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Ya ni para qué: mediocridad

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Por Luis SILVA GARCÍA

CD. JUÁREZ CHIH.- Ya ni para que se esfuerce por destacar por las buenas en su actividad, ya ni para que ponga por delante los valores que le han inculcado toda la vida: que si el trabajo comunitario; que si poner por delante la ética y la justicia; hacer el bien sin mirar a quien; que coma primero mi hermano aunque yo me aguante el hambre; logra tus propósitos sin afectar a los demás.

Hay innumerables etcéteras; todos los sabemos, porque si distinguimos el bien del mal desde que tenemos conciencia; pero parece que esos principios ya no tienen valor hoy en día: para destacar ya no tienes que ser el mejor en tu ramo, ya los verdaderos héroes no existen (o no se le reconoce merito), ahora basta con que seas un patán, ignorante, abusón, solo que hagas mucho ruido aunque no se entienda, y con eso vas a destacar, tal vez hasta llegues a ser el presidente de la nación, porque ahora impera la mediocridad. Ya le estamos dando en la torre a la evolución.

Ante la creciente lobreguez de mediocridad que invade a nuestra sociedad mundial, las virtudes, habilidades y cualidades que los seres humanos poseen desde que son inteligentes ya no son tomadas en cuenta, ya les dimos tache: En la actualidad hay que ser mediocre para que te tomen en cuenta, pues si destacas tal vez metes en predicamentos a los jefes y poderosos, y eso ya sería pecado.

Y ni crea que el fenómeno no ha sido prevenido: la acción de ascender a un trabajador eficiente y encargarle algo para lo que no esta adecuadamente preparado, se conoce como “El Principio de Peter”, y es así porque desde hace más de 50 años el experto canadiense Laurence J. Peter lanzó la siguiente premisa: “con el tiempo, todo puesto acaba siendo desempeñado por alguien incompetente para sus obligaciones”. Y ahí vamos en la corriente descendente.

Alain Deneault, filósofo franco canadiense, quien es célebre y fue perseguido por denunciar pillaje, corrupción y criminalidad, y cuya obra más notable que se titula “Mediocracia, cuando los mediocres llegan al poder”, nos recuerda que no hay ámbito libre de mediocridad: académico, político, jurídico, económico, mediático o cultural. Cualquiera de ellos tiene a un mediocre por líder.

Ahora lo que rifa es seguir la corriente, no hay que enfrentarse a lo establecido, no hay que hacer ruido contra el poder, porque eso es subversión, manténganse en paz y nade de muertito en la mediocridad, evite críticas y nunca plantee soluciones arriesgadas, mucho menos originales. Porque ya no importa “la relevancia espiritual de las propuestas”, nos señala Deneault.

Y la mediocridad abraca por igual a la cultura, la música, los espectáculos, el deporte, los eventos masivos, por eso es lugar común calificar que lo que se presenta es “más de lo mismo”, no hay novedad, no hay propuesta, los “cantantes” que acarrean masas a sus presentaciones son lo que solo berrean peladeces incomprensibles, al son de tambores y bajos aturdidores que evocan épocas cavernícolas, sin respeto ni mucho menos poesía en sus contenidos.

Para destacar en ámbitos como el deportivo muchas veces basta con que seas pariente o amigo de los dirigentes o entrenadores, no importa si eres el que trae más facultades o pones mayor esfuerzo, te aseguro que el que va a abrir el partido como pitcher en la final infantil del beisbol, o el centro delantero en el campeonato de futbol, va a ser el hijo del entrenador. Contra ese fenómeno de mediocridad nadie compite. Y así se van desanimando, diluyendo y perdiendo en el anonimato quienes pudieran ser las futuras estrellas. Por eso nos va como nos va en las competencias internacionales.

El sistema busca la manera de frustrar al destacado, al innovador, al suspicaz, ya no tiene lugar la chispa de genialidad porque estamos en el “imperio de la mediocridad”, como lo define en brillante artículo la autora Esther Peñas, del sitio español Ethics.

En este contexto, si tenemos la intención de llegar a ser alguien, lo que toca hacer es no destacar en nada, y así lo apuntaba hace ya casi cien años, en sus novelas, el escritor William Somerset Maugham: “solo una persona mediocre está siempre en su mejor momento”. No actúa y, por tanto, no se equivoca. No contradice y, por tanto, no se enfrenta a nada ni a nadie. No enjuicia y, por tanto, obedece. Ese es el guion que hay que seguir al pie de la letra.

Ahora entiendo con claridad un pasaje que me sucedió al llegar a trabajar al gobierno federal en la Ciudad de México y que al principio me pareció una broma: Me dijo, de buena fe, un compañero que ya tenia años en la burocracia “si quieres permanecer en este trabajo por el resto de tu vida y aquí jubilarte, solamente no digas nada, no cuestiones nada, trata de participar en el menor número de juntas posibles, y en las que no puedas eludir, no hables para nada, así podrás pasar en este trabajo los años que desees”; tenía toda la razón y era su “mejor consejo” para navegar en el caldo de la mediocridad.

Y ya que andamos rozando lo linderos de la política, pensemos si alguna vez no hemos tenido la añeja inquietud de que los mediocres gobernarán el mundo. Pues es ya clara la respuesta: Trump, Bolsonaro, Kim Jong-un, Berlusconi, Peña Nieto, López Obrador… la lista puede tornarse interminable.

En este tema, el mismo Deneault, en la obra arriba citada, llega a una conclusión que la autora española Peñas califica como “terrorífica”: según el momento, cada cual acata las normas imperantes, sin cuestionarlas, con el único propósito de mantener su posición, o bien las sortea de manera taimada sin que trascienda que no es capaz de respetarlas. Solo estas dos actitudes se enfilan hacia la esfera de poder. Es decir, si quieres asumir poder en la mediocridad, lo mejor es que sigas las normas sin cuestionar, no muestres inquietud alguna y, como dijimos al principio, quizá puedes llegar a presidente, como ya llegaron otros claramente incompetentes.

Para completar la reflexión, le pregunte a la Inteligencia Artificial sobre el tema y les comparo la respuesta.

“La mediocridad en gobernantes es un tema complejo y multifacético. A continuación, te presento algunas posibles razones que podrían contribuir a este fenómeno:

  1. Sistema político: En muchos países, el sistema político está diseñado para favorecer a los políticos que tienen más recursos, conexiones y experiencia en la política, en lugar de aquellos que tienen las mejores ideas o habilidades para gobernar.
  2. Corrupción y nepotismo: La corrupción y el nepotismo pueden permitir que personas incompetentes o corruptas lleguen a puestos de poder.
  3. Falta de transparencia y rendición de cuentas: La falta de transparencia y rendición de cuentas en la política puede permitir que los gobernantes actúen con impunidad y sin ser responsabilizados por sus acciones.
  4. Influencia de los medios de comunicación: Los medios de comunicación pueden influir en la opinión pública y crear una imagen falsa de los gobernantes, lo que puede llevar a la elección de personas que no son adecuadas para el cargo.
  5. Desinterés y desconfianza ciudadana: La desconfianza y el desinterés de los ciudadanos en la política pueden llevar a una baja participación en las elecciones y a la elección de gobernantes que no representan los intereses de la mayoría.
  6. Falta de formación y capacitación: La falta de formación y capacitación en liderazgo y gobernanza puede llevar a que los gobernantes no tengan las habilidades y conocimientos necesarios para tomar decisiones informadas.
  7. Presión de los grupos de interés: La presión de los grupos de interés, como los lobbies y los grupos económicos, puede influir en las decisiones de los gobernantes y llevar a la adopción de políticas que no benefician al conjunto de la sociedad.
  8. Cultura política: La cultura política de un país puede influir en la forma en que se eligen y se comportan los gobernantes. Por ejemplo, en algunos países, la política se considera un juego de poder y no un servicio público.

Es importante destacar que estas razones no son exclusivas y pueden variar dependiendo del contexto y la cultura política de cada país.”

No tiene desperdicio alguno, así se los dejo.