y llévatelo.
A Víctor le parecía que su broma era muy obvia, y creía que igualmente lo entendía el soldado y que acaso le había seguido la corriente para pasar el rato. Así que el reportero, sin decir nada, simplemente se retiró y continuó con el recorrido al lado de los demás compañeros.
Se festejó la broma y al rato el incidente pasó al olvido. Pero a la hora que se hizo un alto a los recorridos para dar paso a la comida que se sirvió a todos en conjunto, llegó el mismo soldado con el “ladrillo” en sus manos a buscar a Víctor. Allá fue a encontrarlo donde estaba comiendo y le dijo: Oye, te lo dejo a 80 dólares. Ahora si Víctor le aclaró con seriedad que se trataba de una broma y que cómo se le podía ocurrir que fuera posible que intentara en verdad comprar un “ladrillo” de marihuana.
Continuamos con nuestro trabajo de recopilar información y aunque nos parecía insólito, en dos ocasiones más el mismo soldado volvió a buscar al reportero para hacerle mejores ofertas y rebajarle el “ladrillo”, primero a 60 y luego hasta 40 dólares, según él, con tal de que se lo llevara.
El incidente nos alegró la tarde, cuando ya estábamos cansados por la larga jornada de trabajo, porque aprovechamos para convertir a Víctor en el blanco de pesadas bromas, y a estas alturas el reportero ya mostraba nerviosismo ante la situación.
Nos parecía un síntoma de descomposición institucional que un miembro del Ejercito estuviera regateando para tratar de vender marihuana en el pleno acto oficial de quema y decomiso más grande que se ha dado en la historia de México, y tal vez del mundo entero, como fue el decomiso de Búfalo.
Al final de la jornada, ya para regresar, abordamos el helicóptero tipo Puma con cortinas laterales; ya los motores encendidos y a punto de despegar, y poco antes de cerrar las cortinas vemos que aparece nuevamente el soldado con el “ladrillo” en un mano y el brazo extendido hacia donde se ubicaba Víctor y le gritaba: 20 y ahí muere…
El helicóptero despegó y a nuestra vista el soldado se fue haciendo cada vez mas pequeño, corriendo con el ladrillo levantado en su mano y gritando, hasta que no pudimos verlo más. Y tampoco sabíamos si reír o llorar.
A mi me queda la escena como digna de una película: el soldado corriendo ofertando el “ladrillo” de droga y el entorno de más soldados y policías sin que nadie lo tomara en cuenta.
Así corre muchas veces la droga, y otros asuntos ilegales en nuestro país, sin que las autoridades ni nadie más digan nada, simplemente los hechos suceden junto a nosotros y los dejamos pasar.
Lo que no me queda claro es el género de película al que pertenece la escena: ¿Realidad, Ficción, Comedia, Terror…?
Pero así fue aquel día el regateo en Búfalo.

