Por Luis SILVA GARCÍA
DD. JUÁREZ.- Uno de los indicadores mas relevantes de la marcha de una sociedad es el estado de su sector salud; ni siquiera la economía, la carestía, la escases de productos, la falta de alimentos o el deterioro en la educación y la cultura, pegan tan directamente a la población, como la falta de medicamentos, vacunas y atención médica en general.
Y hoy en México el deterioro del sector salud es alarmante. De los buenos índices de vacunación, medicina popular y hasta técnica cirujana que eran envidia de muchos países por los logros mexicanos, ya no está quedando ni el recuerdo.
Ya en el IMSS todo lo quieren curar recetando aspirinas e ibuprofeno y ni se le ocurra a usted padecer algo que requiera cirugía, porque va a entrar a una lista de espera más larga y tenebrosa que la de la misma funeraria.
— Pues ahora no hay vitaminas de ninguna. Explicó la doctora en la consulta, con su marcada amabilidad y su sonrisa que intenta, inútilmente, esconder tras el cubre bocas.
Y mientras redactaba la receta de los medicamentos restantes se le escapó un dato más impresionante:
— Fíjese que no tenemos ni ácido fólico.
— Que no es ese un medicamento necesarísimo para las pacientes de embarazo. Completé yo con asombro.
— Pues si, y los embarazos son considerados de altísima prioridad para su atención aquí en el IMSS, pero no hay; lo bueno es que no ha trascendido la noticia y no hay tantos reclamos, yo creo que hasta los administrativos andan poniendo de su bolsa para tener medicamento y evitar el escándalo. Concluyó, no sin ingenuidad, la doctora su alocución.
La misma doctora, quien muestra con su conducta la buena fe y la vocación que le tiene atendiendo en el consultorio de al clínica del IMSS, y por lo cual no se ha ido a prestar atención en consultorio particular, ha sido víctima de las deficiencias, pues sufrió una cirugía mal realizada en una fractura que padeció en un pie.
El dolor permanente le llevó a recurrir a un cirujano privado y tuvo que pagar la operación con los ahorros que guardaba para la educación de su hija.
Le comenté que conozco a un empleado administrativo del IMSS que tuvo que pedir una licencia para irse a trabajar a los Estados Unidos y así solventar la cirugía que requiere su papá, un señor de avanzada edad que sufrió fractura de la cadera en una caída.
A esa persona le dije, en su momento, que por qué no lo atendían para esa operación en el IMSS, y me explicó que el sanatorio correspondiente tiene un alto riesgo de contagio de otras enfermedades, y que, por la edad y condición, no puede arriesgar a su papá.
Me quedé meditando cómo, si ni los mismos empleados del IMSS, y que son de altos niveles y tienen conocidos e influencias, confían en la institución para ellos y para sus parientes, pues ¿qué podemos esperar los derechohabientes comunes y corrientes? Ya nada podemos esperar, esa es la contundente realidad.
Algunos vamos a la consulta mensual a que nos surtan las medicinas que los médicos particulares nos recetan, y esa es una gran ventaja, pero la mayoría de las personas no tienen esta opción y se atienden con lo que hay en el sector público, aunque este sea cada día más deficiente.
La caída de niveles de atención en el sector salud acarrea muchos padecimientos y se lleva muchas vidas. Así estamos hoy en México, en todo el país.
La señora, batallando para caminar y apoyada en su bastón, se encamino hacia la puerta del médico y le dijo a la asistente del consultorio 14: ¿Ya puedo pasar?
— No, no puede pasar porque no está funcionado el sistema. Contestó la empleada del IMSS, atrincherada en su escritorio, desde donde ataca a los derechohabientes con ese despotismo e impunidad, característicos de la armadura que solamente otorga un sindicato del sector público mexicano.
Yo comenté con ironía: Pero si el sistema del IMSS no funciona prácticamente desde que lo fundó Manuel Ávila Camacho en 1943; claro, hay que admitir que estos últimos años esta todavía mucho más jodido. Ni hablar.
Por supuesto que ha habido importantes logros en la medicina pública en México, y más aún loable es la conducta de médicos, funcionarios, empleados administrativos y hasta vigilantes que, me consta, trabajan con esfuerzo por el bien común. Si los hay; y batallan con las condiciones adversas, y se quejan y critican con justa razón, pero siguen haciendo su labor para atender a la gente, Mis respetos para ellos.
Precisamente ellos, por estar ahí, saben que el esquema se viene deteriorando más aceleradamente en los últimos ocho años.
Le dije a la doctora en la consulta: Ya platicamos mucho chisme y ni siquiera me ha revisado.
Soltó una franca carcajada y apuró la atención de rutina.
–No me dedico a la medicina privada porque mi vocación está aquí en este consultorio público, atendiendo a toda esta gente que lo necesita, realizando gestiones para que les hagan radiografías, o apurando turnos para cirugías; si nos vamos de aquí ¿quién los va a atender? Dijo la doctora.
Y añadió: Es como la parábola del pescador al que le ofrecieron que en vez de pescar se dedicara a trabajar en la fabrica de procesamiento de peces; pues si, tal vez iba a ganar un poco más, pero no estaría haciendo lo que era su vocación y su gusto. Debemos ser felices con lo que tenemos y somos.Todavía alcanzó a apuntar en lo que me entregaba la receta de las medicinas que, por fortuna, aún hay.
Al salir de la clínica me tope al jefe de vigilantes, ese señor de edad avanzada que no falla nunca a su trabajo, siempre optimista y amable; aunque tenga uno que andar regalándole botas y chamarras, porque la empresa privada que tiene el contrato con el IMSS a veces hasta sus sueldos les atrasa. Ya ni que decir de uniformes para su tarea.

